Este sábado, uno de los hombres más poderosos de la política alemana, Jens Spahn, presidente del grupo parlamentario conservador CDU/CSU en el Bundestag alemán, ha dimitido. Spahn y su marido Daniel Funke anunciaron el miércoles pasado que se habían convertido en padres del bebé Georg. En declaraciones al diario sensacionalista Bild, confirmaron que para ello habían recurrido a un vientre de alquiler en Estados Unidos. Esta práctica, sin embargo, está estrictamente prohibida en Alemania, como en España; y es considerada por organismos internacionales como violencia contra las mujeres al considerarla como explotación reproductiva.
La decisión del presidente del grupo parlamentario CDU/CSU en el Bundestag, Jens Spahn, de viajar a Estados Unidos para recurrir a esta práctica prohibida en Alemania generó indignación
Este sábado, uno de los hombres más poderosos de la política alemana, Jens Spahn, presidente del grupo parlamentario conservador CDU/CSU en el Bundestag alemán, ha dimitido. Spahn y su marido Daniel Funke anunciaron el miércoles pasado que se habían convertido en padres del bebé Georg. En declaraciones al diario sensacionalista Bild, confirmaron que para ello habían recurrido a un vientre de alquiler en Estados Unidos. Esta práctica, sin embargo, está estrictamente prohibida en Alemania, como en España; y es considerada por organismos internacionales como violencia contra las mujeres al considerarla como explotación reproductiva.
La noticia generó de inmediato reacciones de molestia e indignación fuera, pero sobre todo dentro de las propias filas de la Unión, y varios actores políticos pidieron su renuncia, acusándole de doble moral, de dañar la credibilidad de su partido y de abusar de sus privilegios para actuar en contra de la legislación alemana.

Este sábado, Spahn anunció su dimisión en una carta dirigida al grupo parlamentario de la Unión. “La disyuntiva entre mi decisión personal de tener un hijo mediante gestación subrogada y las expectativas comprensibles que se tienen de mí como presidente de nuestro grupo parlamentario se ha vuelto mayor de lo que esperaba“, explica en la misiva de la que dan cuenta los medios alemanes.
Según se lee en la carta, la polémica le ha servido para darse cuenta de que su familia es lo más importante para él: “En los últimos días me he hecho consciente de que mi felicidad personal de crear una familia junto con mi marido no es compatible con mi cargo político”.
Y aunque en un principio el canciller federal, Friedrich Merz, del mismo partido que Spahn, felicitó a la pareja por el acontecimiento del que fue notificado de manera privada, conforme creció la indignación, tomó distancia del caso. Los medios alemanes, de hecho, aseguran que la dimisión responde a una petición del líder del partido.
El viernes en la ciudad de Brühl, Merz había declarado que la situación jurídica respecto a los vientres de alquiler en Alemania es clara y que no veía ningún motivo para hacer una modificación a la ley. Además, dijo que en la mañana del lunes sostendría una reunión con la presidencia del partido en la que se esperaba que Spahn diera explicaciones y se tomaran decisiones sobre su futuro político. Pero la presión no le permitió pasar del fin de semana y este sábado anunció su decisión de dejar el cargo.
La CDU reafirmó en febrero pasado mediante una resolución del congreso del partido que “la gestación subrogada sigue estando prohibida sin restricciones, independientemente de la motivación”.
El argumento de los conservadores es evitar los abusos, la explotación y los riesgos para la salud que la práctica puede generar en las mujeres que se prestan a ello. Tampoco están a favor en los casos en los que se hace con un fin altruista, cuando una mujer quiere ayudar a una pareja amiga sin pedir dinero a cambio.
El enojo dentro del partido conservador es enorme porque cuando se reafirmó la resolución, la mujer gestante del bebé de Spahn ya estaba embarazada y este lo mantuvo en secreto.
El viernes, el propio Spahn se pronunció sobre el caso en un podcast de Bild, el mismo tabloide que dio a conocer su paternidad. En una entrevista con el periodista Paul Ronzheimer, aseguró que su marido y él habían debatido durante mucho tiempo cómo hacer realidad su deseo común de tener hijos. Él mismo había estado dividido durante mucho tiempo. Como cristiano, dijo, sabía que “por un lado está la doctrina pura y, por otro, la vida real. Y que a veces las cosas no son blancas o negras y no hay decisiones fáciles”.
En el podcast, el político conservador dijo lamentar no haberse enfrentado antes al debate que hoy golpea su carrera política, pero aseguró que cuando la CDU aprobó la resolución sobre los vientres de alquiler en el congreso del partido, él aún no estaba preparado para abordarlo.
En Alemania, el derecho de familia también tiene sus contradicciones y vacíos que permiten que casos como el Spahn no sean únicos. Si bien los vientres de alquiler están prohibidos, cuando una pareja se presenta en Alemania con un bebé nacido bajo esa práctica en el extranjero, se le reconoce legalmente como padres de ese menor siempre y cuando uno de los implicados demuestre un vínculo genético.
En el caso que ocupa por estos días todos los titulares de la prensa alemana aplica sin problemas porque, según contaron también a Bild los implicados, el padre biológico del bebé de Spahn es su marido, Daniel Funke. Incluso, aseguraron que ambos habían tomado la decisión de que la mujer que gestó el embarazo tuviera un rol activo y permanente en la vida del niño.
Jens Spahn es uno de los políticos alemanes más polémicos y con una serie de escándalos a cuestas que ahora pueden pasarle factura. Los más llamativos: la compra millonaria de mascarillas durante la pandemia, cuando fungía como ministro federal de Salud, a una empresa donde su esposo trabajaba como director de la oficina en Berlín. O la compra de una mansión millonaria en plena crisis por coronavirus con la ayuda de un crédito bancario de una institución en la que él había sido miembro del consejo de administración.
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