Los programas teutones son los más avanzados del mundo, pero varios casos demuestran que los radicales logran burlar a sus responsables Los programas teutones son los más avanzados del mundo, pero varios casos demuestran que los radicales logran burlar a sus responsables
Antes de su ataque a la fiesta del Orgullo de Berlín, el alemán de padres libaneses de 21 años Abdul Ballaut había entrado en un … programa de desradicalización. Permanecía en el radar de las fuerzas de seguridad alemanas desde hacía años y contaba con antecedentes penales, pero la Ley Penal de Menores había derivado su caso a estos programas. Había acudido a dos entrevistas previas y estaba citado a la tercera y definitiva el lunes posterior al ataque.
El agente de la Red de Prevención de la Violencia que tenía asignado su caso ha reconocido a medios alemanes que debió «interpretar muy bien su papel», porque «no teníamos claro que necesitase el programa». «Era muy amable y educado, no se comportaba con violencia», ha justificado el error de un sistema cuya ineficacia ha quedado en evidencia.
Thomas Mücke, director de la Red para la Prevención de la Violencia, admite que creyeron ver en Abdul una «verdadera intención de abandonar el islamismo radical», a pesar de que ya había grabado un vídeo jurando lealtad a Estado Islámico, que después descubriría la policía. Ahora, Alemania despierta a la realidad sobre el carácter inextirpable de cierto nivel de radicalización y sobre los verdaderos objetivos del islamismo radical, que no se sentían hasta ahora en el centro de la diana.
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Cuarenta y ocho horas después del ataque, la ministra alemana de Familia, Karin Prien, anunció cinco millones de euros adicionales para la desradicalización. «Para mí, este ataque impactante es una ocasión para afinar la orientación de la »¡Democracia Viva!« en la prevención del extremismo y centrarme en el tema de la desradicalización», dijo en rueda de prensa.
Estos programas de desradicalización alemanes son los más concienzudos, diversos y complejos del mundo, fruto de cuarenta años de evolución. Nacieron para permitir la salida del terrorismo de izquierda de miembros clandestinos de la RAF, de manos del servicio de inteligencia interior BfV. Se expandieron en los años noventa contra movimientos neonazis al alza y se han desarrollado después contra el extremismo islamista.
«Bombas de relojería»
En 2010, el BfV lanzó la línea «HATIF» para islamistas, cerrada en 2014 por baja demanda. Más éxito tuvo la línea confidencial nacional para familias de jóvenes radicalizados, que atendió 4.544 llamadas telefónicas y 3.061 casos de asesoría presencial entre 2012 y 2020. La financiación específica para desradicalización pasó de 300.000 € (2015) a 7,5 millones € (2020) y hoy alcanza más de 1.600 iniciativas, desde prevención escolar hasta trabajo individual con presos radicalizados. Más del 60% está gestionado por ONGs.
Michael Kiefer, de la Universidad de Osnabrück, explica que básicamente existen tres niveles de prevención. «La prevención primaria está dirigida a todos, y la prevención secundaria a personas que presentan ciertos peligros porque se mueven en un entorno determinado o viven en zonas residenciales contaminadas. La prevención terciaria trata de la desradicalización, como en el caso de Ballout, que han cometido delitos, y está destinada a prevenir nuevos delitos», resume.
Kiefer conoce una larga lista de casos tangiblemente exitosos, sobre todo si comienzan en una etapa temprana y logran crear entornos alternativos, en los que la presión del radicalismo es menor, pero la lista de fracasos que han terminado en ataques en suelo alemán es también tristemente larga.
Amis Amri, autor del atentado contra el mercado navideño de Berlín en 2016, participó en programas de integración y acompañamiento social en Renania- Norte Westfalia y en Berlín, pero los servicios sociales concluyeron después que «simuló cooperación» mientras se seguía radicalizado. También el tunecino Sief Allah H., condenado por planear un ataque en Colonia en 2018, que abandonó el programa porque no se logró «establecer una relación de trabajo». Varios participantes en Bremen viajaron después a zonas de conflicto para luchar con Estado Islámico y otro, en Berlín, interrumpió su programa en 2023 para volver a relacionarse con círculos salafistas y fue finalmente detenido por planear un ataque con cuchillo.
