Más de 2.000 bomberos luchan contra un fuego que se propaga de forma ultrarrápida en la Columbia Británica, declarada en estado de emergencia Más de 2.000 bomberos luchan contra un fuego que se propaga de forma ultrarrápida en la Columbia Británica, declarada en estado de emergencia
Un incendio forestal, «explosivo como una bomba», ha forzado la huida de más de 21.000 personas en la Columbia británica canadiense y arrasado cientos … de casas y granjas este fin de semana. El fuego comenzó el viernes por la noche en Bald Range, un paraje natural al oeste del país, y sólo en la madrugada duplicó su tamaño hasta calcinar 103 kilómetros cuadrador de terreno. Los bomberos lucharon durante todo el sábado contra las llamas, que crearon su propio sistema meteorológico con poderosos relámpagos, y este domingo prosiguen las labores de extinción en más de 105 focos registrados en la provincia.
Las autoridades informaron de que nunca antes se ha registrado una propagación tan veloz de un incendio. El frente avanzó 18 kilómetros y abrasó 800 hectáreas en una hora y obligó a desalojar rápidamente a los 12.000 habitantes de Peachland y otros 6.500 en Summerland, dos poblaciones eminentemente agrícolas y ganaderas, a unos 260 kilómetros de Vancouver. La Columbia Británica es conocida también por sus extensos viñedos.
Los bomberos han dictado otras cuarenta órdenes de evacuación en pequeñas poblaciones como Okanagan y Okanagan-Similkameen . Muchos de los desalojados tuvieron que trasladarse a una ciudad distante 45 kilómetros a través de carreteras donde el fuego hacía crujir la vegetación a ambos lados.
Numerosos granjeros mostraban su inquietud por el estado de sus explotaciones. La zona es conocida por la crianza de caballos. La mayoría pudieron poner a salvo sus ejemplares, trasladándolos en remolques, pero otros animales como cerdos o gallinas quedaron atrás. «Era imposible sacar a todos, así que preparamos las granjas lo mejor que pudimos para resistir la cercanía del fuego». Los ganaderos optaron por dejar las puertas de las cuadras abiertas para que, llegado el caso, los rebaños pudieran huir en busca de lugares más seguros y a muchos les pintaron marcas en el cuerpo para localizarlos posteriormente.
El alcalde de Summerland, Doug Holmes, explicó a la agencia Reuters que «muchas granjas se han visto afectadas. No sabemos cuántas se han perdido. »Tenemos que prepararnos para lo peor«.
Erick Thompson, un trabajador de emergencias del distrito de Okanagan-Similkameen, aseguró que se trata de uno de los incendios «de propagación y crecimiento más rápidos» que jamás se hayan visto en la región. Él mismo tuvo que abandonar el centro de emergencias antes de que llegasen las llamas, recoger a su familia y huir en coche.
El primer ministro de la Columbia Británica, David Eby, aseguró en una comparecencia ante los medios que los bomberos comparaban el siniestro con «la explosión de una bomba». «Describieron llamas en árboles de 30 metros de altura que se elevaban otros 60 metros por encima de eso. El fuego creaba su propio sistema meteorológico, generaba relámpagos que luego se retroalimentaban a sí mismos», añadió.
El calor, el bajísimo nivel de humedad y una vegetación extremadamente seca figuran como las causas principales de una oleada de incendios que no solo afecta a la Columbia Británica, sino a grandes extensiones de Québec y Ontario. Bomberos de varios países, entre ellos Francia y México, colaboran en la extinción de estos fuegos, que han arrasado nada menos que cuatro millones de hectáreas en lo que va de año, y especialmente desde junio. En la zona donde ahora se ha declarado el estado de emergencia trabajan cerca de 2.000 bomberos y la situación continúa siendo «amenazante», según Eby. De los 105 focos activos, la mitad está fuera de control. «Hay quienes han perdido sus hogares. Muchos han sido desplazados. Otros esperan noticias de sus seres queridos», añadió el primer ministro.
Kyla Gaudiuso, de 51 años, reside en una comunidad forestal a la entrada de Summerland. Reconoce que el fuego la sorprendió de improviso. Escuchó un profundo «silbido» provocado por el calor y el viento y, al abrir la puerta de su casa, se encontró con su calle envuelta en llamas. Ella ha sido una de las cincuenta personas que han debido ser rescatadas en helicóptero después de quedar atrapadas detrás de los incendios. A las evacuaciones por el aire ha seguido el despliegue de efectivos de rescate, que buscan en zonas quemadas o rodeadas por el fuego la posible existencia de civiles atrapados.
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