Unidades militares alemanas vigilan la frontera entre Lituania y Bielorrusia para detectar movimientos anómalos de población, como los que lanzaba el Kremlin en su ‘guerra híbrida’ contra la UE Unidades militares alemanas vigilan la frontera entre Lituania y Bielorrusia para detectar movimientos anómalos de población, como los que lanzaba el Kremlin en su ‘guerra híbrida’ contra la UE
En la frontera oriental de Lituania, una densa masa arbórea de difícil acceso, soldados de la Bundeswehr alemana realizan día y noche tareas de vigilancia. … Rusia, a través de Bielorrusia, lleva años organizando y facilitando la llegada masiva de personas a esta y a otras fronteras del flanco oriental de la OTAN, con el objetivo de desestabilizar sociedades y polarizar el debate interno político y social. Una unidad alemana de guerra electrónica, conocida como Eloka, permanece desplegada allí para impedirlo.
Su trabajo consiste en vigilar el espacio electromagnético, con escuchas e intervenciones de los sistemas de radio y radar enemigos. No requieren demasiados recursos: vehículos, un mástil extensible, antenas, cámaras térmicas, un generador y sistemas de conexión, con los que detectan comunicaciones, circulación sospechosa de vehículos o grupos de personas en movimiento incluso a 60 kilómetros de la frontera. Sus mandos hablan de un «campo de batalla de cristal».
Como parte del compromiso de defensa colectiva de la OTAN, dos unidades EloKa –Btl 911 y 912– recopilan información relevante que hacen llegar en tiempo real a los gobiernos de la OTAN y, a veces, incluso interrumpen o inhiben comunicaciones o interferencias hostiles sobre el terreno para evitar incidentes. Sus actividades se coordinan con la estructura de mando de la OTAN: el Multinational Division North East y el Multinational Corps Northeast.
En el verano de 2021, más de 4.000 personas entraron irregularmente en Lituania en cuestión de pocos días. El jefe de la Guardia Estatal de Fronteras de Lituania, Saulius Nekraševičius, constató poco después que los aproximadamente cien intentos de cruce irregular promedio al año en esa frontera se habían convertido en más de 12.000. Los servicios de Inteligencia comprobaron que la ruta empezaba en Moscú, donde se formaban los grupos, sobre todo de sirios e iraquíes, con destino a Europa.
Eran trasladados en avión a Minks, la capital bielorrusa, y desde allí transportados por carretera hasta la frontera de Polonia, Lituania y Letonia. La Policía bielorrusa empujaba a las personas a cruzar. Los primeros en advertirlo fueron los habitantes de la frontera, que veían grupos de personas sin ropa ni alimentos y mendigando electricidad para cargar los teléfonos. Pronto la situación desbordó a los guardas lituanos, desbordados por un fenómeno difícil de explicar.
Bielorrusia ha firmado acuerdos con diferentes países para un régimen libre de visados y facilitar así que sus ciudadanos pasasen por su territorio, donde las mafias aprovechaban esa ruta para explotar la inmigración ilegal. «Están poniéndonos a prueba para ver cuáles son nuestros límites y cuál es la reacción de Lituania y de la OTAN», valoró el jefe de Estado Mayor de la Defensa del país báltico, el general Remigijus Baltrėnas, encargado de construir en Rūdninkai la base para albergar a una brigada del ejército alemán, que ha acudido a la llamada de la Alianza para proteger esa frontera.
La ventaja informativa es el elemento clave de esa protección, según el teniente coronel alemán André Juraschka, que habla de una «gran demanda» de estos servicios en todo el flanco oriental. «Tenemos un paquete adicional muy grande de tareas que debemos realizar con una estructura de personal que hasta hace relativamente poco seguía diseñada solamente para operaciones de mantenimiento de la paz», describe en una entrevista con el departamento de comunicación de la Bundeswehr.
Polonia, Lituania y Letonia han construido desde entonces cercas y muros de cientos de kilómetros en la frontera con Bielorrusia, dotados con sensores, cámaras y sistemas de vigilancia, para evitar estas entradas dirigidas de inmigración ilegal. Se habla, de hecho, de una «Baltic Defence Line», una línea continua de infraestructuras defensivas a lo largo de las fronteras con Rusia y Bielorrusia con uso intensivo de drones, sensores, sistemas de detección móvil y redes de telecomunicaciones reforzadas.
En paralelo al levantamiento de obstáculos físicos, estos países han endurecido sus normas de asilo y retorno, para desincentivar las entradas ilegales, y se han servido de la declaración de estados de emergencia, que permiten restringir el acceso a zonas fronterizas, limitar la presencia de ONGs y medios de comunicación, además de ampliar el despliegues de las fuerzas de seguridad.
La Comisión Europea ha liberado financiación adicional de unos 170 millones de euros para estos objetivos y, desde 2024, la UE cuenta con una directriz específica sobre cómo reforzar las fronteras exteriores y responder a unos movimientos considerados como amenazas híbridas, no de flujos migratorios. Se inspira en la reacción de Polonia, que en 2021 trató la situación como una amenaza híbrida, no como una crisis migratoria convencional.
Varsovia ordenó el despliegue de miles de soldados en la frontera, el refuerzo de la Guardia Fronteriza y la Policía con unidades especiales, el uso de vehículos blindados, drones y sensores térmicos para controlar pasos irregulares y la creación de una zona de exclusión donde solo podían entrar fuerzas de seguridad, además de la construcción de un muro de acero de 5,5 metros de altura y 186 kilómetros de longitud.
Polonia buscó además apoyo político y operativo de la UE, con la activación de mecanismos de crisis, y solicitó intercambio de Inteligencia sobre movimientos en las fronteras con la OTAN, que respondió a la instrumentalización de inmigrantes por parte de Bielorrusia para desestabilizar el flanco oriental. La Alianza reforzó los equipos militares multinacionales desplegados en Polonia (liderado por EE.UU.), Lituania (liderado por Alemania), Letonia (liderado por Canadá) y Estonia (liderado por Reino Unido).
Como elementos de disuasión, la OTAN ha intensificado desde entonces las maniobras en Polonia y los países bálticos, con el fin de evitar que la presión migratoria degenere en un incidente militar aprovechado por Bielorrusia o Rusia y para enviar un mensaje de unidad: cualquier intento de desestabilización del flanco oriental tendría respuesta colectiva.
Ante la reciente situación en Ceuta, el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha recomendado a España que «tome ejemplo» de su país y militarice su frontera con Marruecos, como política creíble y susceptible de contar con el respaldo de la UE y de la OTAN. Tusk ha subrayado además que se trata de una «medida imprescindible para la supervivencia del espacio Schengen», recordando que su país ha invertido «miles de millones de euros» en las barreras defensivas y los controles aduaneros efectivos, con la movilización de «miles de soldados, policías y guardias fronterizos».
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