Todos aquellos que se dejaron llevar por la euforia de ver coincidir bajo un mismo techo a dos fenómenos en lo suyo como Fernando Alonso y Adrian Newey, muy probablemente varíen su forma de enfocar las cosas a partir de ahora, y adopten una mirada más analítica. Pues bien, ese combinado que estaba llamado a romper los moldes de la Fórmula 1 va camino de convertirse, si no lo es ya, en uno de los petardazos más históricos de la historia del campeonato. El bólido verde es el más pobre de la parrilla, y eso que Cadillac se ha estrenado esta temporada. En Montmeló (15.00, Dazn), precisamente donde hace más de cuatro meses se comenzaron a intuir los primeros obstáculos del Everest que la escudería de Silverstone tiene ahora por delante, el AMR26 ya no tiene dónde esconderse para desgracia de Fernando Alonso, que afronta los últimos coletazos de su trayectoria en el certamen que le consagró como uno de los mejores de siempre, después de ser capaz de destronar a Michael Schumacher, el Kaiser, cuando el alemán era intocable.
El ‘Circuit’ airea las vergüenzas del bólido verde, que languidece en pista mientras el español, que saldrá el último, descuenta los días hasta su retirada. Russell se lleva la ‘pole’
Todos aquellos que se dejaron llevar por la euforia de ver coincidir bajo un mismo techo a dos fenómenos en lo suyo como Fernando Alonso y Adrian Newey, muy probablemente varíen su forma de enfocar las cosas a partir de ahora, y adopten una mirada más analítica. Pues bien, ese combinado que estaba llamado a romper los moldes de la Fórmula 1 va camino de convertirse, si no lo es ya, en uno de los petardazos más históricos de la historia del campeonato. El bólido verde es el más pobre de la parrilla, y eso que Cadillac se ha estrenado esta temporada. En Montmeló (15.00, Dazn), precisamente donde hace más de cuatro meses se comenzaron a intuir los primeros obstáculos del Everest que la escudería de Silverstone tiene ahora por delante, el AMR26 ya no tiene dónde esconderse para desgracia de Fernando Alonso, que afronta los últimos coletazos de su trayectoria en el certamen que le consagró como uno de los mejores de siempre, después de ser capaz de destronar a Michael Schumacher, el Kaiser, cuando el alemán era intocable.
El jueves, durante la presentación de la primera cita europea del calendario, el asturiano jugó con la ambigüedad cuando se le preguntó si esta sería su última carrera en el Circuit, habida cuenta de que el Gran Circo no regresará a este escenario hasta 2028. “Todavía no sé qué haré el año que viene, de modo que es imposible pensar en dentro de dos. Encaro cada uno de los grandes premios con la idea de que podría ser el último: en Australia, en China, en Mónaco. Y aquí, en Barcelona, existen más probabilidades de que sea la última vez, ya que no se correrá en 2027”, soltó el bicampeón del mundo con Renault (2005 y 2006), que el mes que viene cumplirá 45 años.
Para él, el trazado catalán siempre será especial. En 1994 llevó a cabo en él su primer ensayo metido en un monoplaza. En él nació la Alonsomanía, ilustrada con la marea azul que tiñó las pelouse en su etapa más espléndida. Y en él celebró el último triunfo que figura en su palmarés, hace 13 años, y cuando lideraba Ferrari y luchaba contra un intocable Sebastian Vettel –13 triunfos de 19 posibles–. Aquel Red Bull nació de los trazos de Newey, el ingeniero más influyente de la F1 moderna –14 títulos de pilotos y 12 de constructores con Williams, McLaren y Red Bull–, por más que parece haber perdido sus superpoderes con su incorporación a Aston Martin. El técnico de Stratford-upon-Avon reapareció el fin de semana pasado, en Mónaco, después de varios eventos en los que no se le vio, según dijo, por estar centrado en el desarrollo del bólido.
Nada de lo que había planeado Lawrence Stroll, el accionista mayoritario de la compañía de superdeportivos con ‘licencia para matar’, ha salido como esperaba el magnate canadiense, conocido por su temperamento y poca paciencia. Irónicamente, ese es el único remedio que tiene. Ese, y rogar que Honda no falle con la actualización del motor agendada para verano, que, de la mano de más impulsos en el área de la aerodinámica, tendrían que permitir que el prototipo comenzara a salir del pozo en el que se encuentra.
El perfil de Montmeló hace que la flojera del Aston Martin no pueda esconderse, ni siquiera maquillarse. El viernes, en la primera jornada de ensayos, Alonso y Lance Stroll, su compañero, terminaron el penúltimo y el último, respectivamente. El ovetense, a 3,8 segundos de Lando Norris, el más rápido. El canadiense, a más de cuatro segundos. Incluso el Cadillac, que debuta este curso, parece más competitivo. El coche no se sostiene en ningún sector. Es lento en la recta (Honda), torpe en las curvas lentas e inestable en las rápidas. Y lo peor es que, mientras los demás dan pasos –Ferrari, por ejemplo, se presentó con un nuevo alerón delantero, y un difusor y suelos revisados para su SF-26–, el AMR26 no se mueve del sitio.

En definitiva, un desastre que tuvo otro capítulo el sábado, en la cronometrada, en la que ambos corredores volvieron a quedar atrapados en la primera eliminatoria (Q1), a dos galaxias de los más rápidos. En los anteriores 41 grandes premios, Alonso había superado a su vecino el sábado. En el 42º, Stroll le ganó la partida y el español arrancará el último, a un mundo de la ‘pole’, que ocupará George Russell. “Tenemos el peor motor, una muy mala distribución de la energía, problemas con el cambio y también con la aerodinámica”, resumió el piloto de Aston Martin.
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