En el Génesis 3:16 de la Biblia, se lee lo que parece una maldición de Dios hacia Eva y sus hijas por la cuestión de la manzana. En la versión traducida De La Vulgata Latina Al Español (sic) se puede leer: “Multiplicaré tus trabajos y miserias en tus preñeces; con dolor parirás los hijos…” Este parirás con dolor ha sido, hasta la obstetricia moderna, una verdadera maldición. La ciencia lo intentó explicar como el precio a pagar por la evolución. La hipótesis del dilema obstétrico establece que las humanas tuvieron que lidiar con dos necesidades: por un lado, una pelvis lo suficientemente estrecha como para mantenerse erguidas (el bipedismo); por el otro, que no lo fuera tanto como para impedir el nacimiento de unos hijos con un cerebro y cabeza relativamente grandes. Ahora, una nueva comparación con el resto de primates muestra que, si Dios maldijo, no solo fue a la especie humana.
La comparación con una treintena de especies muestra que el ajuste en el canal del parto y la cabeza del feto es tan estrecho o más que en las humanas
En el Génesis 3:16 de la Biblia, se lee lo que parece una maldición de Dios hacia Eva y sus hijas por la cuestión de la manzana. En la versión traducida De La Vulgata Latina Al Español (sic) se puede leer: “Multiplicaré tus trabajos y miserias en tus preñeces; con dolor parirás los hijos…” Este parirás con dolor ha sido, hasta la obstetricia moderna, una verdadera maldición. La ciencia lo intentó explicar como el precio a pagar por la evolución. La hipótesis del dilema obstétrico establece que las humanas tuvieron que lidiar con dos necesidades: por un lado, una pelvis lo suficientemente estrecha como para mantenerse erguidas (el bipedismo); por el otro, que no lo fuera tanto como para impedir el nacimiento de unos hijos con un cerebro y cabeza relativamente grandes. Ahora, una nueva comparación con el resto de primates muestra que, si Dios maldijo, no solo fue a la especie humana.
A mediados del siglo pasado, el primatólogo alemán Adolph H. Schultz publicó sus estudios en los que comparaba la anatomía de los humanos con una decena de otros primates. Cráneos como recipientes del cerebro, cavidad torácica, fisionomía de los huesos de la cara… o la pelvis y el canal del parto. Uno de sus dibujos tuvo una enorme influencia en la ciencia de las décadas posteriores. En ella, Schultz compara el tamaño de la entrada de la pelvis y su relación con las dimensiones medias de la cabeza de sus crías en ocho especies de primates, entre ellas la humana. El diagrama (ver abajo) sirvió de base para los postulados de la hipótesis del dilema obstétrico, además de dar una pátina de realidad a la maldición divina. Sin embargo, se equivocaban.

Un grupo de investigadoras ha actualizado el diagrama de Schultz comparando las pelvis de 130 hembras adultas y los cráneos de 40 neonatos pertenecientes a 29 especies de primates. Sus resultados, publicados en la revista científica Nature Ecology & Evolution, dicen que, de media, el arco funcional de la entrada de la pelvis es un 11% menor en los primates no humanos, aunque hay casos en los que el porcentaje sube hasta el 18% (ver el segundo diagrama con las mediciones modernas).
“Lo que cuenta el diagrama de Schulz es que tomó la medida anterior o posterior de la pelvis”, dice la investigadora Nicole Torres-Tamayo, del grupo de investigación del Origen de los Homininos del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP). “Es una medida relevante, porque aquí tenemos el sacro, que proyecta dentro de la pelvis, y que tiene, digamos, una protuberancia que hace como limitante y también tenemos el pubis”, amplía Torres-Tamayo. “Schulz pensó que esta medida, como era la estándar tomada en obstetricia en seres humanos, también aplicaba al resto de primates. Pero claro, la configuración de las pelvis del resto de primates es distinta”, completa.

“A los monos que más les cuesta parir es, sobre todo, a los americanos, los platirrinos como los tamarinos, monos ardilla, titíes…”, relata Torres-Tamayo, que inició esta investigación mientras estaba en el University College de Londres (UCL). Entre algunas especies, la cabeza fetal puede llegar a ser el doble de grande que el espacio disponible en el canal del parto. El trabajo confirma que, entre los grandes simios, chimpancés, orangutanes, gorilas o bonobos, el ajuste entre el canal del parto y la cabeza del pequeño es menos estrecho que en el caso de las humanas y otros primates.
Para la investigadora española, “gran parte de los datos utilizados en estudios anteriores eran erróneos; se habían recopilado desde una perspectiva antropocéntrica, sin tener en cuenta la anatomía de otras especies”. Un ejemplo es la orientación de la cabeza durante el parto. Los bebés humanos giran y tienden a nacer asomando primero la parte posterior de la cabeza, “que es precisamente la parte relativamente más pequeña”, recuerda Torres-Tamayo. “Anteriormente, la medida de la cabeza de los recién nacidos se tomaba desde la frente hasta la parte posterior del cráneo. Esto asumía que todos los bebés nacen con la cabeza hacia abajo, como la mayoría de los humanos. Sin embargo, especies como el mono gelada, con su hocico prominente, suelen nacer con la cara hacia abajo”, relata la investigadora del ICP.

Muchos primates han desarrollado adaptaciones que facilitan el parto. Una de las más importantes es el nacimiento con la cara orientada hacia adelante, una posición que reduce el área de la cabeza que debe atravesar el canal del parto. Otras también presentan articulaciones pélvicas extraordinariamente flexibles que se relajan temporalmente durante el parto. A veces combinado, otras no, en otros primates, el hueso del pubis no se ha fusionado. “Un pubis no fusionado da mucha más libertad y es lo que tenemos también en los seres humanos”, recuerda Torres-Tamayo. En el otro lado de la ecuación, además de la orientación de la cabeza, en especies como la humana, los bebés nacen con los huesos del cerebro sin soldar, lo que permite cierta deformación craneal durante el alumbramiento.
Para la antropóloga de la UCL y autora sénior de la investigación, Lia Betty, “los resultados de nuestro estudio modifican las ideas preconcebidas sobre la singularidad del parto humano, revelando una diversidad de dilemas obstétricos y adaptaciones entre los primates”.
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