Metódico hasta el extremo, Sinner acostumbra a controlar de manera exhaustiva todos los elementos que están a su alcance: preparación, mente, nutrición, descansos, sueño y, por supuesto, el apartado físico. “Lo que más me impresiona de Jannik es su profesionalidad”, suele destacar su técnico, el australiano Darren Cahill, quien a la hora de diseñar esta temporada consensuó con su jugador la idea de completar la pretemporada en Dubái. “Allí hace mucho calor. El clima no es el mismo, pero es muy similar al de Melbourne”, razonaba el número uno, convencido de que esa adaptación le ayudaría ante las circunstancias extremas que suele proponer a comienzos de año el Open de Australia, y luego otros torneos de la gira norteamericana de marzo (California y Florida) y posteriormente la de agosto (Canadá, Cincinnati y US Open).
El italiano dice que se quedó “sin energía” y relativiza el impacto del sol, aunque en dos años ha sufrido varios apagones físicos: Australia, Cincinnati, Shanghái, Roma…
Metódico hasta el extremo, Sinner acostumbra a controlar de manera exhaustiva todos los elementos que están a su alcance: preparación, mente, nutrición, descansos, sueño y, por supuesto, el apartado físico. “Lo que más me impresiona de Jannik es su profesionalidad”, suele destacar su técnico, el australiano Darren Cahill, quien a la hora de diseñar esta temporada consensuó con su jugador la idea de completar la pretemporada en Dubái. “Allí hace mucho calor. El clima no es el mismo, pero es muy similar al de Melbourne”, razonaba el número uno, convencido de que esa adaptación le ayudaría ante las circunstancias extremas que suele proponer a comienzos de año el Open de Australia, y luego otros torneos de la gira norteamericana de marzo (California y Florida) y luego la de agosto (Canadá, Cincinnati y US Open).
Sin embargo, no se libró de las pájaras en enero ni tampoco el curso pasado, cuando las acusó en varios escenarios: también Australia, Cincinnati y Shanghái. El físico le avisó de nuevo este año en Roma y le traiciona otra vez en París, donde la historia registra este juves la segunda eliminación de un número uno en la segunda ronda desde hace 20 años; la primera corresponde a Rafael Nadal (Australia 2023). Se explica Sinner ante la multitud de reporteros que todavía procesan repentino giro de timón. “No me sentía bien, pero puede pasar. Empecé a sentirme mareado y con muy poca energía. Esta mañana no me encontraba muy bien al despertarme, así que he tratado de acortar los puntos. He empezado muy bien, pero luego me quedé sin fuerzas y ahí se acabó. Todo se fue al traste”, introduce.
El de San Cándido, de 24 años, cuenta que no ha dormido bien y que en los grandes torneos suele haber “un par de días en los que no te encuentras perfecto”. Pese al contexto, no considera que el calor —unos 33° durante el duelo con el argentino Juan Manuel Cerúndolo— haya sido el origen principal de su malestar, pero los antecedentes inciden en que él y las altas temperaturas no terminan de congeniar del todo bien. “Se juntan muchas cosas, no solo una”. ¿Tal vez un exceso de partidos durante estos dos meses? ¿Debería Sinner haber renunciado a jugar alguno de los torneos preparatorios? “Nunca se sabe. Si no compito en Madrid o Roma, quizá hubiera venido aquí y habría sucedido lo mismo. Mirar hacia atrás es duro. Gané tres torneos —Montecarlo, la Caja Mágica y el Foro Itálico; 17 partidos de 17 en la gira— y este era mi gran objetivo, así que esto no era lo que buscaba”, dice.
Efectivamente, Sinner había expresado sin disimulos que había marcado Roland Garros en rojo. De la misma forma que a Carlos Alcaraz le interesaba coronarse en Australia para completar allí el Grand Slam —ganar los cuatro majors; en el caso del murciano, como el más joven de todos los tiempos—, él y su equipo habían fijado el grande francés como el gran aliciente de una temporada que le ha reportado varias alegrías. De entrada, ha recuperado el número uno que defendía el español y, además, se convirtió en el primer tenista que logró el doblete Indian Wells-Miami desde Roger Federer (2017). Ahora, sin embargo, llega el sinsabor. Un desfallecimiento que rompe todos los pronósticos y convierte el desenlace del torneo en un enigma.

“Jugué mucho y no tuve mucho tiempo para recuperarme”, admite, intentando a la vez relativizar el impacto del sol: “Hacía calor, pero no un calor insoportable. Era un día bastante bueno para jugar y no creo que sea cosa del clima, sino de mí. No es que estuviera muriéndome de calor. Lo de Melbourne o Shanghái fue diferente”. Y agrega: “No recuerdo la última vez que me sentí tan débil. He intentado mantenerme ahí con todo, pero una vez que he sentido el bajón, me he quedado sin energía y no he podido recuperarla. No veía salida, algo que normalmente no me pasa”.
Antes de aterrizar en Madrid, el 20 de abril, el italiano se debatía entre descartar o no la cita española, aunque finalmente optó por jugar y luego también pisó el acelerador en Roma. La sucesión de victorias le invitaba a pensar que merecía la pena hacerlo, puesto que, hasta ahora, únicamente Nadal había sido capaz de ascender con éxito la escalinata de la gira de tierra batida: sin respiro, de un lugar a otro, y con la variabilidad de las condiciones. Es decir, un reto más que exigente. Sin embargo, la situación cambió cuando Alcaraz —lesionado de la muñeca desde el Godó— desapareció súbitamente del plano.

Ahora, el episodio de este jueves lo cambia todo. Sinner ha ido comiéndose casi toda la tarta, pero se queda sin la guinda y se interrumpe la secuencia: entre ambos se habían hecho con todos los majors desde el Open de Australia de 2024. Nadie suma más triunfos que él este año (38) ni tampoco en arcilla (19), pero se va disgustado. El resultado también afecta al ranking, ya que pierde 1.250 puntos y la renta con respecto a Alcaraz se reduce; aun así, es generosa (3.540).
“Siempre intento ver el lado positivo. Si analizas bien la gira, sé que jugué muy, muy bien. Y llegué aquí sintiéndome cómodo, golpeando bien la pelota y moviéndome bien. Hoy simplemente no ha podido ser. Esto puede suceder, nadie es un robot. Solo necesito tiempo para procesar lo que ha salido mal y también lo positivo. Todavía hay mucho por jugar este año”, se despide, mientras el afortunado del día, mérito para él porque manejar situaciones inesperadas de ese calibre nunca es fácil, celebra el pase. “A mitad del tercer set he pensado: ‘algo raro le pasa…’. Pero siendo realistas, hoy he estado a un solo juego de irme a casa. No diría que le he ganado, sino que he cumplido. Que lo he hecho bien”, zanja Cerúndolo, rival el sábado de Martín Landaluce.
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