Decenas de líderes y mediadores, con China en el último momento, han intervenido en la recta final de una negociación que paró la ofensiva en territorio persa a solo 90 minutos del final del ultimátum de Trump Decenas de líderes y mediadores, con China en el último momento, han intervenido en la recta final de una negociación que paró la ofensiva en territorio persa a solo 90 minutos del final del ultimátum de Trump
A solo 90 minutos de que finalizara su propio ultimátum de «destruir toda una civilización», Donald Trump anunció este martes (madrugada del miércoles en España) … el establecimiento de un alto el fuego de dos semanas con Irán. «Si la República Islámica acepta la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante dos semanas. ¡Será un ALTO AL FUEGO bilateral!», enfatizó el presidente de Estados Unidos en Truth Social.
Entre su amenaza matinal y la fijación de la tregua, hubo casi doce horas de auténtico vértigo en que se movilizaron decenas de actores. Algunos se trataban de viejos conocidos en el conflicto, como los enviados de la Casa Blanca en Oriente Medio Steve Witkoff y Jared Kushner, que mantuvieron constantes reuniones con la diplomacia de Pakistán, el país que ha permanecido en el centro de este torbellino y ha sido el nudo gordiano de la, hasta ahora, resolución pacífica.
Otros participantes eran obligados en este acto final previo al apocalipsis mentado por Trump. Europa. La primera ministra, Giorgia Meloni, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, así como otros dirigentes continentales se manifestaron en contra del ultimátum asutados por la vehemenecia del líder republicano sobre su voluntad de hacer «arder todo». La inquietud llegó a todas partes. Incluso a Hollywood. El actor Ben Stiller publicó un mensaje donde solicitaba a la Casa Blanca: «Detengan la escalada. Acaben con la guerra ahora. Nadie quiere esto».
Una de las reacciones de mayor peso fue la Leon XIV, quien reprendió al líder republicano por sus amenazas «verdaderamente inaceptables». El Vaticano se siente muy molesto por las recurrentes referencias de Trump y del secretario de la Guerra, Pete Hegseth, a considerar la guerra contra Irán casi como una misión celestial. En su declaración, el Papa hizo incluso algo que no había puesto en práctica antes: una intervencion cuasipolítica para apelar a los representantes republicanos y demócratas a convencer a su presidente«Quisiera invitar a todos a orar, pero también a buscar maneras de comunicarnos. Quizás con los congresistas, con las autoridades, diciéndoles que no queremos la guerra, queremos la paz».
EFE

El antecedente de esta tregua hay que buscarlo en el Día de Pascua, el lunes, 6 de abril. La familia Trump abrió la Casa Blanca a cientos de niños y sus familias para la tradicional carrera de huevos de Pascua. Donald se sentó con los chavales. Incluso les contó cómo había sido rescatado un día antes el piloto del F-15 derribado en Irán. Melania lució un traje marinero de Ralph Lauren que no pasó desapercibido. En fecha tan señalada, optó por uno de los diseñadores de mayor raigambre patria en vez de sus habituales modelos de Dolce & Gabbana.
Y mientras todo esto sucedía, los niños rodaban los huevos por el cesped y un enorme conejo de Pascua no se separaba del presidente en su ronda de apretones de manos, alguien le contó que Irán había presentado una propuesta de diez puntos que estaba dispuesto a negociar. El conejo continuó impasible junto al presidente. Pero la Casa Blanca, que veía cada vez más sombrío el horizonte ante la falta de respuestas a sus enviados, percibió una luz al final del túnel.
Washington considera que la decena de condiciones del régimen, entre ellas la garantía de que no volverá a sufrir ataques, la posibilidad de retener el uranio enriquecido y la compensación por los daños ocasionados, suponen un listón demasiado alto, Pero tiene el compromiso de Pakistán de que ese pliego irá limándose en las conversaciones que comenzarán este viernes en Islamabad.
Steve Witkoff y Abbas Araghchi, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán. mantienen un canal de comunicación abierto, aunque ni el empresario norteamericano ni Jared Kushner son completamente del agrado de Teherán. El yerno del presidente tiene intereses inversores en Israel y a finales de 2025 se alió con un fondo saudí para adquirir a uno de los gigantes de los videojuegos. Y en junio de 2025 ninguno de ellos evitó los bombardeos sobre el programa nuclear persa.
EFE

