La camiseta de Jaime Zamorano enumera los eclipses de sol que ha visto como si de una gira de conciertos se tratara: Venezuela, Francia, Libia, Australia, Isla de Pascua, China. “El espectáculo de un eclipse total no se puede comparar con nada”, dice el catedrático de astrofísica de la Complutense. “Estar a la sombra de la luna es una carambola cósmica que produce una sensación indescriptible”. Desde que se retiró de la docencia, disfruta de la vida rural en Villaverde del Ducado, pedanía de Alcolea del Pinar (Guadalajara), donde ahora tiene unas gallinas a las que grabará para ver la reacción que provoca en ellas el repentino anochecer.
¿Y tú, cómo vivirás el eclipse?

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.
Los limpios cielos de la provincia, que tiene algunas de las comarcas más despobladas de Europa, han hecho de ella un semillero de vocaciones astronómicas
La camiseta de Jaime Zamorano enumera los eclipses de sol que ha visto como si de una gira de conciertos se tratara: Venezuela, Francia, Libia, Australia, Isla de Pascua, China. “El espectáculo de un eclipse total no se puede comparar con nada”, dice el catedrático de astrofísica de la Complutense. “Estar a la sombra de la luna es una carambola cósmica que produce una sensación indescriptible”. Desde que se retiró de la docencia, disfruta de la vida rural en Villaverde del Ducado, pedanía de Alcolea del Pinar (Guadalajara), donde ahora tiene unas gallinas a las que grabará para ver la reacción que provoca en ellas el repentino anochecer.
Desde este pueblo de apenas 20 habitantes, Zamorano sigue coordinando la red de fotómetros que el proyecto europeo STARS4ALL tiene repartidos por el mundo para controlar la contaminación lumínica. Lo que intenta proteger con sus datos es probablemente la mayor fuente de vocaciones astronómicas que existe: los cielos estrellados. Como él, muchos jóvenes curiosos decidieron dedicar su vida a estudiar el cosmos porque en los veranos de pueblo, alejados de la luz de las grandes ciudades, el cielo les reveló la Vía Láctea y las lluvias de estrellas.
En Guadalajara, una de las provincias en la zona de totalidad del eclipse del 12 de agosto, estas aldeas abundan. Sus eras ya están abandonadas, pero esas explanadas donde antaño limpiaban los cereales siguen siendo el observatorio astronómico donde muchos investigadores surgidos de ese semillero compartirán el eclipse y la posterior lluvia de Perseidas con la gente de su pueblo. “Los veranos de la adolescencia se recuerdan toda la vida; los míos, en las eras de Turmiel junto a mis amigos hasta que nos llamaban a cenar, con cielos tan estrellados que mareaban”, rememora Pedro García-Lario.
Star parties con astrónomos de primer orden
García-Lario y Javier Alcolea son astrónomos del Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC, Madrid) y del Observatorio Astronómico Nacional, respectivamente, y preparan sendas star parties, fiestas para mirar al cielo, en pequeñas poblaciones que tratan de resistir al abandono rural en Guadalajara. Turmiel y Clares son dos pedanías del municipio de Maranchón (225 habitantes), en la comarca del Señorío de Molina, que apenas suman 40 habitantes de los que viven todo el año. Sus astrónomos locales presumen de poder apagar las luces de todo el pueblo para disfrutar de los cielos excepcionales por los que la Fundación Starlight otorgó en 2022 el certificado Reserva Starlight a 161 localidades de la provincia. Así continuarán la fiesta astronómica con las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo después del eclipse.
García-Lario es miembro del equipo de operaciones científicas de la misión espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), que obtuvo el mapa más completo de la Vía Láctea, pero vuelve siempre que puede a su tierra, con la que se siente en deuda. “Turmiel me ha dado la oportunidad de conectarme con el cosmos”, dice emocionado el astrofísico. Está deseando compartir su primer eclipse de sol con la gente del pueblo donde ha pasado todos sus veranos, al que pertenece su familia paterna desde hace al menos 400 años. No duda de lo emocionante que será cuando baje la temperatura unos grados y aparezca la brisa extraña habitual de estos eventos: “Nos miraremos entre nosotros y alguno incluso estallará en llanto”. El astrofísico lo tiene todo preparado para que el pueblo vea el eclipse desde el punto más alto, a los pies de una antigua torre de piedra.




