
De hacer la retransmisión oficial del eclipse solar total de 2024 para todo Estados Unidos a poder vivir el siguiente en su país, que será el único del mundo en el que pueda verse con garantías. El astrofísico español Jorge Pérez Gallego cree que, a apenas dos semanas, es crucial incidir en los sentimientos, en las emociones que provoca “este evento natural, de una magnitud inimaginable si no lo has visto antes”. De cara al 12 de agosto, se siente en la obligación de compartir información clave y también su experiencia personal con los eclipses de máxima categoría.
Para el español que dirige la comunicación del Observatorio Nacional Solar de EE UU, las sensaciones únicas que produce el fenómeno astronómico van más allá de lo que la ciencia puede explicar
De hacer la retransmisión oficial del eclipse solar total de 2024 para todo Estados Unidos a poder vivir el siguiente en su país, que será el único del mundo en el que pueda verse con garantías. El astrofísico español Jorge Pérez Gallego cree que, a apenas dos semanas, es crucial incidir en los sentimientos, en las emociones que provoca “este evento natural, de una magnitud inimaginable si no lo has visto antes”. De cara al 12 de agosto, se siente en la obligación de compartir información clave y también su experiencia personal con los eclipses de máxima categoría.
Insiste en la necesidad de internarse en la franja de totalidad. No vale con quedarse cerca. Estar a unas décimas o centésimas del 100% significa perderse aquello que hace extraordinario el fenómeno, cuenta por videollamada a EL PAÍS. Pérez Gallego (Terrassa, Barcelona, 45 años) es director de Educación, Divulgación y Comunicaciones en el Observatorio Nacional Solar de EE UU. Doctor en Astronomía y máster en Bellas Artes, combina dos sensibilidades que le llevan a reivindicar el arte como una forma complementaria de comunicar cómo España va a vivir este eclipse total, en 31 provincias que no volverán a ver uno hasta el año 2180.
Pregunta. Tres semanas después de ganar el Mundial, España volverá a vivir una celebración masiva con este eclipse. ¿Podemos esperar que deje una huella comparable?
Respuesta. Sí. Resulta que el Mundial lo hemos ganado dos veces en 16 años. Un eclipse total, si no te mueves de la zona en la que vives, de media tendrías que esperar entre 300 y 400 años para que volviese a suceder. Es decir, lo normal es que, con suerte, sea un evento único en la vida de una persona. La gente se va a acordar de dónde estaba y con quién estaba durante el eclipse, de modo parecido a cómo recordamos el día del atentado de las Torres Gemelas, una tragedia que también nos marcó. Esta vez, además, el recuerdo será positivo. Y nos va a generar un montón de preguntas, especialmente a muchos niños. El cómo les busquen respuesta va a marcar también sus vidas. Será una semilla que puede brotar en múltiples direcciones, generando vocaciones en ciencia, pero también en arte, humanidades y filosofía.
Apostaría dinero a que también va a convertir a adultos, que no sean aficionados a la astronomía, en nuevos cazadores de eclipses. En verdaderos adictos a perseguirlos por el mundo para volver a experimentar esas sensaciones.
P. ¿Hasta qué punto ver un eclipse total nos hace sentir cosas nuevas?
R. Bueno, en lugar de “ver”, me gusta más utilizar la palabra “experimentar”, porque lo que sucede implica a más sentidos que la vista. No solo está el factor visual. Cuando se oscurece el cielo, notarás un brusco descenso de temperaturas que, a su vez, puede generar corrientes de aire. Y, si estás en plena naturaleza, escucharás cómo los animales se callan. Todo eso va a suceder aunque, en el lugar en el que estés, las nubes o una montaña te impidan ver directamente el fenómeno.
Y si nada te lo tapa, tendrás ante tus ojos el Sol más extraño de tu vida: se habrá vuelto oscuro y a su alrededor habrá surgido una corona blanca. También podrás contemplar estrellas o planetas muy cerca de él. Cosas que nunca podemos ver porque nos las tapa el brillo cegador del disco solar.
P. Nos está haciendo un gigantesco espóiler del eclipse. ¿Y si luego no sentimos cosas a la altura de las expectativas que nos está creando?
R. Da igual que lo destripe. Aun así, creo que la mayoría de la gente no estará preparada para vivirlo. Yo no estaba preparado, y eso que soy astrofísico. Conocía lo que iba a suceder y comprendía su valor científico. Me sabía la teoría al dedillo, pero de repente, en el momento en que sucede, hay un factor muy personal. Es algo que trasciende a lo que la ciencia puede explicar y que va a depender de tu bagaje: de tu formación, de connotaciones culturales y de todo lo que hayas vivido hasta ese momento.
Hay gente que va a gritar, hay gente que va a llorar, hay gente que va a comenzar a pensar en familiares con los que ya no lo pueden compartir, hay gente que se va a ilusionar con el futuro. El espectro de sentimientos que un eclipse puede sembrar en los seres humanos es tan amplio como el número de personas que hay en el mundo.
