Ellas se recuperan antes: el despertar tras la anestesia es distinto según el sexo

Un grupo de cirujanos durante un trasplante de corazón en el Hospital Clínic de Barcelona en 2022.

Ocurre cada día en miles de cirugías y desde la década de los sesenta. En un quirófano, el cuerpo bajo los efectos de la anestesia con ketamina está inmóvil. El cerebro, mientras tanto, atraviesa un estado disociativo, pues no sueña, pero tampoco recuerda ni responde. La respiración mantiene su cadencia y las neuronas suspenden su conversación eléctrica a la vez. Como si millones de cables quedaran desconectados de manera temporal hasta que el efecto se desvanece. La neurociencia aún no comprende del todo qué células coordinan ese regreso a la actividad ni por qué algunos lo hacen diferente a otros. Un nuevo estudio, que se publica este viernes en la revista Science Advances, añade una pieza a ese rompecabezas científico. Y por primera vez, se ha demostrado que el cerebro se recupera de la anestesia de forma distinta según el sexo biológico.

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 Una investigación descubre que las hormonas del estrés orquestan una respuesta del cerebro que permite a las hembras recuperarse antes del efecto de la ketamina, según un trabajo con ratones  

Ocurre cada día en miles de cirugías y desde la década de los sesenta. En un quirófano, el cuerpo bajo los efectos de la anestesia con ketamina está inmóvil. El cerebro, mientras tanto, atraviesa un estado disociativo, pues no sueña, pero tampoco recuerda ni responde. La respiración mantiene su cadencia y las neuronas suspenden su conversación eléctrica a la vez. Como si millones de cables quedaran desconectados de manera temporal hasta que el efecto se desvanece. La neurociencia aún no comprende del todo qué células coordinan ese regreso a la actividad ni por qué algunos lo hacen diferente a otros. Un nuevo estudio, que se publica este viernes en la revista Science Advances, añade una pieza a ese rompecabezas científico. Y por primera vez, se ha demostrado que el cerebro se recupera de la anestesia de forma distinta según el sexo biológico.

El trabajo, realizado por científicos del Instituto Austriaco de Ciencia y Tecnología (ISTA, por sus siglas en inglés) en colaboración con el Instituto Allen (Estados Unidos), siguió ese proceso en ratones. Para verlo, abrieron una pequeña ventana en el cráneo. Después, bajo el microscopio, el cerebro dejó de ser una caja cerrada y registraron todo en tiempo real. “Las hembras recuperan con mayor rapidez su capacidad de respuesta a los cambios del entorno y, como consecuencia, reorganizan antes su red cerebral”, explica a EL PAÍS Sandra Siegert, autora principal e investigadora del ISTA.

En 2017, el grupo de Siegert ya había observado que los ratones machos y hembras responden de manera diferente a la anestesia con ketamina. Lo que entonces ignoraban era cuándo ocurría o qué mecanismos estaban involucrados en esa divergencia. La reciente investigación detectó un actor inesperado, la microglía, que son las células inmunes del cerebro. Esa población celular que actúa como guardián se activa de forma intensa en hembras, lo que desencadena una “ola de plasticidad sináptica”, un periodo breve en el que las neuronas crean y ajustan conexiones para recuperar su actividad normal. En los machos ese proceso no aparece.

El detonante, sugiere el estudio, es un aumento pronunciado de corticosterona, la principal hormona del estrés que pone en marcha esos cambios y que activa en hembras el gen Fkbp5 presente también en humanos. Los investigadores decidieron eliminar esa variable y extirparon las glándulas que la producen. La respuesta desapareció. “Cuando bloqueamos la fuente, la microglía deja de reaccionar”, añade.

La interpretación de estos resultados aún está abierta. Amanda Sierra, investigadora especializada en microglía fagocítica en el Centro Vasco de Neurociencia Achucarro, matiza que el estudio no demuestra una sensibilidad global de la microglía femenina al estrés, sino un mecanismo concreto ligado al despertar anestésico. “Aún hay que caracterizar en más detalle”, afirma. Y añade: “La respuesta al estrés es una cascada de eventos regulada a muchos niveles. No sabemos en qué etapas hay diferencias sexuales”.

Sierra considera que habría sido valioso validar esta respuesta diferencial en muestras humanas. “Es muy relevante entender hasta qué punto hombres y mujeres reaccionamos distinto a la anestesia”, dice esta investigadora española.

Más allá del quirófano

La ketamina hace tiempo que dejó de pertenecer solo a las salas de cirugía, campos de batalla y de ser una droga consumida en fiestas. Su derivado, la esketamina, se utiliza para tratar algunos casos de depresión resistente. Durante la revisión bibliográfica, el equipo de Sandra Siegert encontró muy pocos estudios en los que se hubiera probado la ketamina en mujeres. “Esto fue muy sorprendente para nosotros, incluso en los tratamientos para depresión casi no hay datos clínicos”, señala.

Comprender cómo difieren sus mecanismos entre ambos sexos es relevante para los autores. La investigadora cree que los nuevos hallazgos obligan a replantear la práctica biomédica. Quizás en mujeres no se necesitan concentraciones tan altas, ni exposiciones tan repetidas. “Es posible que el tratamiento sea eficaz con dosis más bajas y menos administraciones. Si es así, estaríamos sometiendo al organismo a un estrés innecesario; es una hipótesis que merece ser investigada”, concluye.

 Ciencia en EL PAÍS

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