La excomisaria europea, de 78 años, murió en Roma tras una carrera dedicada a la defensa de los derechos humanos y al activismo feministas La excomisaria europea, de 78 años, murió en Roma tras una carrera dedicada a la defensa de los derechos humanos y al activismo feministas
Cuando Emma Bonino hablaba, los italianos escuchaban. Incluso quienes estaban en las antípodas ideológicas de esta mujer minuta de talla pero gigante en sus capacidades … políticas y compromiso con las luchas por los derechos civiles y la construcción de una Europa unida. Histórica militante del Partido Radical, Bonino se desgastó en las batallas sociales a favor del feminismo, el divorcio, el aborto o la eutanasia y tuvo un papel protagónico en el debate público italiano hasta que en 2015 enfermó de un tumor en los pulmones, provocado por su tenaz tabaquismo. Desde entonces tuvo que reducir su presencia en los medios y en la actividad política, pero siguió ofreciendo sus reflexiones, muchas veces brillantes, con un icónico turbante en la cabeza con el que escondía la alopecia provocada por la quimioterapia. Sus problemas respiratorios provocaron su ingreso hospitalario hace unos días en Roma, donde falleció este viernes a los 78 años de edad.
La cascada de reacciones que propició el fallecimiento, sobre todo entre sus rivales políticos, da una idea de la dimensión de su figura. De hecho, la primera ministra, Giorgia Meloni, anunció que habrá un funeral de Estado para Bonino. «Siempre la respeté aunque nuestras posiciones eran muy distantes. Esto no me impidió respetar a la persona, su prestigio y capacidad de entender que el papel de la mujer en la sociedad y en la política no es nunca algo que debes esperar que te concedan, sino que debes tomarlo. No hay que vivirlo como una concesión, sino como una conquista. En eso estábamos de acuerdo», señaló la jefa de Gobierno. También estaba en las antípodas de Bonino, agnóstica militante, el Papa Francisco, pero la apreciaba profundamente e incluso acudió a visitarla en noviembre de 2024 a su casa, situada a poca distancia de Campo dei Fiori, en el centro de Roma. La foto de la veterana política y del Pontífice juntos, ambos en silla de ruedas y compartiendo una caja de bombones en la magnífica terraza de la vivienda, supuso una contundente prueba del valor del diálogo más allá de las diferencias. Les unía la militancia a favor de la paz y del respeto de los derechos humanos, así como la lucha contra la pena de muerte.
Ministra de Asuntos Exteriores de 2013 a 2014 y de Comercio Internacional y Políticas Europeas de 2006 a 2008, Bonino ocupó las portadas de los medios en España a finales de los años 90 del siglo pasado. Fue en su período como comisaria europea encargada de la pesca, cuando le tocó mediar entre nuestro país y Canadá durante la llamada ‘guerra del fletán negro’. Aquella labor, así como su impulso a la reconversión del sector pesquero, fueron reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional en 1998. «Aquellos años nació mi gran amor con España, aunque fueron momentos difíciles. Recuerdo que no pasaba un día sin que tuviera que encontrarme con los representantes de alguna asociación de pescadores: las abuelas, sus hijos… Era una especie de asedio», contaba en una entrevista con este diario publicada en 2016.
Sus reflexiones sobre los grandes desafíos que afrontaba la Unión Europea siguen resultando plenamente vigentes. «Europa corre el riesgo de perder su alma con la crisis de los refugiados e inmigrantes. Es una situación más difícil que la crisis financiera, porque lo que fallan ahora son los valores», contaba mientras alternaba un cigarrillo con otro a pesar de la enfermedad. Su libertad, remarcaba, estaba por encima. «No me ha cambiado en nada. Yo no soy mi tumor». Lo que realmente le preocupaba era «la multiplicación de los muros, los alambres de espino, el racismo, la xenofobia, el populismo y el nacionalismo», así como el hecho de que empezara ya a cundir entonces la ilusión «de que a cada uno le va mejor por su cuenta».
Entre el sinfín de reacciones que dejó la muerte de Bonino destacó también la del presidente de la República, Sergio Mattarella, quien aplaudió su «compromiso tenaz y coherente» y el hecho de que deje una «marca de vida» en la historia contemporánea italiana. «Radical, liberal, feminista, decididamente europeísta, fue protagonista de movimientos y de reformas que han marcado el recorrido de nuestra sociedad», dijo el jefe del Estado sobre Bonino, quien tuvo posibilidades de convertirse en la primera mujer elegida presidenta de la República en Italia.
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