El tigre asiático depende de Washington para su seguridad, pero cuenta con una industria de chips clave para la superpotencia americana El tigre asiático depende de Washington para su seguridad, pero cuenta con una industria de chips clave para la superpotencia americana
Con la excepción de la que le une a Israel, Donald Trump parece empeñado en torpedear las relaciones de Estados Unidos con sus aliados tradicionales. … Arrancó su mandato imponiendo aranceles a sus vecinos, México y Canadá, y poco después arremetió contra la Unión Europea, amenazando incluso con arrebatarle Groenlandia a Dinamarca. Más recientemente ha cargado con fuerza contra la OTAN y ha puesto a Ucrania contra las cuerdas, negándole una ayuda militar que solo parece agradarle cuando convierte en negocio. En su aparente afecto por los dictadores, ahora comienza a minar la unión más sólida en Asia: la que mantiene con Corea del Sur.
«El nuevo acercamiento de Trump a Corea del Norte reaviva las preguntas sobre lo que vendrá después», titulaba este martes el diario ‘The Korea Herald’, reflejando la preocupación que ha provocado en Seúl la decisión de Washington de reducir «significativamente» la escala de las maniobras militares conjuntas que se celebran cada año en la Corea capitalista.
Aún se desconoce qué impacto tendrá la orden de Trump en estos juegos de guerra que se alargan durante once días, pero los medios de comunicación coinciden en analizar que marca un posible punto de inflexión y señalan que puede tener consecuencias más allá del terreno militar. «Revela la cruda realidad de una alianza entre Corea y Estados Unidos en declive, lo que alimenta la ansiedad pública», añadió el periódico surcoreano ‘Hankook Ilbo’ en un editorial. «Es absurdo que Estados Unidos parezca tratar a Corea del Norte con más respeto que a su aliado, Corea del Sur».

(AFP)
El presidente estadounidense ha señalado que su intención es evitar el enojo anual que las maniobras le provocan a Kim Jong-un, con quien busca un acercamiento para que Pyongyang vuelva a la mesa de negociaciones. En un tenso encuentro con periodistas, Trump afirmó que el dictador norcoreano había respondido a su ofrecimiento, aunque solo detalló que la interacción había sido «muy positiva». Como hizo con los aliados de la OTAN que le negaron el uso de sus bases para las operaciones contra Irán -incluido España-, aprovechó para criticar que Seúl no esté por la labor de participar en su aventura bélica para reabrir Ormuz, cuya soberanía reclama en un giro surrealista.
La incertidumbre se extiende en un escenario en el que hay mucho en juego. Por un lado, Corea del Sur depende de Estados Unidos para su defensa, que tiene como principal amenaza a su hermana del norte. Convertido en potencia nuclear, el principal elemento de disuasión para el régimen de Kim en su enfrentamiento con Seúl -la guerra abierta que actualmente más dura en el mundo- es el hecho de que el sur está protegido por el paraguas nuclear de Washington, que dispone de 28.500 militares destacados en el país.
El arma de los chips
Esa seguridad ha sido, sin duda, uno de los pilares del milagro económico surcoreano, que ha convertido a un país de tamaño discreto y con una población similar a la de nuestro país -51 millones- en una pieza clave del tablero geopolítico que goza de una importancia muy superior a la que le correspondería por su tamaño. No en vano, su trayectoria ha sido fulgurante: en la década de 1980, el PIB del tigre asiático apenas llegaba a la mitad del español, mientras que ahora lo supera en unos 500.000 millones de dólares. Pero lo más relevante no está en las cifras macroeconómicas, sino en la fuerza que da a Corea del Sur el salto tecnológico e industrial que ha dado.
No en vano, incluso con la tumultuosa coyuntura global que se vive desde el covid, el país continúa creciendo con una solidez poco habitual en el mundo desarrollado. Sin ir más lejos, ayer Moody’s revisó su previsión de crecimiento para Corea del Sur hasta el 3,5%, justificando el punto extra que le concede en el magnífico desempeño con una de las armas geopolíticas más importantes: los chips.
«Se prevé que el negocio de los chips se mantenga sólido al menos hasta mediados de 2027, con una demanda robusta y muy pocas alternativas viables a los proveedores coreanos de memoria de alta gama», señala un informe que alaba la estrategia económica del país: «Refleja esfuerzos políticos continuos y coordinados para mantenerse al día con la innovación tecnológica mediante un impulso a la inteligencia artificial y otras medidas para aumentar la productividad y potenciar el crecimiento».
Ese es, sin duda, el arma geopolítica en la manga del presidente Lee Jae Myung, que trata de mostrarse apaciguador para evitar un enfrentamiento directo con la Casa Blanca. «Cuando fortalezcamos nuestras capacidades, nuestro valor e importancia como aliados seguirán creciendo», señaló ayer durante una reunión con su gabinete. No obstante, la oposición no esconde una opinión diferente. «El baluarte de seguridad de Corea del Sur está siendo sacudido hasta sus cimientos», dijo Park Chung-kwon, portavoz del Partido del Poder Popular. No obstante, la mayoría confía en que Trump solo esté tratando de desviar temporalmente la atención del resto de sus fracasos en el terreno internacional.
RSS de noticias de internacional
