Javier Carbonell, politólogo: “Pronto hablaremos de las cuotas para hombres en la universidad”

Javier Carbonell, en Madrid, el 22 de junio de 2026.

Hay un feminismo bueno —el real, el de antes— y uno malo —el falso, el de ahora—. Esta es la premisa que se respira en la generación Z y que poco a poco va calando. El analista político Javier Carbonell (Valencia, 32 años) ha estudiado por qué los jóvenes, que en la práctica son menos sexistas y valoran la igualdad, no se identifican con el movimiento que lo ha impulsado. Ha publicado sus conclusiones en el informe Menos machista, más antifeminista: la paradoja de la juventud española. El investigador del European Policy Centre, un laboratorio de ideas con sede en Bruselas, analizó encuestas europeas y locales y después organizó grupos focales con personas de entre 20 y 29 años. Se encontró con un “cabreo brutal” hacia la política y un incipiente “feminismo individualista”. El también director del Future Policy Lab se especializa en el retroceso democrático en Europa y la evolución del discurso de la extrema derecha y cuenta que esto lo ha conducido a explorar el malestar de la juventud.

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Javier Carbonell, en Madrid, el 22 de junio de 2026. El investigador del European Policy Centre atribuye el antifeminismo de la juventud española a un “cabreo brutal” hacia la política, aunque esta sea menos machista  

Hay un feminismo bueno —el real, el de antes— y uno malo —el falso, el de ahora—. Esta es la premisa que se respira en la generación Z y que poco a poco va calando. El analista político Javier Carbonell (Valencia, 32 años) ha estudiado por qué los jóvenes, que en la práctica son menos sexistas y valoran la igualdad, no se identifican con el movimiento que lo ha impulsado. Ha publicado sus conclusiones en el informe Menos machista, más antifeminista: la paradoja de la juventud española. El investigador del European Policy Centre, un laboratorio de ideas con sede en Bruselas, analizó encuestas europeas y locales y después organizó grupos focales con personas de entre 20 y 29 años. Se encontró con un “cabreo brutal” hacia la política y un incipiente “feminismo individualista”. Carbonell se especializa en el retroceso democrático en Europa y la evolución del discurso de la extrema derecha y cuenta que esto inevitablemente lo ha conducido a explorar el malestar de la juventud.

Pregunta. ¿Los jóvenes que entrevistó consideran que la igualdad ya está alcanzada?

Respuesta. Tienen muy normalizadas las diferencias de género y entienden las relaciones con un marco liberal. Es decir, tú haces lo que tú quieras, yo hago lo que yo quiero, somos individuos y no se ven a sí mismos como parte de la categoría hombre, la categoría mujer o como parte de la estructura. ¿Y qué pasa? Las conquistas feministas del pasado se normalizan.

P. En el informe apunta que creen que cuando su generación llegue a posiciones de liderazgo, el problema desaparecerá.

R. Sí, es naïf por un lado. No es cierto que la generación no tenga machismo. Muchas de estas cosas se ven con el tiempo, sobre todo con la familia, que es el gran elemento que produce diferenciación de género. Las diferencias llegan luego.

P. ¿Cuáles eran sus experiencias?

R. Veían que no había mucha desigualdad de género entre su cohorte. Aunque una mujer que estaba en el sector tecnológico notaba que eran mayormente hombres. Otras veían que ser madres las iba a afectar. Una mecánica de aeronaves decía: “Yo en el hangar soy ‘la de las tetas grandes’. Sufro comentarios machistas. Pero estos tres tíos machistas no son la mayoría y los voy a encontrar en cualquier sitio. Yo voy a poder superar esto, sean machistas o no, yo gano lo mismo. A mí nadie me ha dicho que no pueda ascender”.

P. ¿De dónde viene esta forma individual de feminismo?

R. El individualismo tiene dos fuentes. La parte positiva es que, como tienes un auge en ingresos, pero sobre todo en términos educativos de las mujeres jóvenes, hay una creciente confianza en ellas mismas. España está más o menos igual, pero en muchos países de Europa occidental ganan más que los hombres por hora (hasta que llega la separación ocupacional y la penalidad por maternidad). Les está yendo bien, y piensan: “Si el machismo está, yo lo voy a superar, le paso a mis compañeros de clase por la derecha porque yo he ido a estudiar idiomas mientras ellos jugaban al Fortnite”. La parte negativa es una desconfianza absoluta en que ninguna medida social, ningún movimiento o gobierno solucione los problemas de una generación en declive. “Solo me queda buscarme la vida por mí mismo”. El feminismo político, que sí requiere esta parte colectiva, se ve con muy malos ojos.

P. ¿Por qué considera que es contraproducente?

R. El gran problema con este paradigma es que no es real, no es hacer realmente lo que tú quieras cuando sigues el dictado del estereotipo. Esta visión liberal no nos hace realmente libres y, en general, favorece al poderoso. Gran parte de las desigualdades se producen, no por una desigualdad explícita (como eres mujer, no puedes hacer cierta cosa), sino que hay sesgos que favorecen una u otra decisión.

