Carlos Cuerpo, el vuelo imperturbable de un vicepresidente

Carlos Cuerpo lleva tatuado a El Principito en la parte interior de su brazo izquierdo. Se hizo el dibujo en 2019, en Las Vegas, por motivos que prefiere reservarse, pero este julio de 2026, cuando cumple 100 días como vicepresidente primero del Gobierno en este polvorín político que es España, un pasaje de la obra de Saint-Exupéry cobra su propio sentido: “Si los volcanes se deshollinan bien, arden lenta y regularmente, sin erupciones”. Tras la marcha de María Jesús Montero, Pedro Sánchez escogió a Cuerpo como número dos del Ejecutivo, contra el pronóstico de buena parte de su propio gabinete, para algo parecido: deshollinar volcanes.

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Carlos Cuerpo, María Jesús Montero y Arcadi España, el 27 de marzo en el acto de traspaso de carteras en el Ministerio de Hacienda. Mide los decibelios del Congreso en un aplicación, hace meditación e intenta de hablar de Economía entre las preguntas de corrupción. En sus primeros 100 días como ‘número dos’ del Gobierno, quiere otro sentido para la palabra “político”  

Carlos Cuerpo lleva tatuado a El Principito en la parte interior de su brazo izquierdo. Se hizo el dibujo en 2019, en Las Vegas, por motivos que prefiere reservarse, pero este julio de 2026, cuando cumple 100 días como vicepresidente primero del Gobierno en este polvorín político que es España, un pasaje de la obra de Saint-Exupéry cobra su propio sentido: “Si los volcanes se deshollinan bien, arden lenta y regularmente, sin erupciones”. Tras la marcha de María Jesús Montero, Pedro Sánchez escogió a Cuerpo como número dos del Ejecutivo, contra el pronóstico de buena parte de su propio gabinete, para algo parecido: deshollinar volcanes.

Cuerpo (Badajoz, 45 años), de perfil sobrio y trato amable, un tecnócrata sin carnet del partido, fue escogido para afrontar la recta final de una legislatura crispada y poner en el centro la buena marcha de la economía. Su nombramiento como ministro, en diciembre de 2023, fue calificado con cierto desdén en parte de la élite económica y política de este país (“un técnico”, dicho con tono displicente; “un perfil correcto”, pronunciado sin emoción). Sin embargo su figura creció a los ojos de Sánchez como para encumbrarlo a la vicepresidencia: de apenas recibir preguntas del Partido Popular, ha pasado a batirse cada miércoles con la portavoz del PP, Ester Muñoz, en la sesión de control al Gobierno; de presentar las previsiones y hablar sobre inflación, a ser interpelado por los delitos de José Luis Ábalos o las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero.

El lunes 6 de julio es un día de trabajo en el ministerio, sin actos públicos, y recibe a EL PAÍS en manga corta y con esas botas deportivas de piel marrón con las que juró el cargo de ministro en 2023 y que tanto revuelo causaron en redes sociales. “El nivel de crispación tan grande que hay está tapando muchas noticias de fondo importantes, a veces algunos ataques van directamente contra la persona y así es muy difícil cualquier tipo de diálogo”, explica.

Sabe que la Cámara ha llegado a superar los 100 decibelios porque los mide en una aplicación, pero su semblante —una media sonrisa casi permanente— apenas cambia pase lo que pase en el hemiciclo. Le ayuda, según cuenta, la meditación, que practica con idas y venidas desde hace 15 años. También sigue, como hacía antes, regresando cada día a pie a su casa desde el ministerio. No ha tenido disgustos como consecuencia de ello, a lo sumo, algún espontáneo que le dice: “Yo no te voto, pero me caes bien”.

Es un sentir que se ve reflejado en las encuestas. “Tiene muy buena valoracion para los tiempos que corren, de un 5,93 en el CIS, el mejor valorado del Gobierno y el sexto mas conocido”, señala Belén Barreiro, la directora de la firma de sondeos de 40dB, aunque lo más destacado, recalca, es que “polariza relativamente poco”. “Las izquierdas lo valoran muy bien pero entre los votantes de centro y centro derecha le dan una nota muy cercana al aprobado. Entre los votantes del PP le dan un 4,6 siendo la valoración de Sánchez de un 1,96 [cifras correspondientes al sondeo de junio]. Esa transversalidad es bastante única en estos tiempos”, añade.

En política, dicen, sirve más comprender El Príncipe de Maquiavelo que ese otro de Saint-Exupéry que Cuerpo tiene escondido en el brazo, el vicepresidente sabe manejarse con ambos.

El día que se estrenó en la sesión del control, la portavoz popular le agradeció “el tono”, aunque le advirtió de que “ser educado no es ser moderado” y le reprochó la escasez de sus respuestas sobre la corrupción, Cuerpo le respondió insistiendo en el principio de la “tolerancia cero” pero rápidamente pasó a la agenda económica, planteando nuevos temas para discutir en el futuro (el impacto de la guerra de Irán, de los aranceles, esas cosas) sin que a día de hoy haya surtido efecto. Sería un avance de lo que iba a venir en lo sucesivo: la oposición le atiza con los escándalos y el vicepresidente se mantiene imperturbable.

