Pekín advierte de que si no hay acuerdo entre ambos países sobre Taiwán, en el futuro habrá «roces e incluso conflictos» Pekín advierte de que si no hay acuerdo entre ambos países sobre Taiwán, en el futuro habrá «roces e incluso conflictos»
«Ambos países acordaron que Irán nunca podrá tener un arma nuclear». Esta frase sintetiza el principal resultado tangible de la cumbre bilateral celebrada este … jueves en Pekín entre Donald Trump y Xi Jinping, la primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años. Al menos, según la versión de parte de la Casa Blanca.
Ambos países han emitido comunicados sustancialmente diferentes al término del encuentro. Según Estados Unidos, la guerra de Irán ha supuesto la principal materia de conversación. «Las dos partes coincidieron en que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto para garantizar el libre flujo de energía», apunta el texto.
Es más: «El presidente Xi también dejó clara la oposición de China a la militarización del estrecho y a cualquier intento de cobrar un peaje por su uso, y expresó su interés en comprar más petróleo estadounidense para reducir en el futuro la dependencia china del estrecho».
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La guerra de Irán ha formado parte del contexto esencial de este viaje desde su concepción. No en vano el desplazamiento estaba originalmente programado para finales de marzo, pero tuvo que ser postergado por exigencias de la campaña militar. Pese al retraso, Trump ha acudido a Pekín con las hostilidades todavía en marcha.
Esta ofensiva ejemplifica asimismo la retirada de EE UU del orden global que creó y durante décadas ha liderado. La emergencia de un nuevo entorno regido por la fuerza, en el que las superpotencias actúan a su antojo, en absoluto resulta inconveniente para China, que contempla la presidencia de Trump como «un acelerador del declive político» de su gran rival –en palabras de un informe reciente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros– y, por ende, de su propio auge.
«Las dos partes abordaron formas de reforzar la cooperación económica entre nuestros dos países, entre ellas la ampliación del acceso al mercado chino para las empresas estadounidenses y el aumento de la inversión china en nuestras industrias», resume el texto de Washington. «Los presidentes también subrayaron la necesidad de aprovechar los avances logrados para poner fin al flujo de precursores del fentanilo hacia Estados Unidos, así como de aumentar las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses».
La cuestión de Taiwán
La Casa Blanca ha calificado la reunión como «buena» y no ha realizado mención alguna a otro estrecho, el de Taiwán, la máxima prioridad del régimen. La versión china, en cambio, ofrece un relato opuesto.
«El presidente Xi […] ha acordado con el presidente Trump una nueva visión para construir una relación constructiva entre China y Estados Unidos, caracterizada por la estabilidad estratégica. Esto proporcionará orientación estratégica a las relaciones chino-estadounidenses durante los próximos tres años y más allá», señala la publicación del ministerio de Exteriores, un plazo de tiempo que hace referencia a lo que resta del segundo mandato de Trump.
En ese sentido, Taiwán resulta esencial. «El presidente Xi subrayó que la cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se gestiona adecuadamente, la relación bilateral gozará de estabilidad general. De lo contrario, ambos países tendrán roces e incluso conflictos, lo que pondría toda la relación en grave peligro».
El comunicado asegura que ambos mandatarios «intercambiaron puntos de vista sobre importantes asuntos internacionales y regionales, como la situación en Oriente Medio, la crisis de Ucrania y la península de Corea».
Hace ya dos meses que Irán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz, enclave por el que en condiciones normales transita un 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo, un 90% de los cuales van a parar a Asia. China –destino del 80% de las exportaciones de crudo iraní– no permanece ajena a esta disrupción que constriñe su seguridad energética: el 70% del petróleo consumido en China es importado, un 13% del cual procede de Irán.
El ministro de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, acudió a Pekín la semana pasada para reunirse con su homólogo chino, Wang Yi, el primer desplazamiento de un alto cargo iraní a la capital china desde el comienzo de la guerra. Durante la cita, y en paralelo a la escenificación de la amistad, el jefe de la diplomacia china ya solicitó «restablecer el tránsito normal y seguro» con «prontitud». Medios de la República Islámica han informado de que, en las últimas horas, «varios» buques chinos han sido autorizados a atravesar el paso.
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