Mägo de Oz, muy grandes, muy conflictivos: demandas, disputas por el poder y una película que reabre las heridas del grupo heavy

El actual cantante de Mägo de Oz, Rafa Blas, en un concierto del grupo en La Riviera (Madrid), en 2024.

Mägo de Oz es la banda más grande del heavy metal español. También la más conflictiva. Algunos pensarán: ¿y Barón Rojo, qué? Otros: ¿y Obús? Pero los números avalan a Mägo de Oz: los miles de asistentes a sus conciertos en España y Latinoamérica durante tres décadas son imbatibles. También en ventas de discos supera a cualquier otro grupo del género duro. Este año, por ejemplo, su nuevo álbum, Malicia: la noche de las brujas (2025), compite en los Grammy Latinos como mejor disco de rock. El juicio resulta menos concluyente cuando se atiende a la calidad musical y al peso histórico del repertorio. Incluso los propios integrantes de Mägo de Oz reconocerían, acaso en privado, el impacto y la trascendencia de las canciones de Barón Rojo, claramente superior al suyo.

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 El estreno en cines de ‘Fiesta pagana’, un proyecto lleno de controversias, pone de manifiesto la triunfal y enrevesada historia de un grupo por el que han pasado una treintena de músicos  

Mägo de Oz es la banda más grande del heavy metal español. También la más conflictiva. Algunos pensarán: ¿y Barón Rojo, qué? Otros: ¿y Obús? Pero los números avalan a Mägo de Oz: los miles de asistentes a sus conciertos en España y Latinoamérica durante tres décadas son imbatibles. También en ventas de discos supera a cualquier otro grupo del género duro. Este año, por ejemplo, su nuevo álbum, Malicia: la noche de las brujas (2025), compite en los Grammy Latinos como mejor disco de rock. El juicio resulta menos concluyente cuando se atiende a la calidad musical y al peso histórico del repertorio. Incluso los propios integrantes de Mägo de Oz reconocerían, acaso en privado, el impacto y la trascendencia de las canciones de Barón Rojo, claramente superior al suyo.

A todo esto, a Txus di Fellatio (alias de Jesús María Hernández), líder supremo de Mägo de Oz, no le gusta el término “heavy metal”. “Yo soy un rockero, porque los rockeros somos más macarras que los heavies”, cuenta con su habitual bravuconería en una entrevista con EL PAÍS. Txus acaba de llegar a su chalet, a unos 60 kilómetros de Madrid. Son las ocho de la tarde de un miércoles. Ha ensayado la mayor parte del día. Se ha duchado, se ha vestido con un chándal, ha sacado a pasear a sus perros y, en un rato, preparará la cena para su hija Leia, de siete años. “Algunos se creerán que estoy ahora en una orgía poniéndome hasta arriba de cocaína, pero siento decepcionarles. Así es mi vida actual”. Txus tiene 56 años, ha pasado por tres divorcios y ha despedido —o alentado a que dejasen la banda— a una treintena de músicos de “su grupo”, como él considera a Mägo de Oz. “Tengo un socio [Carlos Prieto Moha, violinista del grupo], pero el dueño soy yo”, enfatiza. Recientemente, Txus asegura que presentó una demanda contra los productores de Fiesta pagana, la película sobre Mägo de Oz, su banda, que se estrena el cines el viernes 6 de noviembre. Una disputa más en la turbulenta carrera de la banda.

Esta historia comienza un día de hace tres años, cuando Txus recibe una llamada de Moha: una productora había contactado con el violinista porque quería rodar una película sobre el grupo. “Así que nos reunimos en un Vips, nos lo plantean y yo digo: sí, Mägo es muy grande, pero no es Miguel Bosé ni Rocío Jurado, yo me siento más cómodo con un documental. Pero ellos estaban empeñados en una película. En fin, que les pedí el guion”, explica el músico. Cuando lo leyó, no le cuadraron ciertas cosas, “porque no ocurrieron así”. La productora argumentó que se trataba de “licencias cinematográficas”.

“Luego llegó el anuncio de la película”, continúa Txus, “donde la vendían de forma muy sensacionalista, como un enfrentamiento entre José Andrea [cantante de los años de éxito del grupo, de 1996 a 2011] y yo. No me gustó, porque Mägo ha hecho grandes cosas y solo se centraban en las peleas. Evidentemente ha habido polémicas, como en todas las bandas, pero no lo puedes centrar todo en eso. Tampoco me cuadraban los muchos clichés del heavy que incluían. Aquello parecía la película de Flo y Santiago Segura, Isi/Disi [comedia de trazo grueso llena de lugares comunes del heavy]. Y yo odio todas esas cosas”, explica. La siguiente reunión se produjo en su casa: “Yo les dije: ‘Vale, os voy a documentar, voy a sacar fotos antiguas, me voy a encargar de proporcionar parte de la escenografía, la ropa de la época… Todo, ¿a cambio de qué? Y me hablan de que vamos a cobrar un millón y medio de euros cada uno de los cinco miembros de la primera formación. Entonces terminé la reunión. Nos estaban tomando claramente el pelo: no podían pagarnos ese dinero, porque hablamos de cine español. Que sí, que hacemos muy bien los dramas y tal, pero no una película como la que querían rodar”.

