La capital italiana dedica 50 millones de euros para aumentar la resistencia a las altas temperaturas y estudia convertir cuevas y búnkeres en ‘refugios climáticos’ La capital italiana dedica 50 millones de euros para aumentar la resistencia a las altas temperaturas y estudia convertir cuevas y búnkeres en ‘refugios climáticos’
Hay un sistema casi infalible para saber si es un romano o un turista la persona que bebe del ‘nasone’, las emblemáticas fuentes públicas existentes … en la capital italiana y conocidas por ese nombre debido a la semejanza de su caño con una gran nariz (‘naso’, en italiano). El forastero se agacha para beber el agua fresca que ofrecen los 2.500 ‘nasoni’ que hay repartidos por las plazas y calles de la ciudad, mientras que el romano lo hace de manera mucho más cómoda. Se limita a tapar con la palma de la mano el final del caño y el agua sale entonces a presión por un orificio que hay a mitad del tubo, formando una parábola que permite beber sin apenas tener que doblar la cerviz. De una u otra manera, locales y visitantes se arremolinan estos días alrededor de los ‘nasoni’ para refrescarse y calmar la sed, pues con su flujo continuo de agua potable las fuentes suponen un salvavidas cotidiano en la ola de calor eterna en que parecen haberse convertido los veranos.
Como en tantas otras ciudades europeas, en Roma se palpa que el clima ha cambiado respecto a las décadas anteriores. Las temperaturas extremas durante los meses estivales achicharran tanto a los 4 millones de habitantes de su área metropolitana como a los turistas que llegan sin descanso. Basta un dato: el año pasado hubo casi 23 millones de visitantes. Para tratar de aliviarles algo la vida durante el verano, el Ayuntamiento presentó la semana pasada el Plan Calor, con el que prevé invertir 50 millones de euros durante los próximos cinco años en iniciativas que ayuden a mitigar la canícula en el área urbana.

(AFP)
Entre las medidas destacan el aumento de las zonas verdes y con sombras, la sustitución del asfalto por materiales permeables de color claro, una mayor presencia del agua y la potenciación de los llamados ‘refugios climáticos’. «En Roma el clima ha cambiado. El aumento de las temperaturas en las calles y en las casas es un dato real, no una simple percepción subjetiva», comenta el alcalde, Roberto Gualtieri.
Los datos lo confirman. Los últimos cuatro años estuvieron entre los más cálidos jamás registrados en Roma, donde no ha parado de crecer durante las últimas décadas el número de días tórridos y de noches tropicales. «Las olas de calor no pueden verse como eventos excepcionales y aislados, sino como señales de una transformación climática estructural», confirma Paola Mercogliano, directora del grupo de investigación del Centro Euro-Mediterráneo sobre los Cambios Climáticos, que colabora con el Ayuntamiento para estudiar la situación y elaborar estrategias adaptadas a los distintos barrios para sobrevivir al verano. «Reducir el calor en las ciudades es posible. En las calles o plazas asfaltadas se pueden bajar las temperaturas percibidas incluso en más de 10 grados actuando sobre el pavimento, la plantación de árboles y la creación de zonas con sombras y agua», asegura Gualtieri.
Efecto barrera del terreno
Aunque se trata de un plan todavía en estado embrionario, la capital italiana también estudia la habilitación de cuevas, búnkeres antiaéreos y túneles subterráneos como ‘refugios climáticos’. Con el termómetro marcando allí abajo durante todo el año entre 14 y 17 grados, pueden brindar un respiro a romanos y turistas por igual durante los meses estivales. «Hay una gran diferencia de temperatura debido al efecto barrera del terreno, por lo que a tres metros y medio de la superficie se mantiene bastante constante», explicó en la RAI Francesco La Vigna, geólogo del Ispra, el instituto científico que estudia si estos espacios subterráneos pueden utilizarse dentro de la estrategia del consistorio de la capital italiana para afrontar el calor.
Falta todavía un largo recorrido para que esa propuesta pueda convertirse en realidad. «Hay que verificar las condiciones de seguridad y la posible presencia de gases nocivos de estos lugares. Se instalarán sistemas de control continuo y tendremos los primeros datos para confirmar si son saludables estos ambientes subterráneos», confirmó Stefania Nisio, dirigente del Ispra. La esperanza, en definitiva, es que en el futuro estos espacios puedan utilizarse como ‘refugios climáticos’ y se sumen al resto de iniciativas lanzadas por el Ayuntamiento para ayudar a los residentes y visitantes a sobrellevar las altas temperaturas.
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