Rescatistas de 24 países remueven las montañas de escombros en busca de supervivientes Rescatistas de 24 países remueven las montañas de escombros en busca de supervivientes
Venezuela se aferra a un hilo de esperanza cinco días después del doble terremoto que sacudió el norte del país y que, según el último … balance, causó al menos 1.450 muertos y 3.150 heridos. La magnitud de la tragedia aumenta a cuentagotas, aunque la cifra de víctimas españolas experimentó este domingo una subida importante al elevar el Ministerio de Asuntos Exteriores los fallecidos a 17 y los desaparecidos a 150. Otros 12 estarían localizados bajo las montañas de escombros, pero no se concretó su estado. En este escenario incierto, el despliegue de rescatistas enviados por la comunidad internacional ha devuelto cierta confianza en la búsqueda de supervivientes.
Durante las primeras 48 horas tras la catástrofe, que golpeó a Caracas y sobre todo a la región costera de La Guaira, a unos treinta kilómetros de la capital, fueron los vecinos quienes removieron las ruinas con palas y hasta con sus manos. El domingo había sobre el terreno 2.624 especialistas y 137 perros procedentes de 24 países. «Con vida o sin vida vamos a seguir», prometía el coronel Burgos, al mando de uno de los equipos enviados por México, frente a los restos del edificio Perlamar de la localidad caribeña de Caraballeda, un bloque de diez plantas hecho añicos.
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María Rego
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La llegada de ayuda internacional se aceleró el fin de semana e implica, sobre todo, a naciones latinoamericanas (México, El Salvador, Colombia, Chile, Ecuador, República Dominicana, Perú…) y europeas (España, Suiza, Italia, Países Bajos…), además de Estados Unidos, cuyos rescatistas salvaron el sábado a un bebé sepultado desde el pasado miércoles, cuando la tierra tembló en Venezuela como no lo hacía desde el año 1900 (7,2 y 7,5 en la escala de Richter). Pero la ola de solidaridad cruza todas las fronteras y, por ejemplo, Siria participa aquí en su primera misión humanitaria desde la caída de Bashar al-Asad. «A los sitios donde ustedes llegaron, llegó la esperanza», agradeció la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que recibe la solidaridad del extranjero y a la vez un aluvión de críticas de sus compatriotas por la tardía intervención estatal en las zonas devastadas y el deterioro de las infraestructuras y el parque inmobiliario. En la guaireña Catia la Mar, un tercio de las construcciones colapsó por completo.
Riesgo epidemiológico
Entre todos los equipos desplazados a los escenarios del desastre rescataron el sábado a 33 personas con vida, aunque pasadas 72 horas de los seísmos –se cumplieron en la madrugada del domingo de España– se reducen mucho las posibilidades de hallar supervivientes. Y el problema no es sólo el paso del tiempo, sino que la situación es «muy caótica, hace calor y está todo desorganizado», describía Craig Demeillon, un bombero australiano que voló por su cuenta desde Miami para echar una mano, desde la ‘zona cero’. El Gobierno de Rodríguez ha intentado poner algo de orden en La Guaira –militarizada con 14.000 soldados y policías en sus calles– para evitar la procesión de voluntarios que saturaba las carreteras por donde se debe evacuar a los heridos, pero devolver la normalidad a esta región con vistas al Caribe va a costar años. José Contreras, que trabaja allí como vigilante en un ambulatorio con una morgue que no da abasto, lo sabe bien: «Esto es algo de otro mundo, que caigan edificios es algo que hemos visto en películas (…) Nos fuimos llenando de muertos».
«Esto es algo de otro mundo. Nos fuimos llenando de muertos», dice el vigilante de una morgue de La Guaira
Muchas de esas «personas que ya no están» se encuentran todavía entre los cascotes que nadie ha logrado levantar. El hedor que brota de los escombros es cada día mayor, y no ayudan ni las altas temperaturas ni las lluvias que han caído en puntos como Caracas, lo que además aumenta el riesgo epidemiológico. La población ya no pide solamente maquinaria, sino también mascarillas. La comunidad internacional había repartido hasta el domingo 521 toneladas de recursos de todo tipo, especialmente medicamentos, alimentos y agua potable, entre los damnificados. El Ejecutivo de Rodríguez estima en 12.721 las familias afectadas por los terremotos, aunque la ONU sostiene que hasta 6,8 millones de venezolanos (2 millones de ellos en Caracas) se vieron golpeados por un episodio cuyas consecuencias resultan aún difíciles de medir.
La cantidad de personas que duermen en la calle desde el pasado miércoles da idea de la magnitud de la catástrofe. Algunos han buscado refugio al aire libre por temor a las réplicas (más de 400 por ahora) y otros porque lo han perdido todo. «¿Qué será de nuestras vidas?», se preguntaba Javier Toncel, de 64 años, en una plaza del barrio de Altamira, en el este de Caracas. El bloque en el que vivía «se fracturó» durante las sacudidas con más de una treintena de vecinos en su interior y él logró salvar solamente la camioneta. Jorge Rodríguez, máximo responsable de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta, apuntó el domingo que cerca de 800 edificios presentan desperfectos (189 ellos se derrumbaron por completo) y, aunque la mayoría son viviendas, en la lista aparecen asimismo 38 hospitales y 44 centros comerciales, además de infraestructuras básicas como carreteras y puentes.
De lo que las autoridades siguen sin dar un dato, ni siquiera orientativo, es de las personas que permanecen en paradero desconocido. Naciones Unidas habla de más de 50.000 desaparecidos –en las plataformas online para reportar estos casos superan ya los 64.000– desde el doblete sísmico y, pese a la dosis de esperanza que han inyectado los rescatistas extranjeros, en las zonas arrasadas asumen ya que la mayoría se encuentran sin vida en alguno de los rincones donde se amontonan los escombros.
Repatriación de españoles
Mientras continúan las tareas de búsqueda de supervivientes en Venezuela, el Ministerio de Asuntos Exteriores comenzó el domingo la repatriación de españoles desde el país caribeño. Por la mañana partió un primer avión y por la tarde otro con destino a la base aérea de Torrejón de Ardoz y 105 personas a bordo. De ellos, una veintena eran personas de otras nacionalidades (Francia, Italia, Portugal o Eslovaquia, entre otras).
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