Heidi, Marco y hasta Calimero o La abeja Maya nos dieron grandes lloros y alegrías a los boomers más bobalicones, hay que reconocerlo. Pero en el podio de la infancia hay varias películas que cíclicamente asomaban en esas televisiones sin plan B que desataban las pasiones más vibrantes: las que conformaban la saga de Sissi Emperatriz. Quien no se haya enamorado de Francisco José y quien no se haya arrebatado cuando trepaba por riscos alpinos para ofrecer una flor de ¡edelweiss! a Isabel de Baviera que tire la primera piedra. Por aquí, con suerte, solo teníamos tréboles y margaritas.
Las ideas no morirán, pero necesitan otros portavoces, otros líderes, otros estandartes; seguro que existen
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Las ideas no morirán, pero necesitan otros portavoces, otros líderes, otros estandartes; seguro que existen


Heidi, Marco y hasta Calimero o La abeja Maya nos dieron grandes lloros y alegrías a los boomers más bobalicones, hay que reconocerlo. Pero en el podio de la infancia hay varias películas que cíclicamente asomaban en esas televisiones sin plan B que desataban las pasiones más vibrantes: las que conformaban la saga de Sissi Emperatriz. Quien no se haya enamorado de Francisco José y quien no se haya arrebatado cuando trepaba por riscos alpinos para ofrecer una flor de ¡edelweiss! a Isabel de Baviera que tire la primera piedra. Por aquí, con suerte, solo teníamos tréboles y margaritas.
Después, nos hicimos mayores y lo único que nos unió a Sissi fue el recuerdo de un sueño irreal en un mundo donde los sapos no se convierten en príncipes ni bebemos zarzaparrilla, otro gran referente de la infancia boomer gentileza de Enid Blyton. Siempre me quedé con ganas de probarla.
Y, después de todo, la vida no está nada mal para buena parte de nosotros. Quienes podemos trabajar, amar a los nuestros y vivir en paz logramos hacerlo razonablemente. Otros muchos no alcanzan a tener vivienda, un salario digno o salud, pero nos vamos apañando, no hay más remedio. Y luego están unos pocos, los demás. Los que tienen esmeraldas y rubíes en la caja fuerte, además de presunción de inocencia. Los que reciben ingresos increíbles por maquetar informes, los que cobran comisiones millonarias porque saben a quién llamar cuando levantan el teléfono, sean de un partido o de otro. Todos esos.
El portavoz que aseguró que las joyas del expresidente imputado no eran precisamente de Sissi Emperatriz pidió ayer perdón, lo que le honra. La tasación encargada por el juez nos habla de 1,3 millones y no los 30.000 o 50.000 euros que se nos dijo.
Muchos estamos esperando explicaciones, pero empezamos a amasar certezas como esta: el tamaño de un referente moral es directamente proporcional al tamaño de la decepción que nos provoca su reverso.
Cuando un “referente moral” tiene un tesoro nivel emperatriz en la caja fuerte; cuando un ministro nos habla de feminismo y se gasta lo que no está escrito (ni ganado legalmente) en prostitutas; cuando alguien que lucha contra las cloacas en nombre de un partido inicia la suya propia; cuando la audacia de otros tiempos se va quedando congelada para dar paso al tic tac del reloj; asistimos a la demolición de un discurso que, sin embargo, sigue siendo necesario.
Las ideas no morirán. Pero necesitan otros portavoces, otros líderes, otros estandartes, seguro que existen. Porque el Papa ya se va, pero nosotros nos quedamos.
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