El observatorio entre encinas que retiene talento local
Javier Alcolea también guiará una pequeña fiesta para familia y amigos en Clares, donde compró hace años una casa, aunque se crio en Sigüenza (4.911 habitantes). Alcolea pertenece al cuerpo de astrónomos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y su historia es algo diferente. Cuando estudiaba Física en Madrid, una profesora avisó de que el Observatorio Astronómico de Yebes buscaba estudiantes para una tesis doctoral. “Yo nunca me había planteado ser astrofísico, pero tener en Guadalajara un centro de investigación puntero que trabajaba con telescopios de todo el mundo era muy tentador”, explica el astrónomo, que emplea los radiotelescopios para estudiar nebulosas planetarias, nubes de gas y polvo que rodean estrellas como el Sol.
El Observatorio Astronómico de Yebes se instaló en 1975 en este pueblo de más de 5.600 habitantes por sus casi 1.000 metros de altitud, su ambiente seco y menor contaminación lumínica y radioeléctrica. Su director, Pablo de Vicente, lo visitó como estudiante de Física y tuvo claro que volvería: “Yo quería trabajar en la naturaleza”. Allí, las encinas rodean los radiotelescopios de 13 y de 40 metros de diámetro con los que se ha detectado un tercio de todas las moléculas encontradas en el espacio exterior.
Este es el enclave elegido por el Gobierno de España para el seguimiento oficial del eclipse. De Vicente ya se prepara para recibir a instituciones, medios y colegas, entre los que habrá ilustres astrónomos de Guadalajara como Rafael Bachiller y Laura Barbas. Ambos desarrollaron en Yebes su carrera y ahora dirigen dos de los organismos con más peso en la astronomía del país. El primero, además, preside la Comisión Científica y de Asesoramiento del Trío de Eclipses.
Reencuentro en el lugar que les catapultó a las estrellas
Rafael Bachiller dirige el Observatorio Astronómico Nacional y llegó a Guadalajara hace 40 años por el “efecto atractor de población cualificada” que identifica de Vicente en el observatorio de Yebes, que antes dirigió Bachiller. El astrónomo siente que esta es su provincia y, aunque no podrá ver el eclipse con los amigos de Hita (336 habitantes), asegura que será uno de los mejores puntos de observación por sus cielos oscuros y lo bien que están preparando la acogida de visitantes. “Soy de otro pueblo del centro peninsular, pero a Hita voy desde hace muchos años a contemplar el firmamento con amigos y asombrarnos juntos con las vistas”, explica en este pueblo desde la ladera de un cerro.
Laura Barbas no podía imaginar que sería la primera mujer en dirigir el IGN cuando empezó su carrera en el observatorio de Yebes hace 20 años. La ingeniera de telecomunicaciones nunca ha dejado su pueblo natal, Horche, de 3.119 habitantes, a 10 minutos en coche del observatorio. Durante todo ese tiempo llevó en paralelo el desarrollo de los sistemas de control de los radiotelescopios y su actividad en el ayuntamiento del pueblo como concejala y, después, teniente de alcalde. “Desde que soy directora del IGN, todo han sido palabras de apoyo en Horche, donde he formado mi familia y he decidido quedarme, porque es mi remanso de paz”, cuenta en una bodega típica de esa localidad. Para ella, ver el eclipse en Yebes será “cerrar un círculo”.



