El aparato que persiguió al frutero Yurii en Jersón es un ejemplo de cómo los invasores utilizan los drones para aterrorizar a la población que reside cerca del frente El aparato que persiguió al frutero Yurii en Jersón es un ejemplo de cómo los invasores utilizan los drones para aterrorizar a la población que reside cerca del frente
Hacer la guerra a los mandos de un dron se asemeja mucho a la experiencia de un videojuego. Lo reconocen los propios operadores ucranianos que … atacan las líneas rusas. «Lo hacemos todo a través de pantallas que nos distancian de lo que sucede. Sabemos que no es un juego, pero es mucho más fácil deshumanizar al enemigo cuando es una mancha térmica que cuando se le tiene encañonado con el fusil de la infantería y suplica clemencia», explica ‘Flecha’, el piloto principal de un equipo de drones escondido en un búnker a pocos kilómetros del frente, en la región de Donetsk.
Las operaciones nocturnas en las que participamos confirman lo que dice. Solo sale del agujero en el que se guarecen el ingeniero que monta los explosivos en el dron Vampiro, un aparato originalmente desarrollado para trabajos agrícolas que ahora es capaz de montar cuatro granadas o una bomba de hasta diez kilos de peso. «Sabemos que estamos menos expuestos, así que podemos correr riesgos que jamás asumiría un soldado sobre el terreno. No nos gusta perder el dron, pero la recompensa si logramos nuestro objetivo merece la pena arriesgarse, porque no morimos en el intento», cuenta mientras el ojeador le guía hacia donde se encuentran escondidos varios soldados rusos. Aparecen en imagen como manchas grises, pero, poco a poco, se pueden distinguir mejor sus cuerpos. No lo suficiente como para llegar a reconocerlos, porque el Vampiro suelta su carga mortal desde cierta altura y regresa a la base.
(Zigor Aldama)
«Es muy diferente lo que sucede con los drones FPV», relata al lado de Flecha un compañero más acostumbrado a guiar con sus gafas interactivas los pequeños drones kamikazes. «Con estos aparatos sí que podemos ver claramente sus caras, y perseguimos al enemigo hasta darle caza», señala sin remordimiento alguno, refiriéndose a los invasores por el apodo que reciben habitualmente en Ucrania: orcos. «Es una adrenalina similar a la del combate, pero desde la seguridad del búnker», explica.
Este equipo únicamente ataca objetivos militares, pero reconoce que disfruta haciendo correr a los soldados rusos antes de darles caza. El último vídeo del aparato sirve para confirmar la operación y también como trofeo. No en vano, las redes sociales ucranianas están llenas de clips en los que se muestran los últimos momentos de quienes son acechados por el dron: desde aquellos que tratan de derribarlo a balazos, o incluso lanzándole el fusil en un último acto de desesperación, hasta quienes parecen haber aceptado su suerte y apenas se mueven. Se busca la máxima humillación del enemigo: un objetivo mientras está haciendo sus necesidades es especialmente preciado.
Puede ser una sensación muy golosa para algunos, tanto dentro como fuera de los círculos militares. Es lo que se ha demostrado con el vídeo publicado el martes en el que se ve cómo un dron kamikaze ruso persigue a un frutero ambulante de Jersón alrededor de la furgoneta en la que este hombre de 52 años vende el género. Trata de evadirse de él pero, al final, el operador decide detonar el aparato contra el suelo. Afortunadamente, la explosión no mató a Yurii, solo le causó heridas graves en ambas piernas y en la espalda. Pero sobrevivirá. «Le estaba señalando al dron las verduras -para que entendiese que era un civil-, pero empezó a volar directamente hacia mí», ha recordado en una entrevista. Su mujer logró escapar corriendo, pero la furgoneta, su herramienta de trabajo, ha quedado destrozada y ahora su principal preocupación es cómo alimentar a la familia en esta situación.
No es un caso aislado. A raíz de la viralidad de las imágenes y de lo inequívoco del crimen de guerra, diferentes cuentas ucranianas han comenzado a difundir los vídeos que los propios rusos graban para enorgullecerse del terror que infunden con sus drones sobre la población civil que resiste en las ciudades cercanas al frente, como es el caso de Jersón, dividida por el río Diéper. Al este se encuentran las tropas rusas, mientras que el oeste continúa bajo control de Kiev desde su liberación. Es una distancia perfecta para los drones, que pueden volar bajo entre las calles.
Los clips muestran aparatos atacando a gente que está trabajando en la reparación de un tejado, que camina con las bolsas de la compra o que se mueve en un coche particular. El año pasado, en la localidad de Pravdyne, un bebé de un año fue ejecutado «deliberadamente y sin piedad» por otro dron mientras jugaba en el patio de la casa de su abuela.
Incluso el presidente Volodímir Zelenski se ha referido a estas operaciones, consideradas a menudo entrenamiento para los pilotos, como ‘safaris humanos’. «La gente común en Jersón los sufre todos los días», afirmó, añadiendo en referencia al caso de Yurii que «los rusos incluso admitieron el crimen, mostrando cero arrepentimiento y jactándose abiertamente de atormentar a la gente».
(Zigor Aldama)
A pesar del carácter gráfico de las imágenes, Zelenski las difundió en sus redes personales. «El mundo debe ver esto. Debe ver cada prueba de que Rusia ha enloquecido y de que sus soldados se deleitan matando y maltratando a civiles», argumentó. Desde Jersón, la impresión es la misma. «Las tropas rusas simplemente persiguen a la gente, impidiéndoles ganar un centavo. La vida aquí es como jugar a la ruleta rusa, y tenemos miedo incluso de salir de casa», declaró un residente llamado Suprunenko al diario ‘Kyiv Independent’, al que también relató cómo cada vez las salidas del domicilio son más cortas y siempre tratando de caminar bajo los árboles para evitar ser blanco de los ‘safaris humanos’.
Es un término que remite inmediatamente a los que supuestamente se organizaban en Sarajevo, para que occidentales adinerados pudiesen poner a prueba su puntería con la población civil. De hecho, cada vez son más las voces que consideran la posibilidad de que Rusia esté promoviendo lo mismo pero con drones. «Sería una buena fuente de ingresos extraoficial», comenta Flecha por Telegram. No hay pruebas de que esto esté sucediendo, pero las sospechas de forma proporcional al número de casos como el de Yurii.
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