En caso de que la falta de sintonía persistiera en ambas comisiones, Trump nombró a JD Vance como activo de último recurso para encauzar las conversaciones. Por sí mismo, el vicepresidente ejerce un cargo que serviría de aval a las autoridades persas y además se han manifestado en contra de una intervención en Irán.
El Día-D, Vance estaba en Hungría expresando el apoyo de Washington a Víktor Orbán de cara a las elecciones del domingo, pero en privado mandaba mensajes directos a Teherán. Incluso les advirtió que el Pentágono podría desplegar «armas que no han utilizado aún», pero con un lenguaje mucho más templado que el de su jefe, quien ha revuelto a los funcionarios veteranos de la Casa Blanca, al Partido Demócrata y a su propia base MAGA con sus exabruptos hostiles.
El mariscal «favorito» de Trump
EE UU ha mantenido como interlocutores a Egipto, Pakistán y Turquía. Pero sí alguien ha sido fundamental en este diálogo, ese ha sido Asim Munir, general de cinco estrellas, jefe del Ejército de Tierra de Pakistán y el hombre más poderoso en un país donde la política y lo militar van de la mano. Munir es un veterano que ha forjado gran parte de su carrera en los servicios de Inteligencia hasta que el anterior primer ministro Imran Khan lo destituyó de su jefatura. Tras su caída y posterior detención en 2023, Khan acusó al general de haber promovido su derrocamiento e incluso avisó de que «si algo le pasa a mi esposa o a mí, el responsable será él».
Reuters

Munir ha llegado a lo más alto. El año pasado fue designado mariscal de campo, un rango que solo ha ostentado el antiguo dictador militar Ayub Khan. Tiene muy buenas relaciones con la Guardia Recolucionaria Islámica y Trump, otrora autor de grandes desprecios a Pakistán, le invitó a cenar en la Casa Blanca en 2025 como su «mariscal de campo favorito». Así que, con un pie en Teherán y otro en Washington, el jefe del ejército ha sido un sólido cemento de la quebradiza negociación.
Como tal, ha viajado a China para abordar la guerra. En Pekín siempre ha sido bienvenido. Es aliado del gigannte siático desde que intermedió en la apertura de relaciones con el Gobierno de Richard Nixon. Cabe anotar aquí que, poco antes de que terminase el ultimátum de Trump, el Gobierno chino se puso en contacto con el iraní y le advirtió que lo mejor sería aceptar un alto el fuego. «Por supusto, el mariscal de campo Asim Munir, ha sido el negociador clave», han explicado fuentes paquistaníes a ‘The Telegraph’.
La mañana del martes fue agitada en Washington. Pete Hegseth se reunió con Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, y otros mandos con el fin de revisar los planes de ataque a Irán. Lo más conveniente a esa hora parecía ser estudiar de nuevo los objetivos a destruir. Todos ellos siguieron atentos el bombardeo sobre las defensas de la isla de Kharg y analizaron sus posibles consecuencias.
La economía, mientras tanto, mantenía el pulso. Menos voluble de que pudiera sospecharse. Los inversores se han acostumbrado a las erráticas declaraciones de Trump y ya no causa tanto efecto en el petroleo ni la Bolsa. Pero la imquietud exisía. En Nueva York, el exalmirante James Stavridis, vicepresidente de una firma global de inversiones, explicaba a sus ejecutivos que la posibilidad de un alto el fuego era de un 65%, ya que tanto Washington como Teherán tenían mucho que ganar con una tregua, relata ‘The Wall Street Journal’ sobre el ambiente en el sector financiero.
Treinta mensajes y un saludo
¿Qué hizo Trump durante la mañana de autos? Según su entorno, permaneció en el Despacho Oval, aunque en esas primeras horas no pareció evidenciar un comportamiento que revelase que él acababa de amenazar con desruir una civilización entera minutos antes. Conversó con varios empresarios, publicó una treintena de mnsjes de aliento a sus candidatos en las elecciones de Indiana y envió un saludo al líder húngaro Víktor Orbán en medio de un mitin en Budapest. JD Vance enarboló desde el estrado su teléfono para que todos pudieran ver a Trump.
A última hora de la mañana, sin embargo, se instaló la sala de pre-guerra. El presidente convocó a todos sus asesores. Volvieron a repasar los planes para el caso de que Irán, como acababa de anunciar, se retirase auténticamente de una negociación. Reevaluaron las perspectivas para el estrecho de Ormus, su talón de Aquiles. Ls consecuencias energéticas y políticas. ‘The New York Times’ destaca la existencia de un clima de tensa espera mientras la llamada de Teherán seguía sin producirse. Y, de repente, sobre las 15.00, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, anunció en X que las conversaciones «progresan de manera constante» y solicitaba una alto el fuego de dos semanas. Se sucedieron las llamadas. Comprobaciones. Garantías. Al régimen se le exigirá a cambio que reabra el estrecho de Ormuz. A las 18.32, Trump anunció la suspensión de la ofensiva y una tregua.
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