
Una de las dimensiones del fútbol es que permite sublimar los enfrentamientos políticos. Eso lo sabemos bien en España, porque los partidos Madrid-Barça incorporan de modo más o menos explícito ese componente de lucha política soterrada. O por esa predilección que solían tener los equipos vascos de incorporar solo jugadores de su tierra, un medio eficaz de afirmar su identidad específica frente al resto. Parafraseando a Clausewitz, Orwell decía que “el deporte es la guerra sin los disparos”; o sea, hacer política por otros medios, pacíficos en este caso. (Por cierto, el autor inglés hablaba de deporte, pero lo refirió en un texto donde solo hablaba de fútbol).
Este Mundial está siendo ejemplar porque relativiza la importancia de los orígenes 
Una de las dimensiones del fútbol es que permite sublimar los enfrentamientos políticos. Eso lo sabemos bien en España, porque los partidos Madrid-Barça incorporan de modo más o menos explícito ese componente de lucha política soterrada. O por esa predilección que solían tener los equipos vascos de incorporar solo jugadores de su tierra, un medio eficaz de afirmar su identidad específica frente al resto. Parafraseando a Clausewitz, Orwell decía que “el deporte es la guerra sin los disparos”; o sea, hacer política por otros medios, pacíficos en este caso. (Por cierto, el autor inglés hablaba de deporte, pero lo refirió en un texto donde solo hablaba de fútbol).
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