Más de un centenar de sacerdotes, religiosos, monjas y laicos aprenden en Roma cómo combatir al diablo Más de un centenar de sacerdotes, religiosos, monjas y laicos aprenden en Roma cómo combatir al diablo
Ania Goledzinowska fue la guinda del pastel de cumpleaños de Silvio Berlusconi. Y lo fue literalmente, ya que esta exmodelo polaca salió de la tarta … que recibió en una de sus fiestas el cuatro veces primer ministro italiano, fallecido en junio de 2023. Era la época del ‘bunga bunga’, las bacanales que el mandatario organizaba en sus mansiones y por las que desfilaron decenas de jóvenes. Una de ellas fue Goledzinowska, que llegó a mantener incluso una vinculación familiar con el magnate debido a su relación sentimental con uno de sus sobrinos, Paolo Enrico Beretta. Aquellas experiencias, no obstante, no le dejaron indemne. Empezó a sentirse cada vez peor hasta que acudió a un exorcista, que aunque primero le recomendó ir al psiquiatra, antes quiso imponerle la mano sobre la frente. Entonces «sucedió de todo», según cuenta la exmodelo polaca. «En la habitación había seis personas, pero no conseguían pararme. La cabeza me giró 180 grados y me lancé contra el sacerdote con una fuerza sobrehumana, insultándole con voces de hombre que nada tenían que ver con la mía», explica esta mujer que hoy se declara «renacida» tras someterse a numerosos exorcismos.
Goledzinowska ofreció su testimonio en el curso organizado el pasado mes de mayo en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma para formar a exorcistas y a sus asistentes. Más de un centenar de personas participaron en la edición número 20 del seminario en el que sacerdotes, religiosos, monjas y laicos aprenden cómo combatir al diablo. Lo hacen desde una perspectiva académica y con el testimonio de personas que han pasado por este trance, como Goledzinowska, así como de expertos en teología, medicina, derecho, criminología, neurociencia y, por supuesto, exorcistas.
Uno de ellos fue el italiano Antonio Mattatelli, que ayudó a Goledzinowska a liberarse de sus posesiones diabólicas. Sin querer entrar en los detalles de aquel caso, Mattatelli asegura que cada vez hay más personas que llaman a las puertas de la Iglesia pidiendo ayuda para liberarse de lo que consideran una influencia del demonio. Éste no sólo utiliza como puerta de acceso el espiritismo, el ocultismo o las sectas; encuentra también un terreno fértil en las nuevas tecnologías. «El diablo, con su afán por encarnarse, por tener un cuerpo, podría aprovechar por ejemplo la robótica para tener una especie de cuerpo artificial», asegura el exorcista italiano, que también advierte sobre el desafío que plantea la inteligencia artificial. «Es un instrumento extremadamente avanzado que puede ser usado para el bien y para el mal. Es como ocurrió con el gramófono o con los discos, que supusieron un salto adelante en el espiritismo».
Una de las mayores dificultades para los exorcistas es saber si la persona a la que tratan sufre un trastorno psiquiátrico o su problema tiene, lo que ellos consideran, una causa demoníaca. «Si tienes problemas de carácter mental, ahí es más complicado. Por ejemplo, una obsesión. Ves imágenes que sólo tú percibes y oyes voces que sólo tú escuchas. Si está en estado puro, es muy difícil de distinguir de una esquizofrenia», explica Monseñor Rubens Miraglia Zani, que pide a la Iglesia católica más formación y conciencia tanto en esta disciplina como en el ámbito psicológico, de manera que puedan responder mejor a las necesidades de los fieles. Este exorcista brasileño, que ha perdido la cuenta de los exorcismos que ha realizado y ante los que asegura que «nunca siente miedo», advierte de que no creer en el diablo no hace a las personas inmunes ante sus acciones. «Ese es el gran problema, porque luego van a descubrir de la peor manera que de verdad existe. Me he encontrado a muchas personas que dicen que eso son tonterías de niños o de viejos, pero cuando les toca a ellos la cosa cambia. ¡Y cómo cambia!».
El curso que ofrece cada año el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum no trata tanto de que los alumnos vean un exorcismo para que aprendan cómo se hace, sino de que obtengan la formación necesaria para entender cómo discernir si realmente tienen delante un caso de posesión y cómo responder ante ella. Deben partir desde el principio, pues la Iglesia católica distingue entre la oración de liberación, el paso inicial para combatir las posesiones demoníacas, y los exorcismos, un paso posterior. En estos «se utiliza el ritual para tratar de liberar a esa persona, mientras que en la oración de liberación un grupo de fieles reza por alguien que atraviesa dificultades ante posibles manifestaciones del maligno», cuenta el sacerdote mexicano Luis Ramirez, director de este peculiar curso y del Instituto Sacerdos.
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