13 ha sido la cifra maldita de un incendio que se ha ganado nombre propio: Los Gallardos, en Almería, una batalla de fuego asolando los cerros, una trampa mortal para quienes soñaron con escapar de la tragedia que llegó del suroeste, primero como una inquietante columna de humo, después con un viento en llamas desenfrenado. 13 personas han dejado de luto el pueblo de Bédar, una profesora, jubilados, un fotógrafo, un geólogo, una enamorada del paisaje que se volvió infierno… Las víctimas, todas menos una, eran extranjeras. Localizar a sus familias para cotejar el ADN no fue tarea fácil. Ahora ya hay nombres para el recuerdo.
Una profesora francesa que llevaba en España pocos días, una estadounidense enamorada de la zona, un geólogo onubense… Retratos de las personas que murieron en el incendio de Almería
13 ha sido la cifra maldita de un incendio que se ha ganado nombre propio: Los Gallardos, en Almería, una batalla de fuego asolando los cerros, una trampa mortal para quienes soñaron con escapar de la tragedia que llegó del suroeste, primero como una inquietante columna de humo, después con un viento en llamas desenfrenado. 13 personas han dejado de luto el pueblo de Bédar, una profesora, jubilados, un fotógrafo, un geólogo, una enamorada del paisaje que se volvió infierno… Las víctimas, todas menos una, eran extranjeras. Localizar a sus familias para cotejar el ADN no fue tarea fácil. Ahora ya hay nombres para el recuerdo.
Ana Sims (73 años, Nebraska) y Pedro Rodríguez (72 años, Huelva). “Soy una chica de Nebraska que vino a estudiar a España en el año 1980, se enamoró de un español y se quedó”. Así se presentaba Ana Sims en un libro de recetas de cocina en el que colaboró en 2018. Con aquel español, Pedro Rodríguez, también fallecido en el incendio, vivió por varias zonas de España hasta que llegaron a Mojácar, en 1987. Por aquel entonces, su hija en común, Lillian, tenía un año. Pedro andaba en un proyecto para una explotación minera en Carboneras, en la costa almeriense. “Sí. ¡Allí había y hay oro!”, se sorprendía entonces Ana.
Pedro Rodríguez era un geólogo nacido en Huelva. Residía en una vivienda situada en la zona de Las Yeseras, en el paraje del Curato y era un exdirectivo del proyecto Mina Muga, impulsado en 2015 por la empresa Geoalcali, filial de la minera australiana Highfield Resources, para extraer distintos minerales en una explotación ubicada entre los términos municipales de Undués de Lerda (Aragón) y Sangüesa (Navarra), a 50 kilómetros de Pamplona. La pasada primavera compareció ante la comisión de investigación del Parlamento navarro sobre adjudicaciones públicas del Gobierno de Navarra. Pensaban residir solo un tiempo en la zona y acabaron quedándose toda la vida. Ana Sims trabajó como profesora de inglés en una pequeña academia llamada Imago Mundi, que abrió junto a una amiga en los años 90. También ejerció de manager de un grupo de música antigua, Mudéjar, y como traductora e intérprete. Uno de los empleos que más le divirtió, contaba, fue acompañar a la escritora inglesa Fiona Dunlop para elaborar dos libros de recetas. “Mi trabajo era el de probar los platos deliciosos, ayudar a seleccionar los mejores y, luego, traducir al inglés las recetas de los chefs”, explicaba en el texto. Sims disponía ahora de más tiempo para disfrutar del entorno de Bédar. “Paseamos todos los días y me dedico a sacar fotos del bello paisaje y el maravilloso Mediterráneo”, subrayaba antes de exponer los pasos para elaborar un brownie americano, que sus amigos siempre le pedían.