P. Argumenta que hay que mirar más a este feminismo de girlboss.

R. El feminismo neoliberal tiene una parte positiva, que tengas tu propio dinero, que tengas confianza en ti misma, y la parte negativa de legitimar las desigualdades que se producen por estereotipos, de ser muy corrosivo para la acción pública y para la movilización, de perder interés en el cambio estructural. Nos hemos centrado mucho en el fenómeno tradwife [las influencers que se presentan como esposas conservadoras], pero es un contenido para consumir, no para vivir. En cambio, el feminismo individualista es peligroso, porque se parece mucho más al feminismo. Eso sí se vive. Miremos más a la girlboss que a la tradwife, es la que está ganando la batalla estructural, lo que explica el declive de la identificación feminista que no confía en la parte colectiva.

P. ¿Dónde reconocen sus entrevistados que todavía hay desigualdad?

R. En la violencia de género y el acoso en la calle. Me encontré un sentimiento de impunidad ante la violencia de género tremendo, tanto de chicos como de chicas. Pero mientras que ellos se centraban en la parte más punitiva de “necesitamos penas más duras” y ellas estaban de acuerdo, ellas también mencionaban que los jueces no le creen del todo a la víctima, que los procesos judiciales son lentos y, por tanto, el agresor sigue en la calle durante mucho tiempo, que faltan ayudas para las víctimas.

P. ¿Qué es lo que más rechazan?

R. Las cuotas, la diferencia de trato en temas de violencia de género. Tú puedes decir: Odio a los hombres, pero no puedes decir odio a las mujeres en el discurso público. Esto rechina mucho. La discriminación positiva es una diferenciación de trato para corregir una desigualdad social. Eso requiere mucha pedagogía, está fuera del consenso de la gente. Los resultados siempre se ven a posteriori y hay una parte que el movimiento tiene que asumir como coste, el feminismo siempre va a resultar incómodo. Los chicos que votaban a Vox o al PP decían: “Las políticas feministas me tratan de manera diferenciada y, por tanto, son injustas”.

P. ¿Cómo se puede atraer a los hombres al feminismo?

R. No pienso que un discurso sobre masculinidad positiva sea lo que vaya a movilizar a los hombres jóvenes.Creo que va a ser nombrar al enemigo real. Mucho del cabreo no es con el feminismo, realmente. Su problema es la cuestión económica, el coste de la vivienda, la precariedad, la soledad, la falta de comunidad y la falta de expectativa de que la cosa vaya a mejorar. Hay un grupo muy importante de hombres jóvenes de clase trabajadora que está abandonando el colegio mucho más, que saca peores notas, que no está yendo a la universidad, que tiene menor nivel de ingresos y que, además, es uno de los grupos principales que tiene esas actitudes antiestablishment y, en muchos casos, antifeministas. Aquí hay un melón que tenemos que abrir y hablar de esta gente como un grupo vulnerable.

P. ¿Qué está pasando?

R. Las mujeres sacan mejores notas en el colegio desde siempre. Lo que pasa es que antes no iban a la universidad. Aquí quien primero llegue, primero se lo lleva, y de momento está llegando la extrema derecha. En España, Vox todavía no saca este tema. En Estados Unidos, el discurso de los republicanos y del MAGA es que se ha feminizado la escuela, todas las profesoras son mujeres, no se valora el mérito, se aprueba a todo el mundo, se practican habilidades de emociones en lugar de habilidades duras y que por eso a los chicos les está yendo peor.

P. ¿Cómo se les puede ayudar?

R. Más pronto que tarde vamos a hablar de las cuotas para hombres en la universidad. Tendremos que debatir si queremos paridad en la población universitaria. Esto va a ser un debate muy interesante. Otro tema es que tenemos iniciativas de mujeres en STEM (acrónimo en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y nos faltan iniciativas de hombres en HEAL, las carreras de salud, educación, administración y humanidades.

P. ¿Y hay algo que le haya sorprendido especialmente de las conversaciones?

R. El mercado de las citas. Hablamos de economía, pero en realidad lo que importa mucho a los chavales son las relaciones, cómo ligo, cómo me comporto. Uno lo llamó “inflación”: que aumentaron las expectativas de las chicas hacia los chicos. Ellas decían que lo que había aumentado era querer un chico normal que las trate bien. Los entrevistados de extrema derecha decían: “Es cierto, pero también nosotros queremos ir a por mujeres de alto nivel. Nos parece normal que una mujer quiera un tío de alto nivel”. La gente que vemos que tiene menos pareja, menos sexo, son hombres jóvenes de clase trabajadora. Si tiene menos dinero o está en paro, es menos valioso en el mercado. El cabreo político se combina con la fatiga de las redes sociales y las aplicaciones de citas y es una bomba explosiva.

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