¿Quién es un halcón monetario? El partidario de una política monetaria restrictiva —inversa de la expansiva—, constreñir la cantidad de dinero en circulación, y por tanto el crédito, a fin de enfriar la economía. Y así, reducir la inflación.
Para acceder al mando de la Fed, Kevin Warsh ha renunciado a una de sus creencias, los tipos de interés altos, en orden a satisfacer la exigencia de Trump, quien intentó en vano doblegar a Jerome Powell
¿Quién es un halcón monetario? El partidario de una política monetaria restrictiva —inversa de la expansiva—, constreñir la cantidad de dinero en circulación, y por tanto el crédito, a fin de enfriar la economía. Y así, reducir la inflación.
Para lograrlo, el buen halcón defiende tres orientaciones. Una, automática, es aumentar los tipos de interés, desincentivando el endeudamiento. Dos, reducir el tamaño del balance del banco central: su tenencia de activos, públicos (bonos, letras…) y privados (acciones de grandes empresas), adquiridos en fases de “expansión cuantitativa” como palanca para estimular la economía en coyunturas asténicas. Y tres: aplicar todo el empeño en rebajar la inflación, sin reparar en que provoque deflación, y con ella, estancamiento económico y desempleo a granel.
Además, al halcón le fascina desregular la banca, suprimir controles y relajar la supervisión, aun a costa de abrir paso a crisis financieras como la de las hipotecas subprime (de baja o nula calidad)que desembocó en 2008 en la Gran Recesión.
Un operador financiero privado de ese catecismo alcanzará la semana próxima la presidencia de la Reserva Federal, si como se prevé, el lunes el Senado le da su voto final. A diferencia del actual presidente, Jerome Powell, un republicano moderado tendente al consenso; el aspirante, Kevin Warsh (de 56 años), es un trumpista radical. Accedió a la junta de gobernadores con George Bush (2006-2011), fustigó a Ben Bernnake, y amasó una fortunita cercana a los 200 millones de dólares (unas cuatro veces la del abogado Powell), interviniendo en grandes operaciones de Wall Street. Fue estrecho asesor de Trump en su primer mandato. Y como los pobres siempre se juntan, casó con Jane Lauder, heredera del imperio cosmético Estée Lauder.
Para acceder al mando de la Fed, Warsh ha renunciado a una de sus creencias, los tipos de interés altos, en orden a satisfacer la exigencia de Trump, quien intentó en vano doblegar a Powell (también designado por él, en su primer mandato). En aplicación de la doctrina Groucho Marx (“estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”), el candidato las cambia en favor de lo inverso: un descenso tajante (y no homeopático, como el de Powell) de los tipos.
Otra cosa es que pueda en efecto aplicar esa rebaja sustancial. Pues la política fiscal interna (déficit), y externa (aranceles) de Trump fabrica inflación persistente y creciente, lo que requeriría subidas. Y porque debe concitar consenso, ya que esas decisiones “las votan 12 gobernadores, y él solo cuenta con un voto”, como ha subrayado Jesús Sérvulo González (Cinco Días, 5/2/2026). Y porque la Fed no habita el vacío, sus actos impactan a los demás bancos centrales: una reducción excesiva encarece las otras monedas y erosiona la competitividad de las otras economías.
También le será arduo achicar el tamaño del balance de la Fed. Powell lo recibió a 4,5 billones de dólares, quiso rebajarlo a 2,5/3 billones, y se lo deja en 6,7 billones. Cuidado que eso es la Fed y no el circo de la Casa Blanca.
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