Trees Cocquet (66 años) y Daniel van Ghelue (75 años, Bélgica). Procedentes de la provincia de Flandes Oriental, ambos llegaron a Bédar hace cinco años para disfrutar de su jubilación. Les gustaba organizar barbacoas en su casa e invitar a amigos. Tenían moto y solían hacer rutas juntos por las serpenteantes carreteras de montaña en los alrededores del pueblo. Una amiga los describe como dos personas muy alegres. Sus hijos, en un comunicado, aseguraban que Bédar significaba mucho para ellos. “Fue allí donde fueron más felices. Disfrutaron la paz, la belleza del entorno y la calidez de las personas a su alrededor”, escribían en un mensaje donde insistían en que “fue un lugar donde encontraron paz, felicidad y un verdadero sentido de pertenencia”. Los familiares agradecieron, además, el apoyo que brindaron los residentes a sus vecinos desde su llegada al pueblo. “Su cuidado y compasión significaron mucho para ellos y siempre permanecerán como un recuerdo querido para nosotros”, concluían.
Stanislas Verdonckt (63 años, Bélgica). Era un gran aficionado a la fotografía. Publicaba su trabajo en una web personal y en sus redes sociales. Su mirada se centraba en las personas y, sobre todo, en la naturaleza. En su colección hay imágenes de elefantes y leopardos en el Serengueti (Tanzania), de la nieve en los Dolomitas (Italia) o del desierto del Valle de la Muerte (California), además de localizaciones en Buenos Aires, Moscú, Wuhan o Nueva York. También fotografías de los paisajes de la Sierra Cabrera, que rodea su casa en El Curato, donde perdió la vida entre llamas. Su hijo, Thomas-Wolf Verdonckt, virólogo belga, relató que había hablado con él poco antes de las nueve de la noche del jueves, el día que empezó el fuego. Y denunció que “las personas que murieron no desobedecieron ninguna orden, porque no se dio ninguna”. “No se les proporcionó ninguna información”, aseguró.
Stéphanie Navarro (50 años, Francia). Era profesora de matemáticas en el centro educativo Marie-Rivier, en Sorgues, a un paso de Aviñón, en el sur de Francia. Apenas llevaba dos días en Bédar, donde había viajado junto a su pareja, Jérôme Navarro (55 años), para pasar las vacaciones. Solían hacerlo cada año para visitar a los familiares de él, cuyos abuelos son originarios de Los Gallardos. Una persona muy cercana al matrimonio cuenta que les gustaba tanto la zona que hace un año compraron una casa en el pueblo. “Estaban ilusionados”, asegura. Stéphanie Navarro era como una hija para este familiar. “Era muy buena mujer. Nosotros la queríamos muchísimo. Lo estamos pasando mal, pero qué se va a hacer. Nadie quiere que pase, pero ha pasado. La quería y la quiero mucho”.
Jérôme Navarro consiguió escapar de las llamas y fue dado de alta poco después de ser hospitalizado. Ella falleció mientras intentaba huir. “Le dije a mi mujer: ‘Sal rápido, déjalo todo, sal rápido’. Y en el tiempo de decir eso, me vi rodeado por una bola de fuego. Solo pude salir corriendo. Y ahí perdí el contacto”, contó su marido al canal de televisión francés TF1. “Tenía verdadera pasión por enseñar”, relataba la madre de una de sus alumnas en redes sociales.
Pete Gillam (75 años) y Fran Gillam (72 años, Reino Unido). Fran Gillam era aficionada a la pintura, aunque, sobre todo, se la conocía por su solidaridad. Con la ayuda de su marido, Pete, organizaba concursos de preguntas en distintos restaurantes del pueblo para recaudar fondos para causas benéficas. Donaba el dinero que reunía al colegio del pueblo, casi siempre; otras veces, a la banda de música. Lo recaudado en los dos últimos concursos se lo dio a la iglesia de Bédar. El Ayuntamiento del municipio reconoció esta labor al matrimonio con un premio el pasado 28 de febrero, día de Andalucía. El alcalde, Ángel Collado, le escribió una carta a la mujer dándole las gracias por todas sus contribuciones.Ana, la encargada del restaurante Miramar, uno de los tres en los que organizaba los eventos, asegura que Gillam impulsaba sus iniciativas por motivos solidarios, pero también para “animar a los vecinos”, lo que la convirtió en un nexo de unión para la comunidad local. “Tenían todo reservado para el siguiente concurso en septiembre”, recuerda. “Para nosotros no son extranjeros, son nuestros vecinos”, añade. La hija de Pete y Fran recibió un mensaje de sus padres el jueves a las 19.53. Le contaban que estaban siendo evacuados por un incendio. Les respondió minutos después y ya no tuvo noticias de sus familiares. Durante los días siguientes publicó varios mensajes en redes sociales pidiendo información sobre su paradero, hasta que el lunes 13 confirmó que ambos habían fallecido. “Tenemos el corazón roto”, escribió. “Hemos recibido la confirmación de la Policía de que mamá y papá no sobrevivieron al incendio. Todavía estamos intentando asimilar esta devastadora noticia y pedimos privacidad y tiempo mientras procesamos todo. Han significado para nosotros más de lo que jamás podremos expresar”, decía en el comunicado.
