Carmen Marcos y Rafael Hernández, ambos de 55 años, se conocieron en el instituto Fortuny de Madrid. Son novios desde los 16, en una relación que empezó en el aula. Y de cuyo amor nacieron Inés y Carmen. Ellas tres tienen hoy los ojos henchidos de felicidad. Ya no hay lágrimas. Están sentadas en la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Universitario de Toledo, uno de los centros sanitarios donde los heridos del accidente de Urda fueron derivados. El miércoles se enteraron de que el tren en el que iba su marido y padre había embestido otro convoy. Rafael era pasajero en el primer vagón del AVE —el número 8—, uno de los más afectados y que se llevó por delante al Iryo. Desde entonces hasta este domingo por la tarde, Rafael había estado sedado con heridas muy graves. Pese al complicadísimo pronóstico y la asfixiante espera que arrancó el miércoles, ellas siempre confiaron en que saldría adelante.
Su esposa e hijas, que nunca perdieron las esperanzas, celebran el logro: “Somos una familia muy fuerte”. 29 personas siguen ingresadas tras el accidente de trenes, nueve de ellos en la UCI
Carmen Marcos y Rafael Hernández, ambos de 55 años, se conocieron en el instituto Fortuny de Madrid. Son novios desde los 16, en una relación que empezó en el aula. Y de cuyo amor nacieron Inés y Carmen. Ellas tres tienen hoy los ojos henchidos de felicidad. Ya no hay lágrimas. Están sentadas en la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Universitario de Toledo, uno de los centros sanitarios donde los heridos del accidente de Urda fueron derivados. El miércoles se enteraron de que el tren en el que iba su marido y padre había embestido otro convoy. Rafael era pasajero en el primer vagón del AVE —el número 8—, uno de los más afectados y que se llevó por delante al Iryo. Desde entonces hasta este domingo por la tarde, Rafael había estado sedado con heridas muy graves. Pese al complicadísimo pronóstico y la asfixiante espera que arrancó el miércoles, ellas siempre confiaron en que saldría adelante.
“Las posibilidades eran superlimitadas”, relata su esposa. “La anestesista que le atendió cuando lo trajeron del accidente subió a verlo porque no se lo creía”, añade, explicando el “milagro” que se consumó cuando su marido emergió de la sedación. Al entrar en el box de la UCI donde está ingresado, cuando Rafael volvió al mundo que se detuvo en Urda, Carmen empezó a cantar uno de los temas que unen a toda la familia, Si te vas, de Robe Iniesta. Era la misma canción que su hija le había puesto al oído mientras estaba inconsciente, como así contó en este periódico en un reportaje publicado este domingo, donde desgrana en un diario cómo han transcurrido los días entre las cuatro paredes de la UCI del Hospital Universitario de Toledo. “Papá, tú no te puedes ir”, le susurraba Carmen hija junto a las letras del vocalista de Extremoduro.
Rafael, de 55 años, regresó con ellas cuatro días después del fortísimo impacto. Su mujer enseña en el móvil un vídeo emocionante: son los dedos del hombre ingresado, tras salir de la sedación, dando toquecitos sobre la camilla al ritmo de Si te vas —“Si te vas, me quedo en esta calle sin salida”, se escucha en la grabación, con su mano moviéndose como si las notas le insuflaran vida—. Es difícil contener las lágrimas. Pero Carmen no llora, sus ojos verdes están relucientes. Trata todo el tiempo de transmitir que ese vídeo y el destino de su marido son algo bueno.

Al menos 69 personas han fallecido en el accidente. Muchas de las víctimas mortales eran pasajeros del vagón 8 del AVE y que alcanzó al Iryo a una velocidad de entre 160 y 200 kilómetros por hora. Rafael es director comercial y viajaba a Sevilla por trabajo cuando ocurrió el accidente por el que salió despedido. Llegó consciente al hospital y tuvo que ser intervenido. Tenía una fractura en el fémur, una fractura abierta en la tibia, el esternón roto, una herida abierta en el abdomen, además de contusiones en la cara y el cuerpo. “En el quirófano había de todas las especialidades”, resume Carmen.
El pronóstico que recibieron su esposa e hijas apuntaba a que Rafael se enfrentaba a unas heridas de las que era dificilísimo salir. “Nunca lo creí. Sé cómo es mi marido”, añade Carmen. Ya este domingo por la tarde, el diario de la UCI de Carmen y sus hijas se completó con el despertar de Rafael. “Tiene el recuerdo de estar conmigo en un banco”, explica su esposa sobre las primeras palabras de Rafael. Llegó consciente del accidente, pero no refiere más memoria de lo ocurrido. “Se acordaba de ir a Sevilla, que estaba en el AVE… y pum”, cuenta su esposa.
Este lunes, sus familiares tenían una hora más de tiempo de visita en la UCI porque los ingresados empiezan a mejorar. Pueden pasar de 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 20.00. Las tres esperaban el turno junto a una decena de parientes de Rafael, envueltas en sonrisas. Ya ha hablado con su esposa e hijas en persona y con amigos por videollamada. “Somos una familia muy fuerte, muy unida, una piña, muy trabajadora”, continúa Carmen. Viven en el municipio de Tres Cantos, pero se están quedando en un apartamento estos días. “Dentro de nada, Rafa está en Madrid”, añade.
De los 110 hospitalizados iniciales por el accidente de Urda en seis centros del servicio público de salud de Castilla-La Mancha, se han completado 81 altas. Este lunes, 29 personas continuaban ingresadas en cuatro hospitales —Toledo, Alcázar de San Juan, Ciudad Real y Albacete—, 20 en cama convencional y nueve en UCI. El miércoles, día del accidente, 21 heridos fueron derivados a unidades de vigilancia o cuidados intensivos de la región. De entre los rescatados, una mujer falleció ya en el centro hospitalario. En el caso del Hospital Universitario de Toledo, cuatro personas permanecen en la Unidad de Cuidados Intensivos, entre ellas Rafael.
Carmen muestra varias fotografías con su marido de viaje. Su voz y su mirada reflejan el amor que se profesan. Su hija mayor, Inés, de 27 años, imparte clases de español en Milán y este martes tiene que regresar a Italia para retomar la actividad laboral. Volverá el fin de semana. Carmen, la pequeña, de 25 años, es técnico de rayos y radioterapeuta en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, además de estudiante del cuarto curso de Enfermería.
Las tres son un torrente de energía y se mantienen a flote con un aplomo extraordinario. La madre ha evitado ver las noticias e informativos todos estos días. “No quiere energía negativa”, indica una de sus parientes con otra gran sonrisa. La esposa de Rafael solo quiere hablar de la felicidad de que su marido haya despertado. No quiere ir más allá, ni entrar en otros temas. Detrás, en la pared de la UCI, en un folio se ofrece alojamiento para los familiares de los afectados en el accidente. Carmen también ha entablado amistad con algunos de los allegados de los heridos que pasaron por allí y ya han sido derivados a planta. Están todos juntos.
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