Con el megaincendio de Gironda bajo control, preocupan las consecuencias económicas en la zona afectada Con el megaincendio de Gironda bajo control, preocupan las consecuencias económicas en la zona afectada
Después de más de diez días de una lucha frenética contra las llamas, el ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, ha anunciado este sábado una … esperada noticia: el megaincendio de Gironda ya está controlado. «Una noche suave y unas condiciones meteorológicas favorables» han permitido que los más de 3.000 bomberos controlen definitivamente el fuego. Se trata de la etapa previa a la extinción de las llamas, una tarea que se alargará fácilmente varias semanas debido a la vasta extensión calcinada –42.000 hectáreas– que deja la peor catástrofe de este tipo en 50 años.
La región de Burdeos la ha superado sin ninguna víctima mortal ni heridos graves entre los civiles. De los 220.000 desalojados en más de una veintena de municipios en el peor momento de la catástrofe, solo quedan 12.000 que siguen sin poder volver a sus casas. Y ahora otra preocupación gana importancia en el suroeste de Francia: el impacto económico y, en concreto, la amenaza sobre la temporada veraniega en una región que se ha vaciado de turistas.
Los daños materiales por este fuego han sido enormes. Hasta 240 casas han quedado destrozadas en Gironda. Un dato que sube a cerca de 440, si se tiene en cuenta el impacto material de las llamas en las Landas, con 3.600 hectáreas quemadas. Es hora de poner en marcha una reconstrucción en que las compañías de seguro resultarán clave, y que acelerarán el envío de peritos a la zona.
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Este incendio XXL ha puesto contra las cuerdas a las aseguradoras, porque tendrán que indemnizar a sus clientes con los fondos de su tesorería, puesto que el riesgo de incendio es una garantía de base. «Normalmente, tratamos uno o dos casos como estos cada semana. Pero ahora se trata de cinco al día (…). Es una tarea muy complicada y la dimensión financiera resulta colosal», reconocía en declaraciones a la cadena TF1 Baptiste Cornic, experto de una compañía.
Pero lo que más preocupa en Gironda son las repercusiones sobre las empresas locales. «De las 115.000 que hay en el departamento, 39.000 se han visto afectadas de manera directa o indirecta», explica a este diario Patrick Seguin, responsable de la Cámara de Comercio de Burdeos. «Hemos recibido de media unas 250 llamadas al día. Me temo que esa cifra aumentará a partir del fin de semana, porque los empresarios habrán comprobado los daños sufridos», reconoce Seguin. Este desastre ecológico ha afectado a una amplia gama de actores económicos de la zona, conocida por sus prolíficos viñedos y bellas playas del Atlántico.
Adiós a la mitad de clientes
Por un lado, están los artesanos o agricultores que han visto cómo las llamas arrasaban sus lugares o herramientas de trabajo. Por el otro, 23.000 empresas quedaron paralizadas durante varios días al encontrarse en municipios evacuados. Las llamas no llegaron a causar estragos en la mayoría de ellos, puesto que se ensañaron sobre todo con la localidad «sacrificada» de Le Porge, donde arrasaron con hasta 185 domicilios u otro tipo de edificios.
A pesar de ello, esa parálisis tuvo un evidente impacto económico. El Gobierno de Sébastien Lecornu lo ha compensado remunerando esos días con paro parcial (equivalente al 70% del salario) a los trabajadores de las empresas evacuadas. Fueron unos 82.000, según el Ministerio de Economía. Sin embargo, los grupos de los municipios que no desalojaron, como la capital regional Burdeos, no se han beneficiado de esas ayudas. Por ese motivo, la Cámara de Comercio ha propuesto crear un fondo especial de donaciones con ventajas fiscales, imitando una iniciativa parecida que sirvió para financiar la reconstrucción de Notre Dame tras el incendio de 2019.
«Hace falta un mayor apoyo a la economía regional. Sin ayudas, habrá muchas empresas en dificultad y varias de ellas cerrarán», advierte Seguin sobre un siniestro «que ha supuesto un mazazo en el peor momento». Antes del gigantesco incendio, este año ya estaba siendo difícil en el suroeste a causa del poco dinamismo de la economía francesa en su conjunto y la crisis energética provocada por la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel. Como consecuencia de ello, los cierres de comercios en Burdeos y Libourne aumentaron un 37% entre enero y finales de junio.
«Aquello que más nos preocupa es el turismo, que representa el 10% del PIB de la región de Nueva Aquitania. Si ese sector se hunde, supondrá un gran sufrimiento para empresarios y trabajadores», alerta Seguin. Localidades balnearias como Lacanau, Biscarrosse o Lège-Cap-Ferret –lugar habitual de reposo de la clase alta– fueron evacuadas y se convirtieron en ciudades fantasma durante varios días. Y una vez se terminaron esas restricciones, permanece el temor de que los turistas no vuelvan durante este mes decisivo para el sector.
También Burdeos ha sido una ciudad fantasma esta semana. «Hay mucha menos gente por la calle. Los únicos que se han quedado son los que tienen que ir a trabajar, pero todos los que han podido se han ido», explica Mathilde B., gerente del hotel Singulier, con cuatro estrellas. Según esta responsable de ese establecimiento de lujo, ubicado cerca del Ayuntamiento, «nos han anulado cinco de los diez clientes que habían reservado para esta semana».
«Normalmente, a esta hora del día y con el buen tiempo que hace, debería tener la terraza llena, pero la mayoría de las mesas están vacías», concurría Jean-Marie Geilh, de 65 años, propietario del Café Français. «Hemos tenido la mitad de los clientes esta semana y me temo que agosto será igual de catastrófico», prevé Benjamin Lefebre, gerente del restaurante Rohan, con un tono aún más pesimista.
Imagen de la región dañada
Era el pasado jueves al mediodía y, aunque hacía unos espléndidos 30ºC en Burdeos, con un cielo soleado y despejado, en el que no había ni rastro de los humos tóxicos que habían cubierto el cielo el domingo anterior, las calles estaban adormecidas. Casi ninguno de los pocos peatones llevaba mascarilla. Pese a la dimensión de las llamas, no todos los bordeleses vivieron el megaincendio como una amenaza inmediata.
De hecho, algunos empleados del sector turístico se muestran resentidos por el mensaje vehemente de la prefecta de Gironda, en que exigió a los turistas que no vinieran a la región. «Creo que fue un error, porque les pidió específicamente que no viajaran a Burdeos, cuando podríamos haberlos acogido perfectamente», afirma Mathilde B., sobre la situación en una ciudad en el interior de la cual no había ninguna restricción, aunque sus conexiones por carretera y ferroviarias sí que se vieron mucho más afectadas. «Los medios de comunicación han exagerado un poco la situación», critica, por su lado, Lefebre, obviando que se trata del incendio más vasto en Francia desde que empezaron a medirlos de manera sistemática en 1973.
Este siniestro, que al igual que los vastos fuegos de Ávila y Madrid suscitó un fuerte interés mediático, ha dañado la imagen de la región girondina. El sector turístico local teme que los visitantes no vuelvan de inmediato y eso lastre la actividad. Aparte de la ausencia de muertos, otro consuelo para la región ha sido que los viñedos —uno de sus principales atractivos— prácticamente no se han visto afectados por las llamas. «Quiero transmitir este mensaje a nivel internacional y nacional: venid a pasar vuestras vacaciones en Gironda. Podréis visitar las viñas e ir a la playa en la bahía de Arcachón», pide el responsable de la Cámara de Comercio. Lo hace con un tono casi de súplica y visiblemente preocupado.
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