Más de 1.600 rescatistas llegados del extranjero buscan supervivientes de una tragedia que deja al menos 1.450 muertos Más de 1.600 rescatistas llegados del extranjero buscan supervivientes de una tragedia que deja al menos 1.450 muertos
La tierra no ha parado de temblar en Venezuela desde el doble seísmo que el pasado miércoles golpeó Caracas y, sobre todo, la región costera … de La Guaira, a unos treinta kilómetros de la capital, con una violencia desconocida en más de un siglo. Desde entonces se han registrado más de 400 réplicas, la más potente a las 6.55 hora local del sábado. «Nos despertamos de golpe. Otra vez», contaban residentes en los distritos caraqueños, desde El Junquito a Caricuao, donde se sintió la sacudida. Fue un susto sin consecuencias, pero cuando los vecinos abrieron los ojos confirmaron lo peor: ni las montañas de escombros, ni los hospitales colapsados, ni las listas interminables de desaparecidos, ni los saqueos eran parte de una pesadilla. «El colapso es total», resumía Nadiomar Polanco, jefe del equipo de rescatistas desplegado por Chile, uno de los primeros envíos de ayuda que ha recibido el país caribeño. La ola de solidaridad internacional es enorme, y ya hay más de 1.600 especialistas extranjeros que rastrean las zonas arrasadas.
La búsqueda sin descanso entre las ruinas ha permitido en tres días rescatar a «decenas» de personas: a Camila Sofía, de 15 años, y a su perrita Chanel, atrapadas en un noveno piso, a un bebé que acababa de nacer rodeado de cascotes, o a Narayit, de 39, a quien tardaron más de siete horas en sacar de entre los restos del edificio donde residía. Pero, a partir de las 72 horas de un terremoto, que se cumplen en la madrugada del domingo de España, hallar supervivientes comienza a ser un milagro. Y hacen falta muchos de esos milagros para que Venezuela no se encuentre ante uno de sus peores desastres naturales en décadas. Por ahora, según el recuento actualizado el sábado por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, el número de fallecidos se eleva a 1.430 –incluidos nueve españoles– y los heridos ascienden a 3.328. En al menos siete Estados se han detectado desperfectos.
El terrible balance está lejos, sin embargo, de ser definitivo y la clave de la magnitud de la tragedia reside precisamente en la cifra que las autoridades venezolanas se resisten por el momento a dar: las personas en paradero desconocido tras el doble seísmo. La ONU estima que podría haber más de 50.000 –entre ellas 131 españoles– y el temor es que la inmensa mayoría se encuentre bajo los escombros, que en algunas de las áreas golpeadas alcanzan varios metros de altura. «Hay pocas probabilidades de encontrar vidas», se resigna Polanco desde La Guaira, convertida en ‘zona cero’ de unos temblores que se notaron incluso en Colombia y que, según Naciones Unidas, han afectado con mayor o menor intensidad a 6,8 millones de personas en toda Venezuela, casi un tercio en la capital.
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Segundo envío de España
La presidenta, Delcy Rodríguez, que en las últimas horas ha visitado varios de los puntos devastados entre abucheos, repite una y otra vez que la prioridad institucional son las tareas de rescate y miembros de su gabinete comparten en redes cada vídeo viral que circula de operaciones de búsqueda con final feliz. La heredera de Nicolás Maduro se ha encontrado con una avalancha de ayuda internacional que trata de aliviar la falta de recursos de un país en estado de emergencia. Personal enviado por al menos nueve naciones (El Salvador, Suiza, Colombia, México…) trabajan ya sobre el terreno y este sábado se esperaba que se sumaran especialistas de otra decena, como Italia. España mandó un segundo contingente para reforzar la labor de los efectivos de la UME, las unidades caninas y los ingenieros desplegados, que han recuperado al menos dos vidas.
9
fallecidos
y 131 desaparecidos de origen español le constan por ahora al Ministerio de Exteriores.
Pero si hay un aliado destacado ante esta desgracia de proporciones aún difíciles de medir es Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump, mantiene una buena relación con Caracas desde la captura de Maduro en enero. El sábado, aviones humanitarios norteamericanos aterrizaron en el aeropuerto de Maiquetía, el principal del país, que reabrió tras los daños sufridos durante el episodio sísmico, como grietas en sus pistas. La ayuda extranjera, sin embargo, no logra calmar los ánimos de los damnificados por los temblores, que durante dos días asumieron casi en solitario la búsqueda de supervivientes. «Estamos enardecidos. Hay gente viva y no dan las manos ni las herramientas», lamentaba Marlon Ochoa en la localidad de Playa Grande, donde nadie sabe decirle qué ha sido de su madre, su esposa y su hijo tras los terremotos. Una llamada de auxilio que reclama desde lo más grande, como grúas, hasta lo básico, como mascarillas para protegerse del hedor que desprenden ya los cadáveres.
Hasta La Guaira, con más de un centenar de edificios colapsados, se han desplazado desde el miércoles decenas de residentes en otros puntos del país, sobre todo Caracas, para colaborar en los rescates. Y eso se ha convertido en un problema. El Gobierno de Rodríguez ha decidido restringir el acceso a la región –totalmente militarizada, con 14.000 soldados y policías en sus calles– «para garantizar la seguridad» ya que la caravana de vehículos y motocicletas de particulares que circulaba hacia allí impedía el tráfico fluido de los servicios de emergencias. Las ambulancias trasladan a la mayor parte de las víctimas a centros sanitarios de la capital, donde entran sobre todo personas con traumatismos en la cabeza y en sus extremidades inferiores. El trasiego es imparable y en el exterior de los hospitales cuelgan listas con los nombres de los ingresados para evitar a sus allegados un doloroso peregrinaje.
El Gobierno ha restringido el acceso a La Guaira para impedir la llegada incontrolada de voluntarios
El impacto emocional por los seísmos es brutal entre los venezolanos y se suma a las crisis simultáneas (política, económica y humanitaria) que arrastraba la nación, pero los daños materiales se prevén también enormes. Naciones Unidas calcula que rondarán los 6.700 millones de dólares o, lo que es lo mismo, una mordida del 6% del PIB nacional. Con las dos sacudidas con epicentro en el Estado de Yaracuy (7,2 y 7,5 en la escala de Richter, esta última la mayor desde el año 1900) se vinieron abajo bloques residenciales, hoteles, iglesias, facultades universitarias, instalaciones militares… y las esperanzas de un futuro mejor tras la nueva sintonía con EE UU.
En el polideportivo José María Vargas de Maiquetía, convertido en refugio de cientos de personas que lo han perdido todo, tratan de mirar con optimismo al mañana. «Es como que Dios te da la oportunidad de tener una vida más», argumenta Yosey Escalona, quien ha abandonado su vivienda porque «la estructura está toda fracturada, inhabitable. Las paredes se desprendieron de las columnas». El 60% de La Guaira había recuperado este sábado el suministro eléctrico y recibido toneladas de alimentos y agua potable. Los damnificados, muchos aún con ropas polvorientas y vendas, sólo podían agradecer la ayuda entre tanto drama: «La solidaridad que hay ahorita es impresionante».
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