Nada más finalizar este Tour del 2026, el quinto de Pogacar, llega el momento de guardar los recuerdos de otros Tour vividos, unos cuantos ya tanto como ciclista, otros como enviado especial de este periódico y más aún como relaciones públicas para Skoda, uno de los patrocinadores del evento. Este año, me encontraba con la novedad de que nuestro nuevo embajador -después del relevo debido al salto a la dirección general del equipo Lidl Trek de nuestro anterior embajador Andy Schleck- era Chris Froome, recién retirado de la competición. 41 años. Cuatro Tours, dos Vueltas, un Giro y muchas caídas.
Recordó mi accidente en el Giro de 2009, y cómo vio mi bici tirada en el asfalto y cómo supo que un corredor se había precipitado por el barranco y lo estaban buscando desesperadamente: yo era esa persona, nos emocionamos y dimos un abrazo que recordaré toda mi vida
Nada más finalizar este Tour del 2026, el quinto de Pogacar, llega el momento de guardar los recuerdos de otros Tour vividos, unos cuantos ya tanto como ciclista, otros como enviado especial de este periódico y más aún como relaciones públicas para Skoda, uno de los patrocinadores del evento. Este año, me encontraba con la novedad de que nuestro nuevo embajador -después del relevo debido al salto a la dirección general del equipo Lidl Trek de nuestro anterior embajador Andy Schleck- era Chris Froome, recién retirado de la competición. 41 años. Cuatro Tours, dos Vueltas, un Giro y muchas caídas.
Ha sido una agradable sorpresa conocer a la persona que hay detrás de ese nombre, un chico tímido, familiar y humilde hasta extremos insospechados viendo el palmarés que atesora como ciclista, y me alegra poder escribir ahora mismo algo sobre él. Comenzó en Barcelona como compañero y ahora mismo ya le considero un nuevo amigo, después de haber convivido con él durante estas semanas y haber podido compartir -a la vez que ayudarle y guiarle- en su primera experiencia descubriendo el ciclismo y el Tour desde el otro lado de la barrera.
Cada noche, en la cena de presentación que teníamos con los nuevos invitados, mi compañero Simon nos ponía algunas imágenes de los mejores momentos de Chris sobre la bici, combinando imágenes del Giro, la Vuelta y el Tour, y se abría un turno de preguntas en el que día a día, Chris nos desgranó sus mejores -también los peores- momentos de su carrera deportiva. He perdido la cuenta de las veces que he visto a Chris vestido de amarillo corriendo desesperado sin bicicleta en la ladera del Ventoux, y todavía admiro su humor cuando habla de lo que sentía en ese preciso momento en el que cuenta que se dejó simplemente llevar por su instinto cazador, ‘he venido aquí a ganar y si no puedo seguir en bicicleta, cruzaré la meta lo antes posible sea como sea’.
En París le preguntaron por sus recuerdos de amarillo en los Campos Elíseos, y a Chris se le saltaban las lágrimas al recordar su primera vez vestido de amarillo enfilando la recta de meta con el Arco del Triunfo al fondo, pensando en cómo ese sueño que tuvo un día un adolescente en Sudáfrica, donde comenzó a soñar con el ciclismo después de emigrar desde su Kenia natal, se estaba convirtiendo en realidad gracias al apoyo de un todopoderoso equipo Sky volcado en la misión. Sky, el mismo equipo en el que había vivido momentos complicados puesto que su crecimiento como corredor coincidió con el liderato de Bradley Wiggins y lo que podía ser un relevo natural se convirtió en una lucha interna y desigual no exenta de polémicas y sufrimiento por su parte.
Cuando Chris habla de su primera victoria de etapa en el Tour, un día en el que después de trabajar como gregario para Wiggins vio a lo lejos la línea de meta y sintió que podía responder al ataque final de Cadel Evans, se intuye cómo considera ese preciso instante como el momento de su reivindicación un año después de haber terminado segundo en la Vuelta a España: he cumplido con mi trabajo, nadie me puede reprochar nada, pero aún puedo conseguir algo que siempre he querido para mí mismo. Curiosamente su último gran triunfo, la general del Giro de Italia 2018, es la victoria que recuerda con más cariño no por el qué sino por el cómo. Un ataque suicida en la penúltima etapa de la carrera cuando era el sexto de la clasificación general. Un ataque planificado al detalle a pesar de que la realidad era que estaba jugando a la ruleta rusa porque la probabilidad de morir en el intento era más que evidente. Sus propios compañeros eran escépticos con las posibilidades de su líder, pero el hecho de que todos cumplieran con su labor, el saber que todos creían en él, supuso un “extra boost” de energía para lanzarse a la aventura que la soñó la noche anterior.
