Nancy Cartwright, filósofa: “La gente desconfía de la ciencia porque siente que el sistema les ha abandonado”

La pensadora Nancy Cartwright en el Palacio de San Nicolás, sede de la Fundación BBVA, en Bilbao.

¿Son suficientes las leyes científicas para explicar cómo funciona el mundo? Nancy Cartwright (Estados Unidos, 81 años) lleva más de medio siglo cuestionándose si realmente lo hacen. La filósofa se ha dedicado a observar qué ocurre cuando esos principios se enfrentan a casos concisos en el terreno de lo real: en hospitales, en la economía o en las políticas públicas de los gobiernos.

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La filósofa Nancy Cartwright durante la entrevista. La pensadora, galardonada con el Premio Fronteras del Conocimiento en Humanidades, reflexiona sobre la evidencia y defiende la combinación de métodos para trasladar la investigación a la economía o la salud pública  

¿Son suficientes las leyes científicas para explicar cómo funciona el mundo? Nancy Cartwright (Estados Unidos, 81 años) lleva más de medio siglo cuestionándose si realmente lo hacen. La filósofa se ha dedicado a observar qué ocurre cuando esos principios se enfrentan a casos concisos en el terreno de lo real: en hospitales, en la economía o en las políticas públicas de los gobiernos.

Desde temprana edad, Cartwright estuvo rodeada de pensamientos elevados. La educación calvinista que recibió en New Castle, Pensilvania, la orientó a preguntarse por cuestiones que no suelen estar presentes en la vida de una preadolescente de 12 años, como la existencia de Dios o el significado del bien y el mal.

Sus ideas la han convertido en una de las voces más influyentes de la filosofía de la ciencia contemporánea, una fama que le ha valido el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Humanidades en la más reciente edición del galardón que le fue entregado recientemente en el Palacio Euskalduna de Bilbao.

Pregunta. Usted ha defendido la importancia de la interdisciplinariedad en el trabajo científico. ¿Cuánto se puede ganar cuando diversas disciplinas dialogan entre sí?

Respuesta. Cuando una disciplina trabaja sola, puede avanzar mucho en el refinamiento de sus herramientas. En biología, por ejemplo, los experimentos controlados permiten aislar variables y entender mejor cómo funciona un sistema. En física podemos aprender más sobre cómo describir lo que ocurre cuando estudiamos una célula en unas circunstancias concretas. Se puede avanzar así, pero cuando quieres utilizar esa información para hacer algo, de pronto se requieren distintos conocimientos y competencias.

P. ¿Trasladaría esta idea a un caso concreto de investigación?

R. Un ejemplo que me gusta es el de un experimento de alta precisión en física, como el diseño de instrumentos para poner a prueba la teoría de la relatividad. Para construir algo así se necesitan expertos en materiales, en ingeniería, en óptica, incluso en cuarzo fundido. La idea de que solo importan las ecuaciones, o que una sola disciplina puede explicar todo, me resulta extraña. No sé muy bien de dónde ha salido esa creencia.

P. Su trabajo cuestiona la idea de que el mundo responde a patrones deterministas. ¿Qué implicaciones tiene esta visión para la manera en que entendemos la capacidad de la ciencia?

R. No creo que todo lo que ocurre en el mundo sea determinista en el sentido en que a veces lo imaginamos. Hay procesos relativamente deterministas que conocemos para circunstancias muy concretas. Si estuviéramos en un vacío, en un espacio controlado, y dejamos caer una pelota, podemos predecir con bastante precisión dónde caerá. Eso es determinista porque ocurre una y otra vez. Pero si dejamos caer la pelota cuando hay un campo magnético y sopla el viento, entonces no hay motivo para pensar que eso sea determinista. Nos gusta pensar que lo es o lo podría ser, pero nos faltan evidencias.

P. Sus investigaciones han transformado nuestra comprensión de la relación entre causa y efecto. ¿En qué consisten exactamente?

