El transporte y el turismo fluvial caen en picado en los grandes ríos de Europa, mientras las centrales nucleares y las fábricas se asoman a la parálisis; hasta los supermercados dejan de hornear pan para ahorrar energía El transporte y el turismo fluvial caen en picado en los grandes ríos de Europa, mientras las centrales nucleares y las fábricas se asoman a la parálisis; hasta los supermercados dejan de hornear pan para ahorrar energía
Si no fuera por las corrientes y el fondo irregular, el Rin podría atravesarse a pie en Colonia. El nivel del agua es de solo … 67 centímetros en este tramo situado al oeste de Alemania, lo que representa un nuevo mínimo histórico respecto a los 69 centímetros en que se quedó el caudal durante otra histórica sequía, la del verano de 2018. El Gobierno germano mira al cielo. Confía en que las anunciadas lluvias para este martes y miércoles reviertan el proceso de desecado de la segunda gran vía fluvial de Europa junto con el Danubio, que también atraviesa su propia crisis, con grandes secciones donde aflora la arena y la grava, que han obligado a suspender el tráfico de barcos de carga y de las lanchas turísticas que proporcionan pingües beneficios a los países bañados por sus aguas.
«Los niveles de agua en el Rin son muy bajos y han seguido descendiendo en los últimos días», ha informado la Asociación Alemana para la Navegación Interior. Esta arteria es la segunda más larga de Europa occidental y no solo es importante como recurso natural, sino económico para toda la UE. Nueve países tienen una conexión directa para abastecerse de agua, alimentar las centrales hidroeléctricas y enviar y recibir mercancías. El transporte fluvial es esencial, sobre todo para la industria química y metalúrgica, las fábricas de automoción (millones de piezas se trasladan por el río cada año) y el movimiento de carbón y combustible. Más del 20% de los productos que bajan por el Rin son petrolíferos y su impacto se siente en casi toda Europa.
En junio, algunos puntos del curso sobrepasaban ligeramente el metro de altura de caudal. Esa circunstancia ya implicó que los barcos habituales debieran reducir en un 55% la capacidad de transporte. No hay leyes que impidan navegar en estas circunstancias. Depende de cada capitán arriesgarse a maniobrar en calados tan escasos. Pero lo que sí resulta forzoso es aligerar las bodegas y reducir peso para no tocar fondo. Ahora mismo, la carga que un buque era capaz de transportar la pasada primavera debe repartirse entre dos o tres embarcaciones, lo que está disparando los costes del servicio y dificulta la logística. Incluso ya no es fácil encontrar barcos libres.

(Reuters)
En algunas zonas de Alemania se prevé que los precios del combustible aumenten este agosto y en todo el país subiste el temor a que la sequía produzca un efecto de recesión nacional. No es una novedad. En 2022, las fábricas ya decretaron una situación de alerta ante el riesgo de parar sus producciones por los problemas de suministro, especialmente energéticos y de materias primas. En 2018 otro episodio similar de sequía, con una desecación espectacular de los ríos, produjo un impacto del 1,5% en la indutria y redujo un 0,4% el PIB alemán.
Dinamitar el Danubio
Aparte del Rin, el Danubio, el Elba y otras arterías menores arrojan valores de caudal mínimos. La mitad norte de Europa en general ha visto las olas de calor como un problema ajeno durante décadas y la mayoría de sus infraestructuras no se han adecuado a la realidad actual. La industria del Viejo Continente bajó un 0,3% su producción solo durante el verano pasado por las altas temperaturas y los problemas derivados del calor. Esta semana, casi la mitad del Rin presenta tramos extremadamente secos y al 78% del Danubio le sucede lo mismo. Han aparecido playas de fortuna donde antes corría el agua y grandes bancos de grava en mitad de los cauces. Y los efectos se están propagando por el continente.
En Rumanía celebran que el Danubio ha aumentado dos centímetros el caudal después de que el ejército llevara a cabo el lunes una insólita operación para dinamitar el río, volar algunas grandes rocas y conseguir así desviar el agua para refrigerar la central nuclear de Cernavodá. La misión ha dado un respiro a las autoridades, aunque los responsables de la planta calculan que solo durará unos días. De hecho, el Ministerio de Defensa prevé un nuevo operativo que podría comenzar este mismo martes consistente en destruir con explosivo los restos de barcazas hundidas en el río para eliminar obstáculos al agua.