Cuando Chris te cuenta que él había visualizado todo eso la víspera y recuerdas esa jornada memorable de la historia del ciclismo, no puedes más que admirar a este gran campeón y gran persona.
Estos días compartió con nosotros en diferentes circunstancias su frase favorita: sonreír es gratis. Gracias Chris por recordárnoslo en los momentos de dificultad. Una frase que, nos contó, era la favorita del que considera su mejor compañero de habitación, el holandés Wouter Poels, y que dice que es una de esas grandes enseñanzas que le ha dado el ciclismo y los amigos que ha ido haciendo por el camino.
Y no puedo evitar hablar de una de las peores circunstancias de este deporte -precisamente algo que nos une especialmente a ambos dos- que son las caídas, los accidentes y la dureza de reconstruir un cuerpo que es algo más que una herramienta de trabajo. Una vez acabada tu faceta profesional, ese mismo cuerpo con todas las secuelas que tenga después de los meses o años de recuperación, será el que tengas hasta el último de tus días. Y eso es algo de lo que los ciclistas no son conscientes inmersos en la burbuja de la competición y la sed de resultados deportivos.
Cuando a Chris le preguntan por los consejos para un adolescente que le gusta el deporte y sueña con ser ciclista, no puede evitar ser franco y responder con mentalidad de padre de familia, lo que es ahora mismo. Yo cumplí mi sueño y me alegro de haber recorrido este camino, pero se me hace difícil animar a mis hijos a seguir mi ejemplo cuando pienso en todo lo que me ha tocado sufrir, dice. Y al decirlo piensa cómo no en los dos graves accidentes que ha tenido que superar en sus últimos años como profesional, y en cómo siente que nunca volvió a ser el mismo después del primer accidente, a pesar de intentarlo, y cómo el segundo accidente sufrido el año pasado, le hizo reflexionar sobre el porqué seguir pedaleando. Las costillas le atravesaron el pulmón dañándolo gravemente en el proceso, pero no siendo suficiente, también le dañaron una membrana exterior del corazón, y su vida corrió peligro durante unas angustiosas horas. Gracias al trabajo de los especialistas a los que está eternamente agradecido, pudo superar el trance, pero las cicatrices en su torso son un perverso souvenir de todo lo que le tocó pasar.
El primer día de este Tour que tuvimos la oportunidad de compartir unos momentos de intimidad, fue precisamente cuando mis invitados volaban en helicóptero y yo recorría en solitario unos kilómetros de la ruta para llegar al punto de aterrizaje. Chris conducía mi coche regalándome así unos momentos de relajación, y yo sentado a su lado charlaba con él de lo humano y lo divino.
Entonces es cuando Chris recordó mi accidente en el Giro de 2009, y recordó cómo vio mi bici tirada en el asfalto y cómo supo que un corredor se había precipitado por el barranco y lo estaban buscando desesperadamente. La sorpresa de Chris al hilar lo recuerdos y entender que yo era esa persona me emocionó duramente: sí, Chris, era yo, el mismo que está sentado aquí al lado y te habla ahora mismo. Y ese fue precisamente el momento en el que empezó mi nueva vida, esa que me ha llevado a conocerte aquí en este Tour, le dije. Ambos nos emocionamos y continuamos hablando de otros temas hasta que llegamos al punto kilométrico que buscábamos, pero el abrazo que nos dimos al bajar del coche es uno de esos momentos que recordaré toda mi vida.
Unos día después, le propuse a Chris repetir ese momento de relax grabando la conversación con vistas a publicarla aquí, algo a lo que Chris accedió gustosamente y el resultado de esa charla, abierta en inconclusa puesto que el tiempo que tuvimos fue limitado, se convirtió en entrevista en este periódico.
Gracias Chris por tu amabilidad, y me alegro de haber conocido a esa persona que me enamoró como ciclista precisamente ese día de caos en las laderas del Ventoux, ese improvisado corredor de encierro de San Fermín vestido de amarillo cerca del Chalet Reynard, desasosegado en la búsqueda desesperada de una bicicleta para continuar su aventura camino de París.
Deportes en EL PAÍS
