Las bacterias en el semen también condicionan el éxito de los embarazos: “En las clínicas de fertilidad se sigue tratando sobre todo a la mujer”

La infertilidad afecta a unos 48 millones de parejas en todo el mundo y, en una parte importante de los casos, la causa específica no se identifica. En este contexto ha surgido el estudio de la relación entre la salud reproductiva y los microorganismos que habitan nuestros cuerpos (el microbioma) y la reproducción recientemente, aunque con un gran sesgo. La mirada se había posado especialmente en el cuerpo femenino, pero un estudio que se acaba de publicar en The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health ha tomado otro camino. El trabajo desplaza el foco también hacia el microbioma del semen, su papel en los abortos espontáneos y el éxito de los tratamientos de fertilidad.

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 Un análisis apunta a que los organismos en el esperma se relacionan con abortos espontáneos y menos nacimientos tras tratamientos reproductivos  

La infertilidad afecta a unos 48 millones de parejas en todo el mundo y, en una parte importante de los casos, la causa específica no se identifica. En este contexto ha surgido el estudio de la relación entre la salud reproductiva y los microorganismos que habitan nuestros cuerpos (el microbioma) y la reproducción recientemente, aunque con un gran sesgo. La mirada se había posado especialmente en el cuerpo femenino, pero un estudio que se acaba de publicar en The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health ha tomado otro camino. El trabajo desplaza el foco también hacia el microbioma del semen, su papel en los abortos espontáneos y el éxito de los tratamientos de fertilidad.

De acuerdo con el equipo de investigadores, el conjunto de bacterias, virus y hongos que habitan en el líquido seminal podría influir en las posibilidades de lograr un embarazo. En concreto, los autores encontraron que el desequilibrio de estos microorganismos está relacionado con abortos espontáneos y menos partos tras un tratamiento de reproducción.

Para Ida Behrendt-Møller, médica y primera autora del artículo, el elemento más importante de la investigación es que intenta superar el sesgo con el que se había estudiado el microbioma y su relación con la infertilidad. “Se han realizado muchas investigaciones en el vaginal, pero no en el seminal. En el segundo, los estudios han sido pocos y muy pequeños”, sostiene la investigadora danesa.

El trabajo, realizado con parejas atendidas en dos hospitales universitarios de Dinamarca, analiza de manera simultánea tres ecosistemas microbianos: el vaginal, el intestinal femenino y el seminal masculino. Los resultados apuntan a que ciertas alteraciones del microbioma, tanto del semen como del intestino femenino, están asociadas con casos de abortos espontáneos y una menor probabilidad de lograr un nacimiento tras tratamientos.

Paradójicamente, el microbioma vaginal —el más estudiado hasta ahora— no mostró una asociación consistente con el nacimiento. Sin embargo, la autora argumenta que eso no significa que el microbioma vaginal no tenga ningún papel. “Hasta ahora solo hemos encontrado asociaciones. No hemos demostrado causalidad”, subraya Behrendt-Møller.

Previamente, algunos estudios han relacionado determinadas alteraciones bacterianas en la vagina con un mayor riesgo de problemas durante la implantación del embrión. “La teoría es que un microbioma alterado podría afectar tanto a la implantación como al mantenimiento del embarazo a través de un mayor riesgo de infecciones o mediante la activación de una respuesta inmunitaria en la mujer”, subraya la médica.

Pernille Neve Myers, bioinformática y autora del estudio, explica que el trabajo surgió para intentar demostrar esa relación. Si las parejas intercambian microorganismos de forma constante, argumenta, quizá también compartan microbiomas capaces de influir en la reproducción. “Sabemos que las parejas pueden transmitirse el VIH y otras infecciones de transmisión sexual durante las relaciones sexuales. Entonces, ¿por qué no podrían compartir también bacterias beneficiosas o potencialmente patógenas?”, señala la investigadora.

Un trabajo de casi nueve años

El estudio siguió a parejas sometidas a tratamientos de fecundación in vitro o inyección intracitoplasmática de espermatozoides, y a parejas con pérdidas gestacionales recurrentes. Lo hicieron durante nueve años.

Las autoras explican que el largo proceso respondió tanto al tiempo necesario para reclutar a las parejas participantes —muchas en situaciones emocionalmente difíciles— como al elevado coste y a lo complejo de los análisis de secuenciación genética. “Estas personas están pasando por algo sumamente complicado, pero aun así quieren participar para mejorar los tratamientos para los próximos pacientes”, comenta Behrendt-Møller.