Según la Asociación Federal contra el Extremismo Motivado por la Religión, los programas personalizados consisten en que la persona «mantiene conversaciones regulares en el centro de asesoramiento o al aire libre, preferiblemente con dos asesores por seguridad». Se evalúa su situación y se le proporciona ayuda con la búsqueda de empleo, deudas o terapia, dependiendo de cada caso. Kiefer apunta que «se trata de trabajos a muy largo plazo cuya financiación es sin embargo limitada en el tiempo», como causa del fracaso.
«Hay pequeñas bombas de relojería circulando por ahí «, reconoce el responsable de integración de Berlín-Neukölln, Güner Balci, que admite que sistema subestima el peligro potencial y constata una nueva sensación de inseguridad entre la comunidad queer. Por primera vez acaba de cancelarse la fiesta «Train of love», programada para finales de agosto. De temática similar a la del Orgullo, sus organizadores alegan que »los recientes acontecimientos han cambiado drásticamente la situación«.
Las víctimas del último ataque desean expandir más específicamente los programas de desradicalización, poniendo en el centro la homofobia. «En los últimos días, muchos representantes de la comunidad queer se han acercado a mí y piden una mesa redonda contra la queerfobia a nivel federal», comenta en los pasillos del Bundesrat el senador de Berlín por la Diversidad, Cansel Kiziltepe. Contra lo que cabía esperar, la comunidad LGTBI de Berlín no había despertado hasta este ataque a la evidencia de la homofobia de los islamistas radicales.
Evitar el yihadismo
La prevención también ha logrado una lista de casos exitosos, sobre todo cuando empieza a edad temprana
«Lo peor fue cuando leí en redes los comentarios de odio, jaleando el ataque y diciendo que el agresor se había ido al paraíso. Desde ese momento, mi miedo y mi enfado hacia esta religión se han encendido. Se que no puedo decir eso sin que me llamen islamófobo, pero no soportaré que me impongan el silencio personas que nunca tuvieron que temer a los islamistas», explica Abdul, de 30 años y origen sirio, homosexual y residente en Berlín, que se queja de que «cada partido trata solo el tipo de violencia que encaje con su programa electoral… todos subestiman el peligro que corremos y la fragilidad de nuestra libertad».
A lo largo de la semana posterior al atentado, se ha percibido un movimiento mayoritario que cuestiona la desradicalización y demanda medidas penales más estrictas y competencias policiales preventivas, como las que está poniendo en marcha ya el gobierno alemán, pero también reacciones de autoafirmación del odio que muestran la complejidad del problema.
El streamer de derechas Björn Winter, alias «Björn Banane», habitualmente con posiciones abiertamente antiislamistas, insultó a los participantes y dolientes en un servicio religioso en la iglesia de San Nicolás por las víctimas del terror islamista, llamándolos «fascistas del arcoíris». El partido La Izquierda de Neuköln ha culpado a «derechistas» y «conservadores» de la creciente queerfobia y del atentado, mientras que las flores y velas depositadas en el lugar del ataque, en Tiergarten, han sido quemadas junto a la inscripción «Alá es grande».
Un grupo judío LGBT que había quedado excluido del desfile del Orgullo porque no califica la guerra de Israel en Gaza como un «genocidio», se solidarizó después con las víctimas del atentado. «Estos ataques nos muestran que el camino hacia la verdadera igualdad y seguridad está lejos de terminar: por un CSD abierto, diverso y libre», publicó «Keshet Deutschland», poniendo de manifiesto que los extremismos y radicalismos religiosos parecen luchar conjuntamente contra principios de la democracia liberal, en la que todos puedan ser diferentes sin miedo.
Tanto la Conferencia Islámica como la junta ejecutiva federal de DITIB, la asociación islámica afiliada a Ankara, han condenado el atentado como «acto irreconciliablemente y contrarios a los valores fundamentales de nuestra religión y a los principios de nuestro Estado constitucional libre y democrático». El presidente regional de Baden-Württemberg, Cem Özdemir, de familia musulmana, ha llamado a las mezquitas a condenarlo también como homófobo o queerfóbico, para que el motivo sea evidente. «De lo contrario, afirmó, existe claramente un problema», ha dicho.
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