La Infraestructura Científica y Técnica Singular (ICTS) de Yebes atrae a ingenieros de todas partes, y permite a una parte del equipo hacer ciencia de primer orden cerca de casa. Inma Malo, Andrea Martínez, Gabriel Molina, Marta Bautista y Alberto García son astrónomos del IGN y con raíces en Guadalajara, y todos, incluidos Barbas y de Vicente, reivindican el imprescindible rol del personal técnico, que en Yebes desarrolla su propia instrumentación con la que investigan científicos de todas partes.
Relevo generacional frente a la expansión de la iluminación LED
Los nombres de mujeres van apareciendo hacia el final del viaje como reflejo de lo que sucede en las facultades: cada vez más eligen estudiar el universo, pero el relevo es lento y siguen siendo minoría. Una de ellas es la astrofísica Elisa Masa. Sus abuelos tuvieron que moverse a Veguillas cuando Alcorlo quedó sumergido bajo un embalse el siglo pasado. Desde que murieron, vuelve poco a esta pedanía de Cogolludo (574 habitantes) donde ya solo van veraneantes. Masa estudia la formación de nebulosas a las órdenes de Javier Alcolea y es consciente del progreso social y familiar: “Yo ahora puedo perseguir una carrera como astrofísica, pero mi abuelo se puso a servir con 7 años y no aprendió a leer hasta los 18”.
Iris Bermejo también es astrofísica. Está haciendo en Praga su tesis sobre campos magnéticos en estrellas masivas, pero nunca se pierde los veranos entre los dos pueblos de su familia. En el paterno, Gajanejos (51 habitantes), está su abuela e intenta convencerla para ver juntas el eclipse. En el materno, Valdeavellano (101 habitantes), cuenta su vocación de astrofísica desde los 13 años. “Tenía un póster de la Vía Láctea en el armario y aquí por las noches siempre miraba al cielo mientras paseaba con los amigos”, recuerda.
Que las jóvenes aún puedan presenciar esa maravilla significa que la contaminación lumínica aún no se lo ha tragado todo, pero podría hacerlo. Javier Rodríguez-Pacheco, el cerebro detrás de uno de los instrumentos del ambicioso programa Solar Orbiter de la ESA, lamenta la instalación de iluminación LED hasta en la pedanía más pequeña: “Es como si aquí estuviera el Guernica y lo tuviéramos tapado”, dice este astrofísico que vive desde hace años en Cabanillas del Campo (11.572 habitantes). “De joven, me cautivaron los cielos espectaculares de la dehesa salmantina y mantengo la afición aquí, en paralelo al trabajo, en agrupaciones astronómicas como AstroGuada”, cuenta.




Adalides de un amenazado legado astronómico
Tanto Rodríguez-Pacheco como Javier Bussons, que se crio, vive y desarrolla su trabajo como astrofísico en Sigüenza, han ayudado a Zamorano colocando medidores de contaminación lumínica en puntos estratégicos de la provincia. Bussons tiene uno en el pequeño observatorio astronómico en la Casa del Doncel, un palacio gótico del conjunto histórico artístico de Sigüenza, el segundo destino turístico de Castilla – La Mancha, que también alberga una sede de la Universidad de Alcalá.
La posibilidad de trabajar desde el pequeño campus por el que ha luchado y hacer trabajo de campo en varios pueblos de la provincia influyó en que dejara de estudiar galaxias lejanas para centrarse en nuestro Sol. “Los sitios poco poblados de la provincia, cada vez menos, son ideales para escuchar las radiofrecuencias del sol, a bajo coste, y sin las interferencias de la radio comercial, la telefonía móvil, la televisión digital terrestre, las comunicaciones aéreas o de la policía”, admite Bussons.
De vuelta a Villaverde del Ducado, Zamorano no oculta la emoción de poder por fin recibir un eclipse en casa después de toda una vida cazándolos por el mundo. Lo verá junto a su familia, amigos y otros astrónomos que lo visitarán. Como muchos otros pueblos de Guadalajara, es tan pequeño que no tiene ni un bar; por eso su star party, como las de Turmiel y Clares, no figura en los mapas de puntos oficiales de observación, pues no pueden garantizar suficientes aseos, agua o aparcamiento. “España va a pasar un examen, porque en otros países siempre han intentado que la observación del eclipse sea agradable para quien llega”, recuerda Zamorano. En su pueblo abrirán el teleclub, ese espacio autogestionado de las aldeas de ese tamaño, para poder ir al baño y tomar algún refrigerio durante el evento con el que llevaba años soñando.
¿Y tú, cómo vivirás el eclipse?

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