El laborista favorito para suceder a Starmer promete que parte de la actividad del Gobierno se trasladaría a Mánchester El laborista favorito para suceder a Starmer promete que parte de la actividad del Gobierno se trasladaría a Mánchester
«Mi generación de políticos, incluido yo, debe asumir su responsabilidad. No hemos estado a la altura». Con esa admisión, Andy Burnham abrió este lunes … el discurso más importante de su carrera. Lo hizo en el People’s History Museum de Manchester, la ciudad desde la que consolidó su perfil político durante casi una década como alcalde metropolitano y el lugar elegido para lanzar una propuesta que aspira a redefinir el funcionamiento del Estado británico si, como todo apunta, sucede al actual primer ministro Keir Starmer al frente del Gobierno en las próximas semanas.
Lejos de presentar únicamente un catálogo de medidas económicas o sociales, Burnham defendió un cambio estructural en la organización territorial del Reino Unido. Su propuesta estrella consiste en crear un «Número 10 del Norte», una extensión operativa de la oficina del primer ministro que tendría su sede en Mánchester y que actuaría, según explicó, como «el centro neurálgico de un Reino Unido recableado», desde donde se coordinaría «el mayor cambio de nuestras vidas en la forma en la que se gobierna este país». La ovación más intensa de la mañana llegó precisamente cuando Burnham confirmó que parte de la actividad del Gobierno se trasladaría a Mánchester.
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Sin embargo, el dirigente laborista quiso dejar claro que la iniciativa no pretende convertir al norte de Inglaterra en un nuevo centro privilegiado de poder. «El trabajo del Número 10 del norte» será hacer que el poder fluya hacia las Midlands (Tierras Medias), el suroeste, el este de Inglaterra y sí, también hacia Londres, igual que hacia el noreste, Yorkshire y Humber y el noroeste», afirmó. Añadió además que esa nueva estructura serviría para ofrecer «nuevas oportunidades para profundizar la descentralización en Escocia, Gales e Irlanda del Norte».
El mensaje central de Burnham fue que el problema del Reino Unido no reside únicamente en la falta de crecimiento económico, sino en un modelo institucional excesivamente centralizado. «Somos uno de los países más centralizados del mundo», sostuvo. «Whitehall (el Gobierno) ya no tira en una única dirección, sino en muchas diferentes. Cuando regresé a Westminster la semana pasada me preocupó lo que encontré. Es un lugar más fragmentado, más desarticulado y, francamente, más infeliz que el que dejé hace diez años».
Aquella salida de Westminster para convertirse en alcalde del Gran Mánchester fue presentada como el origen de una convicción política que ahora pretende trasladar al conjunto del país. «Westminster y Whitehall están diseñados para el conflicto y necesitan un cambio radical si queremos que el país vuelva a ponerse en marcha», afirmó.
«Una misión de 10 años»
A partir de ese diagnóstico, Burnham articuló un proyecto que bautizó como una «misión de diez años» destinada a recuperar el nivel de vida de los británicos. «No podemos permitirnos otra década como la que acabamos de vivir», aseguró. «Después de diez años de turbulencia política desde el Brexit y de 20 años de caída de los niveles de vida desde la crisis financiera de 2008, Westminster no ha funcionado para la gente desde hace mucho tiempo».
El futuro líder laborista vinculó esa pérdida de confianza con el deterioro económico que afecta a amplias zonas del país. «Ha llegado el momento de construir la coalición más amplia posible para volver a levantar Gran Bretaña», afirmó. «La pregunta que cualquiera se haría es: ¿por qué debería ser diferente esta vez?». Su respuesta consistió en defender una nueva forma de gobernar basada en la transferencia de competencias hacia las autoridades locales y una mayor autonomía para las regiones.
Aunque el discurso estuvo cargado de ambición política, Burnham quiso enviar un mensaje de tranquilidad a los mercados. Confirmó que respetará «la disciplina de las reglas fiscales actuales», una declaración interpretada como un compromiso para mantener el marco presupuestario heredado y evitar dudas sobre la estabilidad financiera del país.
Crisis de la vivienda
La vivienda ocupó uno de los capítulos centrales de su intervención. Burnham prometió impulsar «el mayor programa de construcción de vivienda municipal desde la posguerra», después de recordar que el Reino Unido ha perdido alrededor de un millón y medio de viviendas sociales desde la década de 1980, mientras una cifra similar de personas permanece en listas de espera para acceder a una vivienda pública.
Su plan también contempla la recuperación de las calles comerciales tradicionales mediante una reforma del sistema de impuestos empresariales que favorezca a pequeños negocios y establecimientos con función social, como los bares o el comercio de proximidad. «En lugar de ser el símbolo del declive, ¿por qué no convertir nuestras calles comerciales en el nuevo símbolo del renacimiento británico?», preguntó ante un auditorio que respondió con aplausos.
Educación
Otro de los ejes del discurso fue la educación. Burnham anunció una revisión profunda del modelo formativo para responder al aumento del número de jóvenes que no estudian, no trabajan ni reciben formación. «Los días de un sistema escolar configurado exclusivamente alrededor de la universidad han terminado», declaró, al respaldar las conclusiones del informe elaborado por el exministro Alan Milburn, que reclama una transformación del sistema para ofrecer itinerarios profesionales más adaptados a las necesidades de los mercados laborales locales.
Burnham reservó una parte de su intervención para cuestionar la cultura política instalada en Westminster. Prometió modificar la forma de trabajar del Gobierno y del grupo parlamentario laborista. «Trabajaré para cambiar esa cultura», afirmó. «No utilizaré el sistema de disciplina parlamentaria para crear miedo ni para cerrar el debate. Quiero que los diputados puedan representar de forma auténtica a quienes les eligieron».
También avanzó que su futuro Ejecutivo será «inclusivo» y representará «a todas las sensibilidades del partido y del país», aunque evitó adelantar nombres para el gabinete. «No será hoy, ni antes de que concluya este proceso», señaló, al tiempo que pidió ignorar las especulaciones que circulan sobre los posibles ministros.
Burnham abandonó el escenario entre aplausos y sin responder a las preguntas de los periodistas, una decisión que suscitó críticas desde la oposición y entre la prensa.
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