La negociación quedó así: “Les di permiso para utilizar el nombre del grupo y el mío por 300.000 pavos, pero les dije que no quería saber nada de la película. Llegamos a ese acuerdo”, explica el músico.

El director de Fiesta pagana, Álvaro Brechner, ganador de un Goya al mejor guion adaptado por La noche de 12 años,ofrece su opinión en conversación telefónica con este periódico: “Yo creo que la película es un homenaje a la figura de Txus. Mägo de Oz es una banda que se animó a hacer cosas que sonaban disparatadas, como mezclar heavy con violines. Es como cuando ves los ingredientes de una receta gastronómica y dices: ‘Esto va a ser un desastre’. Y, sin embargo, lo de Mägo no solo fue magnífico, sino que fue único”. El director uruguayo llegó al filme por encargo. Él y Txus nunca hablaron. “Me nutrí de conversaciones con miembros actuales y con excomponentes”, señala, “y esos recuerdos estaban llenos de conflictos, así que me limité a hacer una película que debía contener energía, actitud y descaro”. Brechner cuenta que algunos de sus filmes musicales preferidas son This Is Spinal Tap (parodia sobre grupos heavies), Anvil: el sueño de una banda de rock (sobre la peculiar banda canadiense de heavy Anvil) y Metallica: Some Kind Of Monster.

Y aquí comienzan verdaderamente los choques. Txus, quien afirma que no quiere ver la película, asegura haber demandado a la productora, El Sueño Eterno, por algo para lo que no les dio permiso en el pacto que sellaron: “Registrar sin permiso y unilateralmente un nombre (Fiesta pagana —título de la película y de la canción más popular de la banda—) que por derecho, historia y justicia es un bien que pertenece a Mägo de Oz y que incumple la ley de propiedad intelectual (artículo 10.2 del Real Decreto Legislativo 1/1996)”. En conversación con EL PAÍS, Patricia González, directora de El Sueño Eterno, sostiene: “Es incierto que nos haya demandado. Al menos, todavía no hemos recibido ninguna demanda de él. La realidad es que llevamos tres años intentando levantar la película y este señor está continuamente entorpeciendo el proceso. Y es una pena, porque todo el mundo está encantado: exmiembros de Mägo, componentes actuales, el público que la ha visto en los pases…”.

González confirma que el único miembro del grupo que ha cobrado hasta el momento es Txus, “pero, como se debe aburrir, está todo el día medrando”. Sobre los argumentos del músico para demandarlos, señala: “Consultamos a la Oficina Española de Patentes y Marcas del Ministerio de Industria si Fiesta pagana estaba registrado, y nos dijeron que no. Así que solicitamos ese nombre en tres epígrafes audiovisuales y nos lo concedieron”. En este ambiente de fuego cruzado, la responsable de la productora anuncia una demanda contra Txus “por injurias, mentiras y difamaciones” basándose en los comunicados que el músico publica en las redes sociales.

¿Fue siempre tan desagradable la convivencia en el grupo madrileño? Hubo un tiempo en el que Mägo de Oz era el asidero al que se aferraban unos chavales de barrios madrileños para escapar de una vida enfocada a trabajos precarios. Txus, ideólogo del grupo, funcionaba como un cabecilla atípico desde la batería: ni cantaba ni tocaba la guitarra, lugares donde habitualmente se ejerce el liderato. Fantaseaban con convertirse en estrellas del rock mientras viajaban hacinados en una furgoneta maloliente rumbo a un concierto en el que solo les pagarían con cervezas. “Éramos un grupo de amigos unidos por un sueño. Lo hacíamos todo juntos y lo pasábamos muy bien”, recuerda para este reportaje Juan Carlos Marín Carlitos, 61 años, parte fundamental de la historia de la banda como guitarrista y compositor durante 27 años.

Mägo de Oz logró triunfar a finales de los noventa, cuando el heavy metal atravesaba uno de sus momentos más bajos. El especialista en rock duro Fernando Galicia, autor del libro Conversaciones con Mägo de Oz, ofrece algunas claves: “Su acierto fue proponer una música bastante exótica: heavy metal con violín y flauta. Ni siquiera vienen de la tradición de Ñu o Jethro Tull. Tampoco de la música celta. En ese aspecto son muy originales. La otra clave es que consiguieron que el heavy metal sonara popular, que llegara a gente que no era aficionada al género. Cuando suena Fiesta pagana en un bar o en unas fiestas, la gente se la sabe de memoria. Ellos lograron trascender el heavy para llegar al gran público”. Galicia destaca también las letras, que define como “rompedoras”: “Txus escribe muy bien, con su obsesión antiiglesia, con su implicación ecologista o al abordar el tema de la homosexualidad, nada habitual en el rock duro, en canciones como El que quiera entender que entienda”.

