Una mujer con un explosivo en la mochila trató de acceder al establecimiento y el artefacto pudo haber sido detonado a distancia cuando se le dio el alto Una mujer con un explosivo en la mochila trató de acceder al establecimiento y el artefacto pudo haber sido detonado a distancia cuando se le dio el alto
El restaurante exclusivo restaurante italiano Balzi Rossi, ubicado en el corazón de Moscú y frecuentado por la elite de la sociedad rusa, se convirtió la … noche del sábado en un escenario de terror. Una explosión a la entrada del establecimiento provocó el pánico entre los invitados de un evento privado. Teniendo en cuenta la decoración y que en el escenario se leía ‘Alexandr 55’, algunos canales de Telegram como Astra señalaron que el objetivo del ataque fue el general Aleksandr Chayko, que celebraba su cumpleaños. Kiev le acusa de ser uno de los responsables de la masacre de civiles en la localidad ucraniana de Bucha, algo que el Kremlin ha negado repetidamente para culpar a Ucrania de la matanza.
Las primeras informaciones señalaron que el estallido se había producido por una fuga de gas en la cocina. Sin embargo, posteriormente se supo que un artefacto casero, aparentemente transportado en una mochila por una mujer, fue la causa de la deflagración. La detonación acabó con la vida de la mensajera, del guardia de seguridad que le impidió el paso y de un comensal que se encontraba en la terraza. La fuerza de la bomba fue el equivalente a un kilogramo de TNT, y estaba cargada con perdigones metálicos que buscaban hacer el mayor daño posible. La Dirección Principal de Investigación del Comité de Investigación de la Federación Rusa investiga el incidente como un crimen terrorista.
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La principal hipótesis sobre lo sucedido, que medios rusos como Kommersant y RBC dan por buena, es que la mensajera intentó entregar la caja al general, tal y como le pidieron. Iba a presentársela como un regalo, pero el equipo de seguridad del evento quiso revisar el contenido del paquete y entonces este explotó activado a distancia. Los informes preliminares de las autoridades sostienen que la mujer, que quedó hecha pedazos y de la que se encontraron partes de su cuerpo a 15 metros del restaurante, desconocía lo que llevaba a la fiesta de cumpleaños. El suceso ocurrió a las 19:55 hora local en la plaza Kudrinskaya, en la entrada del restaurante. La policía acordonó la zona y las estaciones de metro cercanas de Krasnopresnenskaya y Barrikadnaya.
Según indicaron algunos testigos que viven en la zona a medios rusos, tras la explosión rápidamente llegaron los bomberos, las ambulancias y la Guardia Nacional. «Al salir del edificio vi a mujeres elegantemente vestidas saliendo corriendo del restaurante. Llevaban sus zapatos en la mano y les seguía un hombre con una camiseta ensangrentada», relata uno de ellos al diario ‘Kommersant’. La policía rusa informó de que los 21 heridos tienen diferentes grados de gravedad. Al cierre de esta edición, las autoridades no habían revelado la identidad de los fallecidos ni habían hecho públicas las hipótesis sobre quién podría estar detrás de este atentado.
Larga lista de precedentes
Sin embargo, desde el sábado los canales ucranianos en Telegram especulan sobre la posible implicación de sus servicios de Inteligencia, el SBU, que tampoco ha confirmado su participación. Kiev ha atacado selectivamente en la capital rusa a múltiples altos cargos en operaciones similares.
Stanislav Rzhitsky, capitán de submarino, fue emboscado mientras corría en Krasnodar en 2023 y asesinado por disparos. En diciembre de 2024 Ígor Kirílov, jefe de defensa radiológica, química y biológica, murió cuando un artefacto en un patinete eléctrico estalló a su paso. En explosiones similares murieron el subjefe de operaciones del Estado Mayor, Yaroslav Moskalik, en abril de 2025 y el jefe de instrucción operativa del Estado Mayor, Fanil Sarvárov, en diciembre de 2025. También algunos propagandistas como el bloguero militar Vladen Tatarski (en abril de 2023) y Daria Duguina, hija del halcón ruso Alexander Duguin (en agosto de 2022), corrieron la misma suerte.
En los casos de Kirílov y Moskalik, Ucrania admitió estar detrás a través de fuentes anónimas citadas en medios ucranianos o extranjeros. Sin embargo, en la mayoría –como es también el caso del atentado del pasado sábado–, la postura oficial fue de silencio, para evitar dañar sus relaciones con estados aliados. Kiev ha buscado con estos ataques selectivos mermar la moral rusa y romper la burbuja en la que muchos moscovitas viven, ajenos a la guerra que cada vez se adentra más en Rusia. No en vano, ayer fue atacado el enésimo centro logístico de Wildberries en Samara. El país dirigido por Volodímir Zelenski también quiere con estas acciones romper cadenas de mando y provocar dificultades y retrasos en sus ofensivas en el frente.
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