Annette Kilgore (69 años, Reino Unido). Annette Kilgore vivía en Bédar con su pareja, Malcolm Timbrell, de 70 años, que sobrevivió al incendio. “Era una persona muy alegre y extrovertida”, la describió Timbrell en un reportaje publicado por la BBC. De acuerdo con la cadena inglesa, ambos habían perdido a sus parejas anteriores por enfermedades terminales y —tras 17 años juntos— su pasión por viajar los llevó a mudarse a Bédar. “Hemos tenido una vida maravillosa juntos y ahora se acabó”, lamentó el hombre. Cuando vieron las llamas cercando su vivienda trataron de escapar en coche junto a sus vecinos. Timbrell se separó del grupo para volver a casa a rescatar a sus gatos Charlie y Lilly. “Mi esposa y otros siete amigos y vecinos, a pesar de mis gritos para que no lo hicieran, decidieron que la única manera segura era salir caminando frente al cortafuegos”, declaró al medio inglés. “Después supe que ese muro cortafuegos se movía a más de 20 kilómetros por hora. No tenían ninguna posibilidad”, añadió. Refugiado en los coches abandonados, Timbrell logró sobrevivir. “Los dos últimos coches, aunque muy, muy chamuscados y con la pintura ampollada y quemada, resistieron”, explicaba en la BBC. “Sobreviví dentro del último con un gato”.
Ian Jarvis (65 años, Reino Unido). Nacido en Headcorn, en el condado de Kent, residía en Bédar junto a su mujer, Dawn Jarvis, con la que se casó en 1996. Era un gran aficionado al motor, sobre todo a las motos, tanto a las clásicas como a las de competición.
Christine Chard (73 años) y Michael Chard (81 años, Reino Unido). La pareja procedía del sureste de Inglaterra y “era muy conocida en Bédar”, rememora Katherine, inglesa de 49 años, vecina y amiga de Christine, a la que había conocido en clases de yoga cuando llegó, hace 14 años. Llevaba más tiempo allí que ella. Dice que no eran amigas íntimas, por la diferencia de edad, pero la define como una persona “encantadora”. “Era una mujer hermosa, realmente hermosa. Tenía un cabello rojo increíble, con ondas y largo; simplemente hermoso. Y un gran sentido del humor, muy divertida. Encantadora, cálida, un ser humano maravilloso”, detalla. A Michael Chard lo define como “un hombre de pocas palabras”, con un sentido del humor “muy sarcástico”. Uno de sus recuerdos más memorables con ambos es un viaje por España que organizó el Ayuntamiento de Bédar para los vecinos. En el día a día le gustaba coincidir con ella: “Siempre que estaba en el bar me saludaba y nos poníamos al día. Siempre que los veía era agradable”. Katherine asegura que todos los vecinos “dirían lo mismo sobre ellos”. Ambos se casaron en el pueblo. El alcalde, Ángel Collado, ofició la boda. Era un matrimonio querido por la comunidad. “Christine siempre se las arreglaba para sonreír”.
Audrey Ethel Curry (93 años, Reino Unido). Fue la última persona en fallecer como víctima del incendio de Los Gallardos. Aguantó cuanto pudo en el Hospital Universitario de Torrecárdenas, en Almería, donde permanecía ingresada desde el viernes 10 de julio tras resultar herida por el fuego y donde falleció el domingo 12, según fuentes del servicio de emergencia. Tenía 93 años.
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