He consumido suficientes cantidades de fútbol y ciencia ficción como para saber detectar la presencia de extraterrestres sobre un terreno de juego en cuanto los veo y Endrick Felipe Moreira da Sousa, con apenas dieciocho años y esa cara de niño que no sabe uno si avisar a sus padres por megafonía o demandarlos, lo es. Posiblemente, de la raza klingon, criaturas educadas para la batalla que jamás dan un balón por perdido y camuflan su voracidad escuchando ópera, depredadores con la portería rival entre ceja y ceja, humanoides orgullosos y desaprensivos cuya única misión en la vida es trascender. Los mejores bardos del planeta Kronos escribirán canciones sobre sus gestas que otros klingon del futuro entonarán durante las interminables noches de celebración: aquí queda dicho.
Todo lo hace fácil un chico con pronta fama de difícil al que su entrenador trata de explicar qué es el Madrid y cuánto cuesta escalar la montaña
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Todo lo hace fácil un chico con pronta fama de difícil al que su entrenador trata de explicar qué es el Madrid y cuánto cuesta escalar la montaña


He consumido suficientes cantidades de fútbol y ciencia ficción como para saber detectar la presencia de extraterrestres sobre un terreno de juego en cuanto los veo y Endrick Felipe Moreira da Sousa, con apenas dieciocho años y esa cara de niño que no sabe uno si avisar a sus padres por megafonía o demandarlos, lo es. Posiblemente, de la raza klingon, criaturas educadas para la batalla que jamás dan un balón por perdido y camuflan su voracidad escuchando ópera, depredadores con la portería rival entre ceja y ceja, humanoides orgullosos y desaprensivos cuya única misión en la vida es trascender. Los mejores bardos del planeta Kronos escribirán canciones sobre sus gestas que otros klingon del futuro entonarán durante las interminables noches de celebración: aquí queda dicho.
Le ocurre a Endrick lo que a tantos otros fichajes millonarios del Real Madrid: que el público quiere recuperar la inversión a los cinco minutos de vestirlos de blanco, club amasado sobre los principios más estrictos del capitalismo donde hasta los aficionados más jóvenes acuden al estadio para, lo primero, exigir a sus futbolistas que se comporten como hombres, un rasgo fundamental entre una hinchada que solo admite la victoria y es capaz de despreciar hasta el esfuerzo cuando este resulta en vano. No importa la edad. No importa el origen. El Madrid es solo Madrid, Madrid, Madrid y nada más: lo dicen las sagradas escrituras. Las ambiciones personales de sus futbolistas quedan siempre relegadas a un segundo plano en el que Endrick debe aprender a gestionar los tiempos, los galones y, más pronto que tarde, las altísimas expectativas que su calidad innata empieza a despertar entre los incrédulos.
Apenas ha jugado cuatro ratos desde su llegada, que es la medida oficial de tiempo para los suplentes del Real. Cuatro ratos en los que el brasileño ha desplegado todas las características que apuntaban sus descubridores cuando convencieron a Florentino Pérez de aflojar la pasta y poner todas sus fichas a un talento de apenas 15 años con tendencia a engordar más de la cuenta, o eso decían sus detractores en origen. Un niño, al fin y al cabo, que podía salir dragón o rana, pues a esas edades podrá saber uno si quiere ser futbolista, pero no todo lo demás. La vida es un viaje largo que te puede atropellar en cada esquina, especialmente mientras empieza a brotarte la barba, aunque todo apunta a que Endrick comprendió muy pronto los peligros de la fama repentina y escapó a los brillos del profesionalismo con apenas unas gafas de sol.
Tiene algo en la carrera que recuerda a otros bisontes brasileños —no diré nombres para no azorar a los más asustadizos— y frente a la portería rival imagina soluciones sencillas que terminan, casi siempre, con resultados espléndidos: allí donde tantos otros cierran los ojos y patean al infinito, Endrick escudriña los espacios y le busca acomodo al cuero con el tacto de esas madres capaces de convertir una leonera en la biblioteca del emperador con apenas apilar, de modo correcto, unos pocos libros. Todo lo hace fácil un chico con pronta fama de difícil al que su entrenador trata de explicar qué es el Madrid y cuánto cuesta escalar la montaña, un ejercicio estéril cuando hablamos de una criatura que parece caída del cielo y es capaz de levantar las casas por el tejado. Que se lo pregunten a los futbolistas de la Real Sociedad, convencidos de que se enfrentaban al pequeño E.T. hasta que se sorprendieron, al descanso, preguntándole a Google cómo se defiende a Predator.
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