Medio centenar de diputados laboristas piden la dimisión del primer ministro británico y que fije una fecha para su relevo, pero él resiste: «Asumo la responsabilidad de no marcharme y de no sumir a nuestro país en el caos» Medio centenar de diputados laboristas piden la dimisión del primer ministro británico y que fije una fecha para su relevo, pero él resiste: «Asumo la responsabilidad de no marcharme y de no sumir a nuestro país en el caos»
Tras el terremoto electoral que dejó al Partido Laborista al borde de una guerra interna, Keir Starmer intentó este lunes salvar su liderazgo con un … discurso con el que intentó relanzar tanto a su partido como a su propio mandato. «Los resultados electorales de la pasada semana fueron duros. Muy duros», dijo, antes de añadir que «perdimos a representantes laboristas brillantes. Eso duele y debe doler. Lo entiendo. Lo siento y asumo la responsabilidad».
El ‘premier’ compareció en medio de la mayor crisis de su mandato, apenas unos días después de unas elecciones locales devastadoras para el laborismo, que perdió más de 1.400 concejales y sufrió retrocesos históricos en antiguos bastiones electorales, mientras la extrema derecha de Reform UK consolidó su avance no solo en Inglaterra, sino también en Gales y Escocia. «No se trata solo de asumir la responsabilidad por los resultados, sino de asumir la responsabilidad de explicar cómo, como fuerza política y electoral, vamos a ser mejores y hacerlo mejor en los próximos meses y años».
«Asumo la responsabilidad de no marcharme y de no sumir a nuestro país en el caos», declaró Starmer. «Sé que la gente está frustrada por el estado en el que se encuentra el Reino Unido, frustrada con la política y, algunos, frustrados conmigo. Sé que hay quienes dudan de mí y sé que tengo que demostrarles que están equivocados. Y lo haré», prometió.
En su opinión, «no solo nos enfrentamos a tiempos peligrosos, sino también a adversarios peligrosos. Muy peligrosos». Sostuvo que el país atraviesa «un mundo más peligroso que en cualquier otro momento», y defendió la política exterior de su Gobierno frente a las presiones de otros partidos. «Si hubiéramos escuchado el consejo de otros partidos, ahora mismo estaríamos atrapados en un enfrentamiento con Irán, arrastrados a una guerra que no responde a nuestro interés nacional, y yo jamás haré eso», afirmó.
El precio de la guerra
El líder laborista vinculó la inseguridad económica de muchas familias británicas precisamente con el impacto de los conflictos internacionales, y señaló que muchos ciudadanos sienten que están «pagando el precio de una guerra a miles de kilómetros de distancia».
En el plano económico e industrial, Starmer convirtió el futuro de British Steel, uno de los mayores fabricantes de acero del país, en uno de los ejes de su discurso y en símbolo de la nueva estrategia que quiere imprimir a su Gobierno. El primer ministro defendió la intervención del Ejecutivo para evitar el cierre de la planta de Scunthorpe, en el norte de Inglaterra, que estaba «a horas del cierre», lo que habría supuesto «miles de empleos destruidos». «El acero es la capacidad soberana definitiva. Los países fuertes, en un mundo como este, necesitan fabricar acero», afirmó, antes de anunciar una legislación que permitirá al Estado asumir el control de la compañía por «interés público».
La parte más ideológica y políticamente agresiva del discurso llegó cuando Starmer abordó la relación con Europa y lanzó un ataque directo contra Nigel Farage y el legado del Brexit. «Quiero recordarles lo que Nigel Farage dijo sobre el Brexit», afirmó el primer ministro. «Dijo que nos haría más ricos. Se equivocó. Nos hizo más pobres. Dijo que reduciría la inmigración. Se equivocó. La inmigración se disparó. Dijo que nos haría más seguros. Se equivocó otra vez. Nos hizo más débiles». Starmer acusó al líder de Reform UK de haber «engañado a Reino Unido» y sostuvo que, mientras los conservadores «al menos tuvieron que afrontar las consecuencias», Farage «simplemente desapareció». «No solo es un oportunista, es un charlatán», añadió.
El primer ministro utilizó esa crítica para justificar un cambio de orientación hacia Bruselas y anunció que en la próxima cumbre de la UE planteará «una nueva dirección». «El último Gobierno quedó definido por romper nuestra relación con Europa. Este Gobierno laborista quedará definido por reconstruir nuestra relación con Europa, por situar al Reino Unido en el corazón de Europa».
Starmer defendió una relación más estrecha con los socios europeos para ser «más fuertes en la economía, más fuertes en el comercio, más fuertes en defensa» y aseguró que permanecer «hombro con hombro con los países que más comparten nuestros intereses, nuestros valores y nuestros enemigos es la decisión correcta». El líder laborista reservó además un apartado específico para los jóvenes, a quienes, dijo, «el Brexit les arrebató la posibilidad de trabajar, estudiar y vivir fácilmente en Europa», y avanzó que quiere situar «un ambicioso programa de movilidad juvenil» en el centro del futuro acuerdo entre Londres y Bruselas.
Con el partido sumido en un clima de abierta contestación interna y más de cuarenta diputados laboristas reclamando su dimisión o exigiendo que anuncie una fecha para abandonar el cargo, Starmer utilizó el discurso para reivindicar un cambio de rumbo que permita frenar la sensación de deriva que se ha instalado en Westminster.
«Lo que hacemos no funciona»
La presión sobre Starmer se intensificó todavía más en las horas previas al discurso después de que Angela Rayner, una de las figuras más influyentes del ala izquierda , cuestionara abiertamente la estrategia del Gobierno. «Lo que estamos haciendo no está funcionando y necesita cambiar», afirmó en un comunicado difundido el domingo, en el que añadió además que «esta puede ser nuestra última oportunidad».
La dirigente advirtió de que el partido corre el riesgo de convertirse en «el partido de los acomodados» y criticó lo que describió como una «cultura tóxica de amiguismo».
Mientras tanto, Wes Streeting, ministro de Sanidad, aparece como uno de los nombres con más fuerza en caso de una eventual sucesión, aunque personas próximas a él insisten en que no quiere precipitar un desafío abierto mientras Starmer conserve opciones de estabilizar el Gobierno.
También continúa presente en las conversaciones el nombre de Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester y referente del laborismo tradicional en el norte de Inglaterra, respaldado especialmente por sectores sindicales y parlamentarios de izquierda.
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