El IVAM propone su historia del arte contemporáneo a través de 500 obras: de los grandes nombres a carteles hoy icónicos

Sala dedicada a la Nueva Figuración y al Pop en la nueva exposición permanente del IVAM, con una obra de Claes Oldenburg en primer término.

Del libro de Apollinaire que anuncia en una edición de 1919 el advenimiento de los pintores cubistas o las fotos de Man Ray que ilustraban el discurso surrealista de Breton a los úteros que parecen emerger del fondo de la postergación en la instalación de 2017 de Annette Messager creando un espacio de libertad, deseo y autoafirmación. Es el principio y el fin de una historia particular, la historia que propone el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) del arte de los siglos XX y XXI a través de 500 obras de su colección pertenecientes a 266 creadores.

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La sala del informalismo europeo y el expresionismo abstracto del IVAM¡, con obras de Michaux (a la izquierda) y de Lucio Fontana (derecha). El museo valenciano reordena su colección con una nueva exposición cronológica que ofrece también un itinerario alternativo por el trabajo de 266 creadores  

Del libro de Apollinaire que anuncia en una edición de 1919 el advenimiento de los pintores cubistas o las fotos de Man Ray que ilustraban el discurso surrealista de Breton a los úteros que parecen emerger del fondo de la postergación en la instalación de 2017 de Annette Messager creando un espacio de libertad, deseo y autoafirmación. Es el principio y el fin de una historia particular, la historia que propone el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) del arte de los siglos XX y XXI a través de 500 obras de su colección pertenecientes a 266 creadores.

En la nueva exposición permanente de sus fondos, que se inaugura este miércoles, hay grandes nombres, de esos que conforman el canon historiográfico (y mediático) de la creación moderna y contemporánea nacional e internacional, como Joan Miró, Alexander Calder, Andy Warhol, Cartier-Bresson, Cindy Sherman, Martha Rosler, Antoni Tàpies o Equipo Crónica. También se detectan lagunas importantes, propias de un museo público, propiedad de la Generalitat valenciana, con un presupuesto muy limitado, que empezó a recopilar sus fondos a mediados de los años ochenta. Pero sobre todo destacan sus fortalezas, las apuestas que se han revelado con el tiempo como uno de sus tesoros que le convirtieron en un museo referencial en determinados artistas, movimientos y soportes.

Es el caso de las esculturas que aúnan lo artesanal y lo industrial, lo figurativo y lo abstracto, de Julio González, sobre las que se edificó la colección; de los notables fondos de fotografía experimental y documental desde Walker Evans a Robert Frank, o de los llamados papeles, en referencia a la obra gráfica, los grabados, los libros, los fotomontajes, el diseño, la publicidad o los carteles que nutrieron las vanguardia históricas de entreguerras. Se adquirieron cuando el foco no estaba en el denominado archivo que hoy forma parte del vocabulario básico del arte contemporáneo como fuente de creación.

Vuelve a sorprender la fuerza del arte soviético o el prodigioso constructivismo antes de que Stalin arrasara con todo. El rotundo cartel que Ródchenko diseñó para la película Acorazado Potemkin, de Eisenstein, apunta a los visitantes en esta destacable sala por sus fondos que forma parte del recorrido cronológico de la exposición La Colección del IVAM hasta hoy.

Hay una voluntad pedagógica con esta organización que revisa de manera lineal los movimientos que han jalonado la historia del arte, pero también hay una propuesta temática, un itinerario alternativo, señalizado por colores, que se divide en cuatro bloques: Cromatismos (aproximación de los múltiples significados del color a lo largo del tiempo), Identidades (recorrido trasversal por cuestiones relacionadas con el género), Ecologías (una lectura en clave ecosocial) y Conflictos (obras que abordan las guerras y los distintos enfrentamientos). “Es una exposición híbrida”, remacha la directora del IVAM, Blanca de la Torre, que ha querido dar protagonismo a los conservadores del museo en la explicación de la muestra.

“No se puede entender a Josep Renau sin Heartfield”, apunta el conservador Ramon Escrivà, frente a uno de los fotomontajes del artista alemán con los que atizaba al nazismo y al sistema capitalista. “El arte contemporáneo es deudor de la estética de revistas como De Stilj y del movimiento del mismo nombre en Países Bajos, con artistas como Mondrian”, apunta en la sala correspondiente Teresa Millet, que también ha participado en la muestra como conservadora, junto a Marta Arroyo, María Jesús Folch, Yolanda Franco, Sandra Moros y Josep Salvador.

La exposición ocupa 1.500 metros cuadrados divididos en diez salas. La dedicada al nacimiento del Pop y de la Nueva Figuración, con obras de Eduardo Arroyo o Richard Hamilton, es otro de los polos de especial atención por la variedad de sus fondos, así como el espacio del Informalismo español y el Arte Normativo, dos tendencias surgidas en el contexto de la apertura internacional del franquismo.

El recorrido expositivo avanza con el paso del minimalismo al arte conceptual, la performance y el arte corporal, así como la consolidación del vídeo y la fotografía como medios artísticos autónomos y el desarrollo del apropiacionismo como crítica a los estereotipos y a las relaciones de poder.

La última sala reúne obras realizadas a partir del año 2000 y plantea cuestiones de actualidad, como la crisis ecosocial, los conflictos contemporáneos, las identidades, los feminismos y las nuevas formas de representación.

“Reivindicamos los nombres con mayúsculas y con minúsculas, incluso los que están en almacenes, se seguirán visibilizando. La exposición va a estar viva. Es una muestra que muta, que orgánicamente va cambiando y que seguiremos subiendo nuevas piezas, cambiando algunas, introduciendo también nuevas voces y nuevos agentes para activarla”, señala la directora del museo. La museografía elegida incorpora “estructuras creadas a partir de los tradicionales peines donde se guardan las obras en el almacén, un sistema modular que podrá mutar y reutilizarse”, añade.

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