P. A quienes piensan que no va a ser para tanto, ¿qué les dice?
R. Mira, yo lo primero que les digo es: “Puede ser, puede ser, pero date una oportunidad porque es la única que vas a tener en tu vida”. Luego les cuento mi experiencia personal y comparto la información que considero más relevante, y espero que eso les ayude a tomar una decisión sobre lo que quieren hacer. Si no quieren verlo, pues siempre va a haber gente con un interés que no sea afín, como quienes durante la final del Mundial prefirieron salir a dar un paseo, y me parece perfecto.
P. ¿Qué información da a quienes dudan?
R. Lo primero que les digo es que un eclipse del 99,99% no tiene nada que ver con un eclipse total. Ese 0,01% restante puede parecer pequeño, pero es la diferencia entre el día y la noche. Literalmente. No es una metáfora, es que el Sol es tan brillante que, si el eclipse es parcial, aunque sea muy profundo, el pedacito que queda sigue brillando muchísimo, lo suficiente como para que siga siendo de día. Aunque un instrumento pueda medir un descenso de la luminosidad, nosotros no podemos apreciarlo a simple vista. Solo en un eclipse del 100%, realmente se hace de noche, aunque sea breve y extraña. Solo en ese momento podrás quitarte las gafas de protección y ver lo que siempre está oculto.
Así que, si alguien está en un lugar que tendrá un eclipse parcial del 99,9% de eclipse y me pregunta: “¿Vale la pena conducir media hora para internarse en la banda de totalidad?“, la respuesta es que sí.
P. Y sobre su experiencia personal en los eclipses de 2017 y 2024 en EE UU, ¿qué es lo que destacaría, para bien y para mal?
R. Lo mejor fue poder ver el de 2017 con mis dos mejores amigos en medio del Estado de Oregón. Siendo los tres astrónomos, y conociendo el fenómeno, a los tres nos hizo sentir cosas muy diferentes; recuerdo que lo hablamos largo y tendido. Lo peor fue el atasco de varias horas cuando, tras el eclipse, emprendimos el regreso.

P. Tres astrónomos, viviendo esa experiencia única en medio de un paraje natural. Tendrán unas fotos espectaculares del eclipse…
R. Pues no. Nos dedicamos a vivirlo, que es lo que le recomiendo a la gente, sobre todo si es su primero total. Si no eres experto en astrofotografía, no intentes hacerle fotos: disfruta de lo que te haga sentir, sin nada de por medio. Es igual que mucha gente que va al concierto de Bad Bunny y siente la necesidad de documentarlo.
P. Bueno, ¿en qué se parece un eclipse total a un concierto?
R. Se pueden comparar. Siempre que experimentes el eclipse total acompañado, claro. Entonces se crea una energía similar a la de un concierto de tu artista favorito, a la de cantar un gol. Te sientes parte de un grupo experimentando algo; te contagias de la energía de quien está viviendo el concierto contigo. Y yo, sin juzgar a quien lo graba, prefiero estar allí presente, sin que estar pendiente de la cámara me robe parte de mi experiencia. Con el eclipse, sucede algo parecido. Además, con un teléfono móvil no va a quedar bien, no se va a parecer a esas fotos profesionales que nos fascinan de un eclipse total, con la corona solar y las perlas de Baily.
Una cosa que sí puedo recomendar a la gente es que deje una cámara grabando sus reacciones y se olvide de ella. Mi vídeo favorito del eclipse de 2017 es el de un niño, pillado por una cámara en una observación pública, que tiene una reacción increíble. Siempre que lo enseño en una charla, alguien me dice: “Yo quiero verlo, quiero sentir algo así”.
P. Ese niño es como el Keyne Yamal de los eclipses.
R. Ehhh, sí, es un poco como ver al hermano de Lamine Yamal. La reacción del niño motiva más a la gente para querer ver un eclipse total que la foto del fenómeno astronómico en sí.
P. ¿Cómo va a vivir el día del eclipse usted?
R. Yo, después de mucho tiempo en EE UU, por fin podré ver un eclipse total en el país en el que nací, con mucha de la gente que quiero y con la que me hice persona. En lo profesional, también tengo la suerte de que el Instituto de Astrofísica de Canarias me haya reclutado para el proyecto NATE, que investigará la corona solar —aprovechando las condiciones únicas de un eclipse total— y que hará divulgación de este fenómeno en la España vaciada. Estaremos esos días en Palencia y en varios pueblos de la provincia. Cuando se acerca un eclipse, todo el mundo presta atención al Sol y nos escucha. Para los físicos solares es como si fuese el día de Navidad.
P. ¿Usted se va a sentir protagonista el 12 de agosto como un niño el día de Navidad?
R. Más bien como Santa Claus. Porque el día del eclipse, somos los astrónomos quienes traemos los regalos.
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