R. No es solo mi trabajo, yo formo parte de una generación de filósofos y científicos sociales. Cuando empecé, todavía se notaban los restos del positivismo y de ciertas corrientes relativistas en filosofía de la ciencia. La causalidad estaba prácticamente excluida del análisis filosófico. Tuvimos que averiguar cómo usarla de forma consistente en las ciencias sociales.

Las causas preceden a los efectos. Puede haber algunos casos especiales en la física donde no necesariamente es así. La conexión entre causa y efecto es algo que está relacionado con un hecho, porque es una masa y una masa tiene una atracción hacia el cuerpo. Asumimos que son dependientes probabilísticamente y no es cierto en todos los casos. Pero si estás en un campo donde tienes motivos para pensar que es así, como con los ensayos clínicos aleatorizados, puedes demostrar el efecto sin sesgo de un tratamiento en una población que has estudiado con los métodos de medición y eso es demostrable.

P. El jurado de los Premios Fronteras ha destacado que su trayectoria reivindica la importancia de la evidencia científica en un momento en el que la racionalidad parece cada vez más cuestionada. ¿Cómo interpreta usted este clima de desconfianza hacia la ciencia?

R. No estoy del todo segura de entenderlo en términos generales, pero intento situarlo en mi experiencia. Pienso, por ejemplo, en el lugar donde crecí, en Pensilvania. Hay personas que llevan dos generaciones en situación de desempleo y votan a Trump. Puedo entender que exista desconfianza hacia la ciencia o hacia otras formas de autoridad.

Creo que la gente se ha cansado y sienten que el sistema les ha abandonado. Pero para explicar bien este fenómeno harían falta herramientas más propias de la sociología o la antropología, que yo no tengo en este momento.

P. ¿Cómo ha contribuido su investigación a mejorar la forma en que entendemos la economía y la salud pública desde la filosofía de la ciencia?

R. En los últimos años, el trabajo de investigadores como yo, y de los equipos en los que he participado, se ha relacionado mucho con la economía del desarrollo y con la salud pública, especialmente a través de debates sobre cómo producir evidencia fiable para tomar decisiones. Un ejemplo importante es el auge de los ensayos clínicos aleatorizados, muy promovidos desde instituciones como el MIT [Instituto Tecnológico de Massachusetts] en el ámbito de la economía del desarrollo. Este enfoque ha supuesto un avance significativo, porque permite medir con precisión el efecto de determinadas políticas o intervenciones.

Sin embargo, muchos de nosotros hemos advertido de que se ha tendido a sobredimensionar este único método como si fuera suficiente por sí mismo. La idea de que un solo tipo de evidencia puede resolver todos los problemas es, en mi opinión, demasiado restrictiva.

P. Inicialmente, usted estudió el grado de Matemáticas. ¿Considera posible que las ciencias naturales puedan desligarse en algún punto de la filosofía?

R. Antes existía la filosofía natural y la separación entre disciplinas no era tan marcada como hoy. La pregunta de hasta qué punto la filosofía debe conectar con las matemáticas o con la física es una cuestión que debe considerarse caso por caso. Cuando yo estaba en Stanford, muchos estudiantes de Física acudían a estos cursos porque sentían que su formación les había sobrecargado con ecuaciones y no reflexionaban acerca del significado de las mismas. Se aproximaron a la filosofía porque los filósofos se permiten el espacio para hacer esas preguntas. Yo no estoy hablando de grandes preguntas filosóficas. A ellos les interesan preguntas muy concretas.

P. ¿Qué tipo de preguntas?

R. Yo estudié filosofía en mecánica cuántica y se trataba de entender ecuaciones cuánticas. Como por ejemplo qué significa que un sistema esté en un estado u otro, o cómo entender ciertos experimentos mentales como el del gato de Schrödinger. Son cuestiones que surgen dentro de la propia práctica científica, pero que requieren otro tipo de mirada.

La filosofía de la ciencia, tal y como la he experimentado yo, ha dado espacio para que las personas piensen preguntas que los científicos no tienen tiempo para abordar. Pero hay demasiadas preguntas. Quizá se tendrían que preguntar primero en qué tienen que pensar. Creo que la filosofía nos confiere mayor espacio para comprender.

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