Otra central nuclear, en esta ocasión en territorio húngaro, también se encuentra en una situación de alto riesgo. El primer ministro, Péter Magyar, asegura que la planta de Parks ha estado «a milímetros» del cierre esta pasada madrugada debido al escaso nivel de agua del Danubio. El término empleado por el jefe de Gobierno no es eufemístico. A la 1.30 horas, el Gobierno se planteó detener su actividad, pero entonces el caudal dejó de descender repentinamente. Durante la noche, la altura del agua ha subido 1,5 centímetros, lo que, según Magyar, permite mantener el funcionamiento de las turbinas, aunque solo a un 10% de su capacidad habitual.

(Reuters)
El país ha adoptado drásticas medidas de ahorro energético e hidráulico. Las restricciones de agua llegan hasta Budapest, la capital. El Gobierno ha ordenado que no circulen trenes de mercancías que se alimentan de electricidad a partir de las cinco de la tarde y ha apagado los monumentos, incluido el propio Parlamento. También las empresas han comenzado a aportar su granito de arena hasta límites insospechados. Algunas han restringido las recargas de coches eléctricos: ninguna batería se puede conectar a la red en sus aparcamientos durante la tarde y la noche. Alrededor de 300 fábricas han reorganizado los turnos de trabajo nocturnos para aprovechar las horas de luz y la Administración ha dado instrucciones de impulsar el teletrabajo. La cadena de supermercados Lidl incluso ha dejado de hornear pan a partir de las cinco de la tarde y desconectado su iluminación exterior.
Todo vale en una carrera contra el tiempo, asegura el primer ministro húngaro. Magyar ha advertido que el país deberá administrar al máximo la energía, pues las condiciones meteorológicas no parecen dar tregua, con temperaturas previstas de hasta 40 grados centígrados.
La sequía de los ríos ha causado ya un daño considerable en el turismo fluvial, que proporciona elevados beneficios al sureste de Europa. Basta el dato de 2025 en el Danubio, que fue navegado por 1,5 millones de personas. Ahora, en cambio, resulta complicado encontrar barcazas que no estén varadas y cruceros que cubran las rutas tradicionales.
Se han producido casos singulares como el del ‘Viking Ullur’, un barco turístico que el pasado 28 de julio se salió del canal navegable y embarrancó a la altura de la ciudad búlgara de Vidin. Sus 186 pasajeros y 52 tripulantes tuvieron que ser rescatados mediante pequeñas embarcaciones que no tocaran fondo ante la falta de nivel de agua. También el crucero de gran lujo ‘Thurgau Gold’ se topó el 16 de julio con un gran banco de arena en Bonn. Mientras, en Hungría, los idílicos barcos turísticos que recalan en su capital se quedan a 90 kilómetros de distancia debido a que no hay calado. Los pasajeros completan el trayecto en autobús.
Turistas de sequía
Todo este cúmulo de inconvenientes, que las navieras tratan de sortear con barcos más ligeros o rutas alternativas, ha provocado este verano una cascasa de cancelaciones, gravosas para las economías del Danubio y el Rin, pero también para las de otros cursos como el Elba y el Loira. Las excursiones fluviales atraen a cientos de miles de extranjeros, incluido un notable sector de turistas de alto poder adquisitivo, que mejoran las economías de los países ribereños. Solo en Hungría, el 13% del PIB depende del turismo.
Como contrapartida a esta ya palpable crisis, los cauces secos han deparado alguna que otra sorpresa. El mundo de la ciencia se ha visto gratamente sorprendido por la aparición en Ruse (Bulgaria) de los restos de un mamut lanudo mientras en Serbia la bajada del caudal ha hecho aflorar los restos de un barco nazi hundido durante la Segunda Guerra Mundial.
Este último hallazgo ha generado un incipiente «turismo de sequía», como algunos denominan a los numerosos curiosos que se acercan al navío en pequeños botes para verlo de cerca. A falta de bellos cruceros por Viena o Bucarest, el interés por descubrir lo que todavía ocultan los grandes ríos de Europa se ha reavivado. Abundan los restos arqueológicos, antiguas inscripciones en piedra sumergidas durante décadas o siglos, viejos mercantes y barcazas naufragadas, pero tambien los 200 barcos de guerra que los nazis perdieron o hundieron durante su retirada hace más de 80 años en estas aguas y que ahora estudiosos y aficionados a la historia consideran posible recuperar.
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