Alexia Putellas, el poder de alzar la voz

Después de hacer sonar el bombo, después de los chascarrillos típicos, Borja Iglesias apareció este martes por el plató de La Revuelta. Tantos años después y El Panda sigue llamando la atención por lo de siempre, por ser un futbolista atípico. Excepcional, amado y odiado casi con la misma intensidad por osar ser futbolista y persona, todo en uno. Un hombre con criterio, voz y opiniones propias, significado política y socialmente. Un hombre que se pinta las uñas y que tiene una pareja que también habla y piensa por sí misma. Error. Menos hablar y más jugar, le dicen, ¡que eres futbolista! Y los futbolistas, por lo visto, no piensan siquiera. Solo ejecutan.

Seguir leyendo

 La capitana del FC Barcelona dice adiós al equipo de su vida, desde donde inició una revolución que dio visibilidad a cientos de futbolistas magníficas antes ninguneadas  

Después de hacer sonar el bombo, después de los chascarrillos típicos, Borja Iglesias apareció este martes por el plató de La Revuelta. Tantos años después y El Panda sigue llamando la atención por lo de siempre, por ser un futbolista atípico. Excepcional, amado y odiado casi con la misma intensidad por osar ser futbolista y persona, todo en uno. Un hombre con criterio, voz y opiniones propias, significado política y socialmente. Un hombre que se pinta las uñas y que tiene una pareja que también habla y piensa por sí misma. Error. Menos hablar y más jugar, le dicen, ¡que eres futbolista! Y los futbolistas, por lo visto, no piensan siquiera. Solo ejecutan.

Cuántas similitudes entre Borja Iglesias y Alexia Putellas. Con matices. Para empezar, ella es (también) futbolista. Pero empezó siendo una de esas futbolistas que, al parecer, no jugaba al mismo juego que ellos. Pues nunca se las tuvo en cuenta, nunca se las valoró, nunca se las cuidó. Una jugadora que soñaba con algo que creía un imposible cuando, sentada en su asiento en las gradas del viejo Camp Nou, con su padre, se imaginaba pisando ese césped, marcando goles que la llevaran a una final de la Champions, recibiendo el aplauso unánime de la tribuna, que corearía su nombre.

Los sueños, a veces, se cumplen. Y se cumplieron los de esa niña que pensaba que las ligas las jugaban (y ganaban) solo los chicos. “Tenía seis años y yo solo veía a hombres jugando a fútbol”, decía en su vídeo de despedida del Barcelona. Una niña que ni siquiera sabía que al mismo tiempo que ella admiraba el fútbol de su Barça, había un puñado de mujeres jugando casi en la clandestinidad de lo que entonces se llamaba la Superliga. Una niña que, a cierta edad, tuvo que dejar su casa, su ciudad, su equipo, porque el club de su vida no tenía sección femenina. Esa es Alexia Putellas. Una mujer que dice adiós a ese club desde el que inició una revolución. Asegurado el legado, se marcha a otra liga, a ganar otros torneos, a iluminar a otros con su talento.

Alexia Putellas, La Reina. Una mujer que aprendió a crecer lejos de su familia, que se dio a conocer como futbolista con otras camisetas con las que no había soñado, pero que le dieron alas para siempre. Una mujer que descubrió que tenía voz. Y que alzarla iba dando sentido a todo lo vivido. Y sufrido.

Una mujer que descubrió que las futbolistas tienen que hablar. Quejarse, señalar, reivindicar. Incluso más de la cuenta. Como aquella tarde de septiembre en Gotemburgo, cuando, junto a Irene Paredes, otra valiente de discurso claro y directo, derrumbó las estructuras de una federación machista en las esencias y los cimientos y dijo aquello de “somos futbolistas, pero nos hemos tenido que meter en la cabeza que no podemos ser solo futbolistas”. Todo lo contrario que se le pide a Borja Iglesias. Futbolistas con voz, significadas sobre todo en lo social, con una imprescindible conciencia feminista, indispensables para encontrar su sitio. Y para poder centrarse solo en ejecutar. En regatear, pasar, chutar, marcar, celebrar.

“Una transformación preciosa e irrepetible”, dice ella en su adiós. Por suerte, si se me permite.

Su legado se resume en una frase que Alexia pronunció en un Camp Nou engalanado para despedirla y que dedicaba a sus compañeras más jóvenes: “Las de nuestra generación hemos movido el mundo, pero ellas se lo comerán”.

 Deportes en EL PAÍS

Te Puede Interesar