“Al principio descolocó mucho a la oposición con ese estilo suyo, ahora los ha empezado a irritar y le dan más fuerte”, afirma un diputado de la coalición. “Cuando asumió el puesto, más que un consejo, le di una opinión: no te metas en política”, señala un empresario. “Cuando pasas a vicepresidente, ya no te puedes mantener en tu torre de marfil”, opina un exministro.

La quincena de fuentes consultadas para este artículo incluye dirigentes empresariales y sindicales, compañeros del Gobierno, exministros y excolaboradores, banqueros, políticos rivales, afines, entre otros. Todos destacan el aplomo de Cuerpo, la solidez técnica, la bonhomía en el trato.

Para sus detractores —nadie llega inmaculado a una vicepresidencia—, hay algo forzado en esa cordialidad constante, aunque no están dispuestos a dar detalles fuera del anonimato. Para otros, lo que piensa realmente resulta muy difícil de escrutar. Y, para la oposición, como le ha hecho saber —estos sí, en público, en la sede parlamentaria—, el mero hecho de haber entrado en este Gobierno pone en tela de duda toda virtud.

Por otra parte, algunas alabanzas resultan tan entusiastas que parecen misiles dirigidos a otros, cuyos nombres acaban citando: Yolanda Díaz, la vicepresidenta segunda; el propio presidente, Pedro Sánchez; y su predecesora en el cargo, Nadia Calviño, hoy presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

Una ojeada a sus reuniones de trabajo permite observar que Cuerpo es exigente con los equipos, pide muchos datos, reclama precisión quirúrgica sobre la información, pero sus subordinados valoran que jamás pierde los nervios ni el respeto por ellos. En su rodaje como ministro, tuvo un desliz en el Banco de España, cuando propuso a una consejera su salida para recalar en otro puesto, pero salió a la luz y fue interpretado como un intento de injerencia en la autonomía de la institución.

Por el contrario, navegó con diligencia y discreción eso que algunos consideraban una anomalía, que la vicepresidencia recayese en el titular de Hacienda, que en este caso era María Jesús Montero. También lidió sin estridencias la tensión con sus socios de Sumar, que siempre le han visto demasiado centrista, como mostró la refriega a cuenta de la reducción de jornada laboral, en la que Díaz llegó a acusarle de “mala persona”. Ahora tienen otro frente abierto a cuenta del refuerzo del registro horario.

Ha logrado, en efecto, deshollinar algunos volcanes, incorporar a la imagen del Gobierno ese ingrediente de serenidad que Sánchez deseaba y el actual momento de la legislatura requería. No ha conseguido, sin embargo, que las cifras macroeconómicas, los elogios de los mercados y el establishment económico mundial, ganen un mayor protagonismo en la conversación pública debido, por una parte, a la fuerza de las turbulencias políticas, y, por otra, al malestar de las familias con el coste de la vida y la vivienda.

Una buena cata de todo esto ocurre el 8 julio durante su comparecencia ante la Comisión Mixta para Asuntos Europeos por el Plan de Recuperación, en el Congreso de los Diputados. Cuerpo, de traje y corbata, hace una larga presentación, tal vez demasiado larga, llena de datos y diapositivas, ante una audiencia reducida y distraída.

Cuando el senador de Esquerra Joan Josep Queralt toma la palabra, le advierte sobre la percepción de que la economía de las familias, la micro, “no acaba de funcionar”. El diputado de Sumar Carlos Martín avala las grandes tendencias, pero le reprocha la renuncia a 60.0000 millones en créditos blandos e insiste en que el crecimiento no llega al poder de compra de los hogares. José María Sánchez, de Vox, le pregunta si conoce alguna situación similar “a nivel de corrupción” en algún Gobierno occidental desde la II Guerra Mundial. Francisco Conde, del PP, le acusa de haber aceptado “ser vicepresidente del Gobierno más corrupto de la democracia”. “Eso es su responsabilidad y le acompañará siempre”, remata.

Todo este último tramo ha transcurrido entre golpes de nudillos sobre las mesas. Cuando le toca responder, Cuerpo se limita a decir, de forma socarrona: “Me alegra la fortaleza del mobiliario”, ignora por completo la pregunta ajena a la economía y les explica en que consisten los “contrafactuales”, es decir, los escenarios hipotéticos de la situación económica sin no se hubiesen tomado las medidas del Gobierno contra la crisis.

Su mandato está marcado por la falta de apoyo de los socios parlamentarios en grandes proyectos del Gobierno. Cuerpo niega que el bloqueo o la prórroga presupuestaria haya supuesto un parón en las reformas o la inversiones, asegura que el 86% de las iniciativas legislativas ha salido adelante. También pone en valor medidas como el escudo anticrisis o el fondo soberano Crece, entre otros. No lograr presentar unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) va a la columna del “debe”. “Hay que hacer el esfuerzo de presentarlos. Sabemos que será difícil aprobarlos, pero haremos todo lo que sea posible”, dice.

