El histórico descenso del caudal del Danubio, provocado por las sucesivas olas de calor y la intensa sequía que afectan a buena parte de Europa, continúa sacando a la luz vestigios ocultos bajo sus aguas desde hace siglos. En las últimas semanas han aparecido desde buques alemanes hundidos durante la Segunda Guerra Mundial y bombas sin detonar hasta restos de un mamut lanudo. Sin embargo, el hallazgo más reciente ha sorprendido a la comunidad científica por su extraordinario valor arqueológico: los cimientos de un puente romano considerado una de las mayores obras de ingeniería de uno de los periodos más fascinantes y misteriosos de la historia mundial. El Museo Regional de Historia de Pleven, en el norte de Bulgaria, reveló este jueves que un equipo de investigadores logró documentar el pasado 4 de agosto los restos del denominado Puente de Constantino, una infraestructura que unía las dos orillas del Danubio hace más de 1.700 años. La institución calificó el puente como uno de los logros de ingeniería más impresionantes de la Antigüedad.
El descenso del caudal muestra los cimientos del Puente de Constantino, una de las mayores obras de ingeniería del Imperio romano, que unía tierras de lo que hoy son Bulgaria y Rumania
El histórico descenso del caudal del Danubio, provocado por las sucesivas olas de calor y la intensa sequía que afectan a buena parte de Europa, continúa sacando a la luz vestigios ocultos bajo sus aguas desde hace siglos. En las últimas semanas han aparecido desde buques alemanes hundidos durante la Segunda Guerra Mundial y bombas sin detonar hasta restos de un mamut lanudo. Sin embargo, el hallazgo más reciente ha sorprendido a la comunidad científica por su extraordinario valor arqueológico: los cimientos de un puente romano considerado una de las mayores obras de ingeniería de uno de los periodos más fascinantes y misteriosos de la historia mundial. El Museo Regional de Historia de Pleven, en el norte de Bulgaria, reveló este jueves que un equipo de investigadores logró documentar el pasado 4 de agosto los restos del denominado Puente de Constantino, una infraestructura que unía las dos orillas del Danubio hace más de 1.700 años. La institución calificó el puente como uno de los logros de ingeniería más impresionantes de la Antigüedad.
“Se trata del puente más largo construido sobre el Danubio”, explicó el museo en una publicación difundida en Facebook. Levantado a comienzos del siglo IV d.C. por orden del emperador Constantino I, fue inaugurado en el año 328 d.C. y alcanzaba una longitud aproximada de 2,4 kilómetros, de los cuales unos 1.130 metros salvaban el cauce. Según los historiadores, la estructura descansaba sobre unos pilares de piedra y mortero, y contaba con una plataforma de madera de unos 5,7 metros de ancho situada a unos 10 metros sobre el nivel del agua, según los historiadores. En cada extremo había estribos que también servían de portales.
El puente enlazaba la ciudad romana de Ulpia Oescus, ubicada en la actual Bulgaria, con la fortaleza de Sucidava, hoy en territorio de Rumania, consolidando una ruta estratégica destinada tanto al comercio como al desplazamiento de tropas a lo largo de la línea divisoria danubiana del dominio romano, en un momento en el que Roma estaba consolidando su frontera norte.
Pese a la magnitud de la obra, el puente permaneció en funcionamiento durante un periodo relativamente breve.
Los especialistas creen que quedó destruido en gran parte hacia el año 367 d.C., probablemente como consecuencia de los conflictos y las invasiones que afectaron a la región durante el Bajo Imperio romano. Los expertos argumentan que, durante la campaña contra los godos en el 367, el emperador Valente atravesó el Danubio utilizando un puente de barcos en Constantiana Daphne —un fuerte romano mandado a construir por el emperador Constantino también conocido como el Grande en la orilla norte del río Danubio—, lo que sugiere que el Puente de Constantino ya no estaba en funcionamiento en aquel momento.
El hallazgo fue posible gracias a una campaña de fotografía aérea realizada cerca de la localidad búlgara de Gigen. Aprovechando el excepcional descenso del nivel del río, los especialistas localizaron varios tramos visibles de los cimientos y emplearon drones para cartografiar los restos, documentar su trazado y evaluar su estado de conservación. “Para los arqueólogos, estos momentos son extremadamente valiosos porque la naturaleza revela brevemente un objeto que permanece oculto bajo el Danubio la mayor parte del tiempo”, explicó Pavel Popov, miembro del equipo investigador. “Nos brinda una oportunidad única para observarlo, documentarlo y estudiarlo en su entorno original”, prosiguió.
Este descubrimiento coincide con uno de los episodios de estiaje más severos registrados en el Danubio en las últimas décadas. Las altas temperaturas y la ausencia prolongada de precipitaciones desde mayo han reducido el caudal del segundo río más largo de Europa hasta niveles mínimos históricos en varios de sus tramos. La situación está afectando a la navegación comercial, dificultando el transporte de mercancías y generando problemas para la producción energética y el abastecimiento de agua en algunas zonas ribereñas.
Otros vestigios históricos
El Danubio, que recorre cerca de 2.850 kilómetros y atraviesa diez países antes de desembocar en el mar Negro, se ha convertido así en un inesperado escaparate arqueológico. La bajada de las aguas ha puesto de relieve numerosos testimonios de distintas épocas de la historia europea. Entre ellos figuran varios buques de guerra alemanes hundidos intencionadamente durante la retirada del ejército nazi en el otoño de 1944, así como proyectiles y explosivos que todavía permanecían ocultos bajo el lecho del río en Serbia y Hungría.
Aunque cascos oxidados, mástiles y otros restos de barcos que pertenecieron a la flota alemana del Mar Negro ya habían emergido parcialmente durante anteriores periodos de sequía, los descubrimientos de este verano han sido especialmente numerosos. El pasado 29 de julio, el Museo Regional de Historia de Ruse, también al norte de Bulgaria, informó del hallazgo fortuito de restos de un mamut de miles de años de antigüedad en la ribera del Danubio, próximo al pueblo de Ryahovo. Los investigadores recuperaron un fémur, dos colmillos, un fragmento óseo que podría corresponder a una costilla y una mandíbula inferior con dos grandes dientes, piezas que ayudarán a conocer mejor la fauna que habitó la región durante la última glaciación.
Los expertos advierten de que estos hallazgos representan una oportunidad científica excepcional, pero también constituyen un recordatorio de los efectos cada vez más visibles del cambio climático sobre los grandes ríos europeos. El descenso del caudal facilita el acceso a restos históricos normalmente inaccesibles, aunque al mismo tiempo expone estos yacimientos a un mayor riesgo de deterioro, expolio y erosión si no son documentados y protegidos con rapidez.
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