El último GP de Fórmula 1 en Madrid, en el Jarama en 1981 y con Villeneuve como ganador

La última visita de la F1 a Madrid en junio de 1981 tuvo de todo, y transcurrió en un ambiente de alta tensión política, comercial y deportiva, a raíz del conflicto entre FISA (Federación Internacional) y FOCA (constructores). Por otro lado, la carrera se celebró a pesar de las amenazas de la banda terrorista ETA, que obligaron la Guardia Civil a redoblar su despliegue, y que tuvieron una importante influencia en la venta de entradas: en el Jarama solo se registraron 25.000 espectadores.

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 El piloto canadiense triunfó en el último Gran Premio celebrado en la capital española, que estuvo marcado por un ambiente de alta tensión política, comercial y deportiva, además de bajo la amenaza del terrorismo de ETA  

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El piloto canadiense triunfó en el último Gran Premio celebrado en la capital española, que estuvo marcado por un ambiente de alta tensión política, comercial y deportiva, además de bajo la amenaza del terrorismo de ETA

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Un sol de justicia hace que el asfalto alcance los 40º a la hora de la salida y pone al límite las mecánicas y los neumáticos de los coches. Quienes sufren de verdad el intenso calor son los pilotos, como Nelson Piquet, protegido por un paraguas en el interior de su Brabham BT49. El fenómeno brasileño, que ya había sido primero en Argentina y San Marino, terminaría ganando el campeonato de la F1 solo un punto por delante del argentino Carlos Reutemann. Sería el primero de sus tres títulos mundiales. En el Jarama no conseguiría acabar la carrera; presionado por Alan Jones, se saldría de pista en la vuelta 43.Bernardo Pérez
Oriol Puigdemont

La última visita de la F1 a Madrid en junio de 1981 tuvo de todo, y transcurrió en un ambiente de alta tensión política, comercial y deportiva, a raíz del conflicto entre FISA (Federación Internacional) y FOCA (constructores). Por otro lado, la carrera se celebró a pesar de las amenazas de la banda terrorista ETA, que obligaron la Guardia Civil a redoblar su despliegue, y que tuvieron una importante influencia en la venta de entradas: en el Jarama solo se registraron 25.000 espectadores.

En lo deportivo, Jacques Laffite (Talbot-Ligier) se llevó la ‘pole’, mientras que la falta de agarre en los entrenamientos condicionó a Gilles Villeneuve, que colocó su Ferrari el séptimo en la parrilla. Sin embargo, un mall arranque de Laffite por culpa del embrague le hizo ser engullido por el pelotón, circunstancia que permitió que Alan Jones y Carlos Reutemann cogieran la batuta. El gatillazo de Laffite contrastó con una salida fenomenal de Villeneuve, que se colocó al frente del pelotón en la vuelta 14, a raíz de una excursión de Jones.

A partir de ese instante, el canadiense sacó los codos para protagonizar una tremenda defensa ante los achuchones de la jauría de lobos que tenía a su espalda, subido a un monoplaza que era un cohete, en recta, pero algo más perezoso en las zonas reviradas. Villeneuve se llevó uno de los triunfos más apretados de siempre, con los cinco primeros en cruzar la meta separados únicamente por 1,2 segundos. Aquella fue la última victoria del mito, que falleció en mayo del año siguiente (1982), en aquel fatídico accidente en Zolder (Bélgica).

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