El pasado 6 de junio se inauguraba una obra de Cristina Iglesias en Estocolmo, una ciudad europea entre las más precursoras capitales del arte, en especial en lo que se refiere a la producción contemporánea, instalada en la vida cotidiana de sus habitantes. De hecho, para Estocolmo el arte actual es una forma de acompañamiento sostenido y buena prueba es el metro: desde los años 50 del siglo XX, cada una de las estaciones es una instalación artística que, mientras fuera nieva, hace soñar con cuevas misteriosas e interiores añil y estrellados, una particularidad que a mediados de los años 80 llamaba mi atención en las visitas desde Helsinki, tras atravesar en barco el mar helado.
La artista española, una de nuestras escultoras más internacionales, integra una estructura inmersiva en forma de cúpula de cinco metros y medio en un parque de la capital sueca
El pasado 6 de junio se inauguraba una obra de Cristina Iglesias en Estocolmo, una ciudad europea entre las más precursoras capitales del arte, en especial en lo que se refiere a la producción contemporánea, instalada en la vida cotidiana de sus habitantes. De hecho, para Estocolmo el arte actual es una forma de acompañamiento sostenido y buena prueba es el metro: desde los años 50 del siglo XX, cada una de las estaciones es una instalación artística que, mientras fuera nieva, hace soñar con cuevas misteriosas e interiores añil y estrellados, una particularidad que a mediados de los años 80 llamaba mi atención en las visitas desde Helsinki, tras atravesar en barco el mar helado.
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