
Hasta hace nada, todo era un regreso a la Roma imperial, quizá al calor de líderes populistas a lo Trump; ahora, la película de Christopher Nolan, La Odisea, ha puesto de moda a Homero, y su impacto resulta fácil de explicar. La fuerza del mito, se dice. Y no se va desencaminado, porque el mito, como afirmaba H. Blumenberg, es una técnica humana de orientación ante un mundo que nos desborda, que nunca podemos dominar por completo, y necesitamos hacerlo soportable e inteligible mediante algún tipo de narración. Propongo aplicar esta idea a nuestra política. Confío en que se me permita el juego, tomar una distancia irónica de lo que tanto nos agobia precisamente el día en el que podemos llegar a ser campeones del mundo.
No cabe ninguna duda es que esta legislatura está siendo una odisea, una odisea de supervivencia en el poder
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No cabe ninguna duda es que esta legislatura está siendo una odisea, una odisea de supervivencia en el poder


Hasta hace nada, todo era un regreso a la Roma imperial, quizá al calor de líderes populistas a lo Trump; ahora, la película de Christopher Nolan, La Odisea, ha puesto de moda a Homero, y su impacto resulta fácil de explicar. La fuerza del mito, se dice. Y no se va desencaminado, porque el mito, como afirmaba H. Blumenberg, es una técnica humana de orientación ante un mundo que nos desborda, que nunca podemos dominar por completo, y necesitamos hacerlo soportable e inteligible mediante algún tipo de narración. Propongo aplicar esta idea a nuestra política. Confío en que se me permita el juego, tomar una distancia irónica de lo que tanto nos agobia precisamente el día en el que podemos llegar a ser campeones del mundo.
Pongamos que Ulises es Sánchez, y que Ítaca —su telos— consiste en alcanzar el final de la legislatura. Uno de los epítetos con que Homero define a Odiseo es el de politropos: el versátil, el cambiante, pero también “el de muchos recursos”, resiliente y hábil en el control de los tiempos. El apelativo le encaja como un guante en nuestro presidente del Gobierno, a quien nadie puede negar el atributo de la astucia. Emprende su viaje después de una guerra —pongamos, mejor, “conflicto”—, que deseamos dejar atrás. La Troya de nuestro Ulises sería, pues, el procés, origen de muchos de sus problemas y el mayor desafío político al que se ha enfrentado nuestra democracia. La diosa que lo protege, Atenea, es la diosa de la visión estratégica —también de la sabiduría, aunque aquí importa menos ese rasgo—. Poseidón, su gran antagonista, podemos encarnarlo en los medios de la derecha, que no le perdonaron haber cegado a su hijo, el cíclope Polifemo. Este sería el equivalente del PP, que pese a haber ganado las elecciones, nuestro Ulises, valiéndose de maniobras arteras, dejó ciego; o sea, tan frustrado como desorientado. (Los más hiperventilados lo asociarían a la conspiración del lawfare, identificando a ese implacable dios con el poder judicial). Los pretendientes son la oposición, que aguardan impacientes el fracaso del héroe para compartir el lecho de Penélope, el epítome de los placeres del poder. La navegación entre Escila y Caribdis representa la situación dilemática que ha acompañado a Sánchez durante toda la legislatura: cada cesión a unos socios irrita a los otros o aumenta el desgaste en otros frentes, como sucede con las concesiones fiscales a Cataluña. Los escándalos de corrupción encuentran un buen paralelo en el episodio en el que la tripulación de Ulises sacrifica y devora el ganado sagrado de Helios, el Sol, desobedeciendo flagrantemente el mandato divino, algo que adaptado al presente serían las normas de ética pública. Aunque la moraleja del suceso es que a veces los peligros y desdichas no vienen de factores externos, sino de la propia tropa.
En fin, seguro que a ustedes se les ocurren otros paralelismos. A mí ya no me caben en este espacio. Además, nuestra narración sigue incompleta. Ignoramos si Sánchez llegará finalmente a Ítaca y si, una vez allí, conseguirá deshacerse de los pretendientes. El desenlace permanece abierto. Tampoco sabemos si la historia acabará viéndolo como héroe o villano, aunque hoy casi todos ya han tomado partido. Sobre lo que no cabe ninguna duda es que esta legislatura está siendo una odisea, una odisea de supervivencia en el poder. Y atribuirle este calificativo, odisea, constituye en sí mismo un homenaje a la fuerza de los mitos. Podremos endiosarnos por nuestros muchos logros y progresos tecnológicos, pero seguimos siendo seres errantes, desubicados, a la búsqueda de un sentido último a nuestra vida y nuestras formas de convivencia, siempre imperfectas. ¡Pero qué alegrón si ganamos esta noche! Y, si no, más se perdió en Troya.
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