Roma pretende aprovechar el giro militar de la UE para fortalecer la industria nacional y ganar influencia frente a París y Berlín Roma pretende aprovechar el giro militar de la UE para fortalecer la industria nacional y ganar influencia frente a París y Berlín
El próximo 4 de septiembre, Giorgia Meloni se convertirá en la mandataria que más tiempo ha permanecido en el poder en la historia reciente de … la República italiana. La estabilidad política, antes una rareza en el país, se ha convertido en uno de los principales activos de la primera ministra durante sus casi cuatro años de mandato, lo que le ha permitido ganar peso en Bruselas en una de las mayores cuestiones que afrontan hoy los Veintisiete, el incremento del gasto en defensa. Frente a una Francia que hace valer sus galones como única potencia nuclear del bloque comunitario y una Alemania que ha anunciado la mayor inversión militar de su historia reciente, Italia trata de tener voz propia en el ambicioso programa de rearme europeo y de defender los intereses de su importante industria.
Más allá de las críticas de trazo grueso a Meloni por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, debido a la negativa de Italia a apoyar la guerra en Irán, lo cierto es que la primera ministra pudo regresar satisfecha a su país tras la cumbre de la OTAN celebrada en Turquía el pasado junio. Debido a su enorme deuda pública, que alcanza el 137% del PIB, el nivel más alto de la eurozona junto a Grecia, el Ejecutivo de Roma lo ha tenido difícil para cumplir con el compromiso de dedicar al menos el 2% del PIB al gasto militar. Resulta además controvertido cómo se realiza el cálculo, pues el 18% de ese dinero se dedica a costear las pensiones de los militares.
«En teoría, Italia estaría muy expuesta a las críticas de la Casa Blanca por el gasto en defensa y porque la balanza comercial con Estados Unidos le resulta muy favorable», explica Elio Calcagno, investigador experto en temas de defensa del Istituto Affari Internazionali de Roma, uno de los principales laboratorios de ideas de Italia. «En la cumbre de la OTAN podría haber ido mucho peor, pero no ha habido ninguna repercusión grave».
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Al finalizar la cita de la Alianza Atlántica en Ankara, la primera ministra trató de zanjar la polémica con el presidente estadounidense, aunque dejando claro que «no se arrepiente de nada». También marcó cuál es la posición que defiende Roma en la política de rearme que afronta tanto la OTAN como la UE: «Si invertimos en defensa, ese dinero debe quedarse en Italia, en nuestras fábricas, nuestra investigación y nuestro territorio». El mensaje era claro: nada de compras masivas al sector armamentístico estadounidense, como pretende Trump, y prioridad para los fabricantes nacionales y europeos.
Dos grandes empresas
El ministro de Defensa, Guido Crosetto, por su parte, garantizó que el país elevará la inversión en defensa y seguridad hasta el 5% del PIB en 2035 «sin tocar el gasto social». «Es dinero para el que se pedirá una autorización a la UE», afirmó Crosetto en una entrevista con el ‘Corriere della Sera’, abriendo así la puerta a que las armas se financien con más deuda pública.
«Italia puede jugar un papel protagonista en el rearme, aunque tanto en el propio país como en el resto de Europa se subestimen habitualmente sus capacidades», afirma Calcagno. Son dos las grandes empresas nacionales del sector. La primera es Leonardo, un gigantesco consorcio participado por el Estado que produce aviones, helicópteros y sistemas aeroespaciales, de misiles y de ciberseguridad. Tras la compra de Iveco Defence el pasado verano, añadió vehículos militares a su catálogo. Cuenta con más de 62.000 trabajadores, facturó 19.500 millones de euros en 2025 y su cartera de pedidos para los próximos años supera los 46.600 millones.
El otro coloso italiano es el fabricante naval Fincantieri, participado igualmente por el Estado, y que a su rama civil añade otra militar. Tiene 24.000 trabajadores y de sus astilleros salen fragatas, submarinos y otros buques para Marinas militares de distintas naciones. En 2025 facturó 9.100 millones, mientras que su cartera de pedidos para los próximos años llega hasta los 63.200 millones.
«La presencia del Estado en el accionariado tanto de Leonardo como de Fincantieri hace que la línea estratégica de ambas empresas suela estar alineada con la política del Gobierno», explica el experto del Istituto Affari Internazionali, remarcando que los dos colosos están en cualquier caso volcados en la exportación. Es por ello que su cartera de pedidos no ha parado de aumentar en los últimos ejercicios, lo que ha aupado su cotización bursátil. «Italia y otros países con industrias de defensa importantes como Alemania, Francia o España empujan para que los proyectos de rearme europeos ayuden a los procesos productivos en el continente y no se limiten a la compra de armas», destaca Calcagno.
El ejemplo más palpable de las capacidades italianas en la industria militar es la participación de Leonardo en el programa GCAP, destinado al desarrollo de un caza de sexta generación junto a empresas de Reino Unido y de Japón. Este consorcio abre la puerta a una futura incorporación de Alemania después del fracaso de la iniciativa competidora FCAS, en la que Berlín estaba aliada con París y con Madrid. No está nada claro que España pueda unirse más adelante al GCAP. «Sus capacidades son menores a las de Alemania, la negociación para entrar no sería fácil y retrasaría el proyecto. Japón empuja para avanzar porque tiene prisa para tener cazas de sexta generación ante el complejo entorno estratégico que afronta en Asia Oriental, con la amenaza que representan China y Corea del Norte», concluye Calcagno.
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