El centroizquierda se hunde en países como Francia y Alemania y sólo le quedan tres mandatarios en un continente donde la ultraderecha se beneficia del descalabro de las formaciones tradicionales El centroizquierda se hunde en países como Francia y Alemania y sólo le quedan tres mandatarios en un continente donde la ultraderecha se beneficia del descalabro de las formaciones tradicionales
La socialdemocracia languidece en Europa. Pedro Sánchez en España, Mette Frederiksen en Dinamarca y Robert Abela en Malta son los únicos líderes de esta familia … política que permanecen al frente de un Gobierno europeo. Fuera del bloque comunitario, pero en territorio europeo, la dimisión esta misma semana del laborista Keir Starmer como primer ministro británico ha confirmado la agonía del centroizquierda, que ha visto mermar su poder en el Viejo Continente en la última década.
Las últimas elecciones europeas, en 2024, supusieron un auténtico toque de atención para los socialdemócratas, al obtener 136 escaños frente a los 191 cosechados en 2014. Fue su peor resultado de la historia reciente. Ese espacio lo han ganado, por contra, las formaciones de extrema derecha, que han reforzado su presencia en la Eurocámara y obtuvieron 187 asientos en los mismos comicios. Si todas las fuerzas ultras se hubiera unido tras la cita electoral -no lo hicieron y se dividieron en dos bloques- podrían haber conformado el segundo mayor grupo del Parlamento, sólo por detrás del Partido Popular Europeo (PPE), con 188 representantes.
Una encuesta post-electoral publicada por la Eurocámara muestra las claves de la decadencia del centroizquierda. Entre los principales motivos para votar, los ciudadanos mencionaron el coste de la vida y los precios (42%), la situación económica (41%), el escenario internacional y las guerras (34%) y la democracia y el Estado de Derecho (32%). Entre países había diferencias evidentes. Los ciudadanos de Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Italia y Países Bajos mostraron una mayor preocupación por la inmigración y la carestía de la vida, mientras que en España y Portugal primó la inquietud por la vivienda, los salarios y los servicios públicos.
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Rosalía Sánchez
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La ultraderecha supo explotar este descontento y ganó votos en todo el bloque comunitario. Los socialdemócratas, en cambio, no lograron convencer al electorado con sus promesas. Durante gran parte del siglo XX, esta familia política representó una coalición estable que defendía los intereses del ciudadano medio. Pero esa alianza está ahora fragmentada, la clase obrera ha menguado debido a la desindustrialización y las prioridades de los partidos de centroizquierda han virado hacia el medio ambiente, la integración europea y el multiculturalismo, mientras las preocupaciones de la clase media se centraban en la inmigración, la identidad nacional y el coste de la vida, entre otras.
Impacto de las crisis
Crisis como la pandemia o la guerra en Ucrania también han abierto un beneficioso camino para los grupos más escorados a la derecha. Giorgia Meloni en Italia, Geert Wilder en Países Bajos, el partido de Marine Le Pen en Francia… Los ejemplos son muchos. La desconfianza hacia la élite política y la coalición de conservadores, liberales y socialdemócratas que han gobernado durante décadas en Europa también ha provocado una caída en la intención de voto a los partidos tradicionales y un aumento ultra.
Uno de los casos más evidentes es el de Francia, donde el Partido Socialista fue una de las grandes fuerzas, con presidentes como François Mitterrand y François Hollande. La formación sufrió un descalabro en 2017, cuando obtuvo apenas el 6,3% de los votos en la primera vuelta de los comicios presidenciales. Gran parte de su electorado se reparte ahora entre los macronistas, la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon (la Francia Insumisa) y la ultraderechista Agrupación Nacional de Le Pen y quien parece su heredero, Jordan Bardella.
136
escaños
obtuvo las fuerzas alineadas con la socialdemocracia en las últimas elecciones europeas, en 2024, un importante retroceso respecto a 2014 (191 asientos). Las formaciones de ultraderecha obtuvieron 187.
Algo similar ha ocurrido en Italia, donde destacaron líderes socialdemócratas como Matteo Renzi y Romano Prodi. El voto obrero, sin embargo, se ha desplazado ahora hacia el conservadurismo y, sobre todo, hacia la figura de Meloni, que en 2022 convirtió al país en la primera gran potencia europea gobernada por una formación ultra, aunque su discurso se haya moderado desde que asumió el poder. En Países Bajos, el Partido por la Libertad del populista Geert Wilders fue el más votado en 2023. Sin embargo, el colapso de la coalición de gobierno debido a sus propuestas radicales sobre migración llevó a los ciudadanos de nuevo a las urnas en 2025, unos comicios en los que salió victoriosa la socioliberal D66.
El Partido Socialista austríaco, durante décadas uno de los pilares del sistema político del país y que llegó a gobernar con mayoría en 1979, ha ido perdiendo fuerza hasta quedarse con solo 41 de los 183 asientos del Parlamento de Viena. Con todo, gobierna en alianza con los populares y la formación de centro La Nueva Austria y Foro Liberal. Eso sí, los ultraconservadores nacionalistas absorbieron en los últimos comicios gran parte del voto obrero y ocupan ya 57 escaños.
La excepción danesa
En Suecia, la socialdemocracia fue el movimiento hegemónico durante décadas, responsable de la construcción del modelo de bienestar en el país y con dirigentes históricos en sus filas como el primer ministro Olof Palme. Ahora, sin embargo, ya no domina el panorama político sueco. Alemania tampoco es ajena a este fenómeno. El Partido Socialdemócrata (SPD) forma actualmente parte del gobierno de coalición con la conservadora CDU del canciller Friedrich Merz, pero en las elecciones de 2025 tanto la formación como su entonces líder, Olaf Scholz, sufrieron una debacle sin precedentes al perder 86 escaños. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) fue la gran vencedora de aquella cita, que la alzó como segunda fuerza del país, en cuya parte oriental tiene un poder destacado.
Dinamarca es el único país en el que los socialistas ganaron peso en sus elecciones más recientes, debido al impulso político que obtuvo Frederiksen al oponerse a los planes del presidente estadounidense, Donald Trump, para anexionarse Groenlandia. El éxito también se explica a través del endurecimiento de su postura sobre la cuestión migratoria, más cercana las formaciones conservadoras que al centroizquierda de otros países europeos como España.
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