Siempre ha mostrado ambición, dicen quienes le conocen —tal vez demasiada, para gusto de algún rival—, pero es un rasgo con el que él no tiene problema en identificarse, entendiéndolo como lo entiende, como afán de progreso, como meritocracia. Está orgulloso de su camino. Cuando tomó posesión, recordó los orígenes de su abuelo, que trabajó desde niño y se esforzó por que su hija estudiara.

Sus padres eran profesores de colegio y vivieron siete años en Suiza dentro de un programa para enseñar español a los descendientes de los migrantes. Y aunque esto no es un rasgo hereditario, Cuerpo se distingue por explicar de forma muy paciente y didáctica las cuestiones económicas. Regresó a España a los 16 años y se licenció en Económicas en la Universidad pública de Extremadura, luego vino el máster en Londres, la oposición al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Económicos del Estado (los conocidos como “TECOS”), su paso por Bruselas (analista en la Dirección General de Análisis Económico ), su desembarco en la recién creada Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. En 2021, cuando fue nombrado secretario del Tesoro, comenzó su trayectoria pública.

“Cada uno es artífice de su propia ventura, lo que somos no lo determina de dónde venimos, sino lo que hacemos con lo que se nos ha dado”, dijo Cuerpo en esa toma de posesión, citando a Cervantes. Hay directivos que le definen como un “socialdemócrata de libro”. Algún político de Sumar, sin embargo, le reprocha su cercanía con las ideas de las empresas. ¿Se considera usted político o técnico?, le pregunta este periódico. “Es una discusión que no tiene sentido, un término no es contrario del otro. Si estás en un Gobierno eres político y cada uno lo es con su propio perfil”, responde el vicepresidente.

César Calderón, estratega y asesor bregado en campañas de diferentes partidos, ve también “tramposa” la distinción entre técnico y político. “Es más”, añade, “el ‘yo solo soy un técnico’ es una de las poses políticas más viejas y más rentables que existen. Presentarse como el adulto sensato que está por encima de la refriega es una estrategia, y de las buenas. Cuerpo la ejecuta de maravilla, lo cual demuestra precisamente que de política sabe, y bastante”.

Cuerpo recela de algunos elogios en un momento en el que los partidos que apoyaron la investidura están pidiendo elecciones o, como es el caso de Junts, reclaman a Sánchez que tome la “vía Starmer” y dimita. “El objetivo es desestabilizar al gobierno y la respuesta solo puede ser cerrar filas con el presidente y con las reformas que tenemos en marcha”, afirma.

El 9 y 10 de julio participa en las reuniones del Eurogrupo y el Ecofin, en Bruselas. A mediodía del 9, en la oficina de la delegación española, mantiene una reunión preparatoria de un canutazo, como se conocen en la jerga las declaraciones que se ofrecen de pie a un cúmulo de periodistas. El ambiente es distendido, hay quien recuerda el día que el vicepresidente se olvidó los zapatos y tuvo que dejarle los suyos, hablan de la cita para salir a correr por el parque con la ministra británica Rachel Reeves.

Y muestra que tiene su propio criterio en materia de comunicación. Por ejemplo, acaba de terminar la cumbre de la OTAN en la que Donald Trump ha regalado un apoteósico cambio de versión: por la mañana amenazó con un embargo a España por, a su juicio, incumplir con los compromisos de gasto y por la noche aseguró a los periodistas, en el avión presidencial de vuelta, que el mismo país “se redimió por completo” sin que el Ejecutivo haya cambiado nada. Un colaborador sugiere decir: “No sabemos a qué se refiere [Trump] pero que en cualquier caso España…”. Y Cuerpo corta: “Claro que sabemos a qué se refiere, España siempre ha cumplido con sus compromisos. Vamos directamente con que España cumple…”

Aunque su principal interés ese día pasa por otro tema: va a proponer un mecanismo permanente de emisión de eurobonos de hasta 850.000 euros en el plazo de cinco años que, según su planteamiento, serviría para ahorrar costes financieros a los Estados miembros. Ha sido muy activo en la esfera internacional, donde ejerció de mano derecha de Nadia Calviño. No logró la presidencia del Eurogrupo a la que se había presentado, pero en Bruselas, tiene un buen nombre. Habla inglés y francés de forma fluida y ha sorprendido en algún discurso público utilizando el japonés.

Cerca de las tres de la tarde, el jueves 9, baja al vestíbulo del edificio Europa, en Bruselas, para atender a los periodistas. Habla de los eurobonos, pero la acogida ha sido más bien fría. Al bajar la mirada se encuentra uno con sus botas deportivas de piel marrón. En la toma de posesión de vicepresidente, las cambió por unos zapatos negros.

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