Los sindicatos médicos tienen algo muy claro: están en contra del Estatuto Marco que el Gobierno ha mandado ya al Congreso de los Diputados. Pero llevan semanas sin ponerse de acuerdo en cómo protestar, dado que ya no está en la mesa del Ministerio de Sanidad. Después de semanas de negociaciones entre facciones discrepantes, este viernes han acordado convocar una huelga indefinida que comenzará el 28 de octubre.
Exigen una negociación con el Ministerio de Sanidad sobre el Estatuto Marco que rige las condiciones laborales, pero el texto ya está remitido al Congreso
Los sindicatos médicos tienen algo muy claro: están en contra del Estatuto Marco que el Gobierno ha mandado ya al Congreso de los Diputados. Pero llevan semanas sin ponerse de acuerdo en cómo protestar, dado que ya no está en la mesa del Ministerio de Sanidad. Después de semanas de negociaciones entre facciones discrepantes, este viernes han acordado convocar una huelga indefinida que comenzará el 28 de octubre.
“La movilización persigue que el Ministerio de Sanidad reconsidere su planteamiento y abra una negociación real que permita avanzar hacia un Estatuto Médico y Facultativo propio, capaz de reconocer las particularidades de la profesión y de garantizar unas condiciones de ejercicio acordes con su nivel de responsabilidad y formación”, explican los sindicatos en un comunicado conjunto.
Los sindicatos llevaban meses presionando al ministerio para que no aprobara la norma que rige las condiciones generales básicas de casi un millón de sanitarios en toda España, y que había sido suscrita por los sindicatos mayoritarios. Consideran que están discriminados, ya que las guardias les obligan a trabajar durante más horas semanales que todos los demás.
En el texto, las guardias obligatorias pasan de facto de 24 a 17 horas, pero esto es insuficiente para los facultativos, que piden ―entre otras cosas― reducirlas, mejorar su dotación económica y que ningún médico tenga que trabajar más de 35 horas a la semana, cifra que a menudo exceden holgadamente por estas guardias.
Esas y otras razones llevaron a cinco semanas de huelgas que programaron para los seis primeros meses del año, con seguimientos discretos ―de entre algo menos del 10% y el 25%, según las comunidades― que los sindicatos justifican por los “servicios mínimos abusivos” que les imponen.
Sin conseguir su objetivo, durante el verano se dieron una tregua para no perjudicar servicios ya muy mermados por las vacaciones, a la vez que llegaban a acuerdos en varias comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias en los servicios y en cuya mano están las remuneraciones y mejorar las condiciones de mínimos del estatuto.
Andalucía, Comunidad Valenciana, Euskadi, Galicia y Asturias se han comprometido a rebajar las guardias o hacerlo progresivamente (Asturias incluso las llega a rebajar a ocho horas) y mejorar los salarios.
La amenaza persistente era una huelga indefinida para el otoño, pero hasta ahora no se había concretado por las discrepancias entre los representantes de los trabajadores. La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), la mayor central, ha ido perdiendo socios en las comunidades por disputas internas. El martes mostró su intención de ir hacia una huelga indefinida, pero asumió que el interlocutor ya no puede ser Sanidad, sino los partidos del Congreso que tendrán que votar la ley que es el Estatuto Marco.
Otros siete sindicatos —algunos de ellos segregados de CESM— se presentaron el miércoles en Madrid bajo el nombre de Unión Médica y Facultativa (UMYF). Anunció la intención de una huelga, pero renunció a su potestad de convocarla de forma inminente para llegar a un acuerdo con CESM.
Lo que no está claro es ahora quién tiene en su mano parar la huelga indefinida una vez que comience, ya que el trámite parlamentario se puede dilatar durante meses. Xavier Lleonart, secretario general de Metges (una de estas siete organizaciones), explicó el miércoles que es una huelga que apela “a toda la sociedad”.
“[La ciudadanía] tiene que tener claro que hay un problema con los médicos de este país. El contrato social está roto porque se ha abusado. [La huelga] va dirigida a quien corresponda y no se soluciona con un proyecto de ley [el Estatuto Marco] fallido. Enviamos a los políticos al rincón de pensar”, aseguraba Lleonard.
Ángela Hernández, portavoz de Amyts —otro de los miembros de UMYF—, razonaba que el paro es “una reivindicación al Gobierno, a los partidos, al ministerio y a las comunidades, ya que la sanidad está transferida”.
El fin de la huelga pasaría, según Hernández, porque se desarrolle legislativamente la posibilidad de estatuto propio para los médicos. “La comunidad autónoma que dé un paso valiente será un ejemplo para las demás y se irá generalizando”, considera.
Lo cierto es que el texto tiene muy complicado salir adelante, tanto por plazos como por la previsible falta de apoyos en el Parlamento. A micrófono cerrado, muchos actores del sector, de todos los bandos, admiten que están en un callejón sin salida y que no va a tener fácil solución ni siquiera si cambia el gobierno: seis comunidades del Partido Popular hicieron alegaciones en contra de rebajar incluso las 24 horas de guardia a 17. “Es irrealizable”, dice literalmente la Comunidad Valenciana.
En este contexto, lo que buscan algunos médicos con la huelga es una llamada de auxilio para concienciar a la sociedad de sus condiciones laborales, que pasan a menudo por guardias extenuantes. Si este Estatuto Marco no sale adelante en esta legislatura (como todo apunta), pasarán años hasta que consigan rebajarlas por ley, ya que la tramitación tendrá que comenzar de cero.
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