Íñigo Pérez, tras la derrota: “Lo que te rompe por dentro es ver a la gente llorar”

No pudo ser para el Rayo y el barrio de Vallecas. El gol de Mateta. Ese maldito gol que despertó del sueño a todo hincha del equipo de la Franja. La tristeza se palpaba con las lágrimas que caían como una cascada de los ojos de muchos aficionados. Eran lágrimas de desilusión. Pero también de orgullo. Orgullo de un equipo que se ha repuesto pese a las adversidades y los obstáculos que se le pusieron por el camino durante toda la temporada y que luchó hasta el pitido final del árbitro. La derrota del Rayo no mancha la imagen de una afición y un equipo que viven hermanados. Hasta dos veces se plantaron los jugadores frente a los más de 12.000 vallecanos desplazados a Leipzig: antes y después de recoger la medalla de subcampeones. “Lo que te rompe por dentro es ver a la gente llorar. Te destroza”, dijo el técnico Íñigo Pérez en Movistar+ minutos después de caer en la final.

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 El técnico navarro se rinde ante una afición que sintió tristeza y orgullo por su equipo tras caer en la final de la Conference ante el Crystal Palace  

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El técnico navarro se rinde ante una afición que sintió tristeza y orgullo por su equipo tras caer en la final de la Conference ante el Crystal Palace

Iñigo Pérez, tras la ceremonia de medallas de la final de Leipzig.Alex Grimm (Getty Images)
J. M. Benítez

No pudo ser para el Rayo y el barrio de Vallecas. El gol de Mateta. Ese maldito gol que despertó del sueño a todo hincha del equipo de la Franja. La tristeza se palpaba con las lágrimas que caían como una cascada de los ojos de muchos aficionados. Eran lágrimas de desilusión. Pero también de orgullo. Orgullo de un equipo que se ha repuesto pese a las adversidades y los obstáculos que se le pusieron por el camino durante toda la temporada y que luchó hasta el pitido final del árbitro. La derrota del Rayo no mancha la imagen de una afición y un equipo que viven hermanados. Hasta dos veces se plantaron los jugadores frente a los más de 12.000 vallecanos desplazados a Leipzig: antes y después de recoger la medalla de subcampeones. “Lo que te rompe por dentro es ver a la gente llorar. Te destroza”, dijo el técnico Íñigo Pérez en Movistar+ minutos después de caer en la final.

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Mateta 50′

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RAY

Rayo

La grada, que siguió animando a su equipo tras los 90 minutos, reconoció el esfuerzo realizado de sus futbolistas. “No conocí mayor victoria que contigo en una derrota”, se leía en una pancarta desplegada en el fondo del Leipzig Stadium. El técnico navarro se rindió ante el orgullo mostrado por todos los vallecanos. “Esto es eterno, no tengo palabras para poder agradecerlo. Si algo he aprendido del rayismo es la aceptación del sufrimiento y de las dificultades que encontramos. Esa es nuestra esencia. Estoy muy orgulloso de los jugadores, del barrio y de todo lo que representan”.

El técnico se mostró abatido al llegar a sala de prensa. Cabizbajo se acercó a su asiento y dio un largo sorbo al vaso de agua. “Siento mucho dolor, rabia y tristeza porque una oportunidad como esta se nos ha escapado. El primer impacto te duele, te deja totalmente sin fuerza”. Tan grande es el dolor que aseguró no querer ver la final de nuevo como aquellas de Europa League y Copa del Rey que perdió cuando vestía de corto en el césped en el Athletic. “Esta es más difícil de digerir. Ellos se han encontrado más cómodos. El primero que marca recibe un impulso para ir hacia adelante y para soportar el empuje del equipo rival. Cuando ves sus caras te derrumbas. Sientes qué habría pasado si hubiéramos ganado y te da rabia”, lamentó el entrenador.

Algunos futbolistas como Isi estaban abatidos después del partido. El murciano apenas pudo hablar en los micrófonos. Otros como Jorge de Frutos pidieron perdón a una afición que se negaba a abandonar el estadio. Un estadio al que, un par de horas antes del partido, quería entrar un niño cuanto antes. Un pequeño aficionado del Rayo le rogaba a su madre entrar al lugar lo más pronto posible para ver a su equipo hacer historia independientemente del resultado. Terminado el partido, por los pasillos se escuchaban lamentos y aficionados a los que las lágrimas se les acabaron. “Ya no puedo llorar más”, decía uno de ellos con la cabeza alta.

Orgullo y tristeza, dos sentimientos opuestos, que saben ir juntos. “El camino fue hermoso. Llegamos hasta acá y desgraciadamente las finales se deciden en detalles. Me quedo con el viaje. Esto no se te va nunca. Perder una final duele de por vida. La recordaremos con un poco de alegría pero con muchísimo dolor”, cerró el portero Augusto Batalla.

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