Pero con el éxito también afloraron las disputas entre los componentes. “Esto ocurre porque alguien cambió las reglas por el ego y la avaricia”, apunta Carlitos. Txus se defiende: “Puedo ser autoritario, pero no un dictador, como se ha dicho”. Existen dos periodos especialmente críticos en las agitadas tres décadas y media del grupo. Cuando comienzan a acumular popularidad, con discos como La leyenda de La Mancha (1998), Finisterra (2000) y Gaia (2003), colisionan los dos temperamentos más fuertes: el cantante, José Andrea, un espíritu libre y bohemio con alma de hippy; y Txus, dominante, obsesivo y ambicioso. En la película se retrata a un vocalista con problemas con la bebida. Txus ofrece su versión: “Tuvimos que suspender muchos conciertos. Yo le decía: ‘José, pero si es que hay tiempo para todo. En cuanto termine el concierto, yo soy el primero que me pongo lo que haga falta y nos vamos de juerga, pero antes del concierto, no, tío’. Además, yo me puedo comprar otro instrumento, una batería mejor, pero él no puede comprarse una voz mejor”. Andrea fue perdiendo facultades vocales progresivamente, hasta su salida del grupo en 2011.

La otra crisis se produjo en 2017. Carlitos la detalla: “Txus, a nuestras espaldas, registró la marca del grupo a su nombre. No estaba registrada porque no se podía ya que coincidía con el título de la película El Mago de Oz. Pero el sistema legal sobre patentes y marcas cambió. Alguien que sabía del tema ayudó a Txus a registrarlo a su nombre. Fue injusto. Todos pusimos dinero de nuestros bolsillos al principio, cuando no se ganaba nada. Habíamos participado todos del proyecto, éramos un grupo. Pero cuando por fin consiguió registrar la marca, el grupo ya era suyo”. A partir de entonces, el ya precario contrapeso al poder omnímodo de Txus desapareció por completo. Según el guitarrista, Txus les propuso contratarlos por un “sueldo de mierda”. La situación se enconó y los dos guitarristas, Carlitos y Frank, abandonaron la banda en 2020, “después de una situación de maltrato psicológico”, afirma el músico. Ambos reclamaron una cantidad de dinero, ya que también eran copropietarios de la empresa, y ganaron el pleito: 33.000 euros para cada uno. Txus recurrió la sentencia y el proceso sigue pendiente de la resolución final.

Otra demostración de la buena salud del cancionero de Mägo de Oz es la ramificación encarnada por Kabrönes, una banda compuesta por cuatro de los miembros de la formación más exitosa del grupo. O sea, están todos, menos Txus y Moha: José Andrea (voz), Carlitos (guitarra), Frank (guitarra) y Salva (bajo). Kabrönes emprende una gira en breve por Latinoamérica y en diciembre por España. “Es como en los buenos tiempos, y ahora se agradece tocar con un batería que llega a tiempo a los ensayos y lleva bien el tempo en los conciertos”, señala con sorna Carlitos. A Txus no le ha gustado que en algunos carteles Kabrönes se anuncie como “exmiembros de Mägo de Oz”, así que amenaza con volver a dar trabajo a sus abogados.

El último enredo de esta agria y rocambolesca historia nos devuelve a la película, Fiesta pagana, un filme, por otra parte, divertido, que cuenta con interpretaciones logradas de Adrián Lastra (como Txus), Adrià Mondaray (como José Andrea), Guillermo Furiase (como Moha) y, sobre todo, con la antológica presencia de Antonio Dechent en el papel de Goyo Esteban, director de la primera discográfica del grupo, Locomotive Records. Para la banda sonora, integrada por temas emblemáticos de Mägo de Oz, se ha grabado una canción nueva, indudablemente del estilo de los homenajeados, Brinda con nosotros. La firma un grupo nuevo llamado On en el que militan Rafa Blas e Ix Valieri, cantante y guitarrista también de la actual formación de Mägo de Oz. A Txus le ha irritado que ambos acudieran la semana pasada a un festival de cine en México para presentar la película en compañía de su máximo enemigo, el exvocalista del grupo, José Andrea.

El temperamental líder publicó un comunicado en la cuenta de Instagram de Mägo en el que advierte que los dos músicos “no han sido despedidos”. “Es innegable que sobre el escenario ambos se dejan la piel y el alma; sin embargo, fuera de las tablas han mantenido actitudes absurdas e irresponsables que dejan bastante que desear y que, por supuesto, tendrán consecuencias disciplinarias”. Txus y Moha son los únicos miembros fijos del grupo; los demás músicos están contratados para los conciertos y pueden ser sustituidos a discreción de sus dueños.

En un momento de la película Fiesta pagana, un productor, harto de peleas en el estudio con el grupo, recrimina su comportamiento al personaje que interpreta a Txus: “Te comportas como si fueras un genio y no lo eres. No es nada malo ser un tío normal con talento, como tú. Pero cuando te pones con esa fachada nadie te puede enseñar nada, porque ya lo sabes todo”. Txus, el auténtico, asegura que nadie le dijo nunca esas palabras, que se trata de otra licencia cinematográfica. Sin embargo, se toma unos segundos para pensar antes de responder: “Pero no me hubiera venido mal que alguien me hubiera dicho eso…”.

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