Las altas temperaturas desencadenan una crisis sin precedentes en el territorio galo, el tercer productor de pollo de la Unión Europea Las altas temperaturas desencadenan una crisis sin precedentes en el territorio galo, el tercer productor de pollo de la Unión Europea
La ola de calor que abrasó Europa la semana pasada y que solo en Francia provocó la muerte de más de 2.000 personas … también ha generado consecuencias devastadoras en la ganadería. Las temperaturas extremas han acabado con la vida de cientos de miles de gallinas en el tercer país productor de pollo de la Unión Europea. La muerte repentina de las aves ha colapsado las plantas encargadas de recoger y tratar los cadáveres, que se han visto sobrepasadas ante el volumen de la demanda. La acumulación de animales muertos ha obligado al Gobierno a autorizar enterramientos excepcionales, mientras aumenta la preocupación por el impacto en las cosechas y el posible encarecimiento de algunos alimentos.
La crisis ha golpeado especialmente las regiones de Bretaña y Países del Loira, las dos regiones avícolas del país, que concentran el 60% de la producción nacional. Aunque todavía no existen cifras oficiales, la Cámara de Agricultura de Bretaña ya habla de «muertes masivas» en las explotaciones.
Stéphane Delapré, avicultor de Beauvoir-sur-Mer, al suroeste de Nantes, ha declarado al diario francés ‘Le Figaro’ que la mitad de sus gallinas «murieron asfixiadas por el calor, tanto las que estaban en los gallineros como las que estaban bajo los árboles». El productor instaló ventiladores para intentar rebajar la temperatura, pero el mercurio alcanzó los 41 grados. «No pudimos hacer nada», se lamenta. «En 42 años de profesión nunca había visto nada igual», advierte quien ha dedicado toda su vida a la ganadería.
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Las aves figuran entre los animales más vulnerables a los episodios de calor extremo. Al no poder sudar y estar cubiertas de plumas, apenas disponen de mecanismos para regular su temperatura corporal. Cuando el calor supera sus límites vitales, recurren al jadeo para intentar refrigerarse, un esfuerzo que puede provocarles deshidratación, agotamiento e incluso la muerte.
Cultivos afectados
Ni siquiera las gallinas criadas al aire libre, como las de Delapré, escapan a este riesgo. Sin embargo, la amenaza es mayor en las explotaciones industriales de pollos de engorde. Estas aves alcanzan su tamaño adulto –el peso ideal antes de ser sacrificadas– en apenas cinco semanas y su rápido metabolismo genera una gran cantidad de calor interno, lo que incrementa todavía más su vulnerabilidad ante las condiciones climáticas extremas como las de estas últimas semanas.
El cambio climático y el aumento de las temperaturas plantean desafíos cada vez mayores para la agricultura y la ganadería. Los productores han reforzado las medidas de protección con ventiladores, sistemas de extracción de aire, nebulizadores y suplementos minerales en el agua para aliviar el estrés térmico. Sin embargo, cuando el mercurio supera los 35 grados, estos esfuerzos apenas logran reducir las pérdidas.
La preocupación crece también por el momento en el que ha llegado este episodio extremo. A diferencia de la histórica ola de calor de 2003, que tuvo lugar en agosto, cuando buena parte de la cosecha ya se había recogido, este año las temperaturas se han disparado en junio. Ese adelanto amenaza la producción agrícola y aumenta el temor a las pérdidas que podría ocasionar en el cultivo de frutas y hortalizas.
En Alto Saona, una de las principales zonas productoras de cereza al este de Francia, los agricultores alertan de que el calor abrasador está «quemando» la fruta que todavía madura en los árboles. El sector teme que la cosecha final apenas alcance las 150 toneladas, muy lejos de las 400 previstas al inicio de la campaña.
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