Fueron más de 350 mujeres y cerca de 200 hombres pertenecientes a dos cohortes independientes con infertilidad o pérdidas recurrentes de embarazo los que participaron. Las pacientes tenían entre 18 y 41 años y sus parejas masculinas 18 años o más.

Tras los análisis encontraron que los casos donde el semen presentaba un perfil bacteriano similar a la vaginosis bacteriana tardaban más en conseguir el nacimiento y tenían un mayor riesgo de sufrir pérdidas.

En las parejas sometidas a fecundación in vitro, el 57% de aquellas en las que el hombre presentaba este perfil consiguió finalmente un nacimiento con vida, frente al 85% cuando ese patrón no estaba presente. Además, en ambas cohortes el riesgo de pérdida gestacional aumentó.

Los expertos identificaron un patrón denominado disbiosis seminal. “Conocemos qué bacterias consideramos perjudiciales cuando aparecen en la vagina. Así que buscamos si esas mismas bacterias estaban presentes en el semen y si podían tener potencial para influir negativamente en el microbioma genital femenino”, explica Behrendt-Møller.

Sin embargo, el mecanismo exacto permanece desconocido. “Podría afectar a la implantación o al mantenimiento del embarazo a través de la exposición de la mujer al microbioma seminal durante las relaciones sexuales”, sostiene la médica.

La investigación del intestino

Lo siguiente fue estudiar el intestino femenino. “Nuestro intestino tiene un papel muy importante en la salud y la enfermedad en general. Puede modular la respuesta inmunitaria, el metabolismo y las hormonas, factores que también pueden estar relacionados con la fertilidad”, explica la autora principal.

Las mujeres con un microbioma intestinal “más alterado” mostraron menos probabilidades de lograr un embarazo. “Sabemos que la fertilidad disminuye rápidamente después de los 35 años, pero encontramos que las mujeres con un microbioma intestinal menos alterado tenían mejores probabilidades de concebir”, señala Myers.

Plantean que esto podría estar relacionado con la inflamación, el metabolismo o la regulación inmunitaria. Pero aún no está claro. “Aún se debe comprobar si modificar el microbioma puede aumentar las probabilidades de embarazo”, advierte Behrendt-Møller.

La autora pide prudencia. “No recomendaría utilizar antibióticos porque todavía no sabemos si realmente cambiarían el microbioma del hombre o el de la mujer, ni si mejorarían los resultados reproductivos”, advierte. “Tampoco podemos decir que una dieta concreta vaya a mejorar las posibilidades de embarazo basándonos en este estudio”, afirma.

Belén Acevedo Martín, médica en la Unidad de Reproducción Asistida de la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid, está de acuerdo con esa cautela. “No se puede ver esto como la panacea de la causa de la infertilidad”, advierte la experta en ginecología y obstétrica que no participó en el estudio.

A su juicio, los hallazgos deberán reproducirse en poblaciones más amplias y diversas, ya que el trabajo se ha realizado exclusivamente con pacientes daneses. “La composición del microbioma puede variar en función de la alimentación, el origen geográfico o la genética. Todos los participantes proceden de un mismo país y sabemos que existen diferencias importantes entre poblaciones”, recuerda.

Además, considera que es necesario comparar estos perfiles con los de personas fértiles que hayan tenido embarazos sin complicaciones. “Podemos detectar una alteración en pacientes que han sufrido abortos, pero necesitamos saber si esa misma alteración también está presente en mujeres que han tenido hijos sin problemas”, sostiene.

Pese a estas limitaciones, considera que el estudio supone un avance relevante. “Hasta ahora casi toda la investigación se había centrado en el microbioma vaginal”, señala. “Este trabajo entiende a la pareja como una unidad que comparte microorganismos”, agrega la experta.

La medicina reproductiva ha dedicado esfuerzos a comprender la fisiología femenina —una deuda histórica tras siglos en los que las mujeres fueron excluidas de la investigación biomédica—, pero ese giro necesario sigue siendo sesgado. El cuerpo masculino había quedado apartado.

“Aunque una proporción muy alta de pacientes en clínicas de fertilidad recibe tratamiento por un factor masculino, muchas veces seguimos tratando principalmente a la mujer”, apunta Behrendt-Møller.

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