Las palabras de Masud Pezeshkian reavivan los rumores sobre el estado de Mojtaba Jamenei, que se mantiene el silencio en torno a EE UU y el acuerdo con Omán para controlar el estrecho de Ormuz Las palabras de Masud Pezeshkian reavivan los rumores sobre el estado de Mojtaba Jamenei, que se mantiene el silencio en torno a EE UU y el acuerdo con Omán para controlar el estrecho de Ormuz
Las teorías sobre el estado del Líder Supremo de Irán se han reavivado después de que el presidente del país, Masud Pezeshkian, haya reconocido que … comunicarse con él es «muy difícil en este momento». Supuestamente malherido y escondido en un búnker, Mojtaba Jamenei no ha sido visto en una sola ocasión desde el inicio de la guerra el pasado 28 de febrero. La CIA y los servicios secretos israelíes han dado «total prioridad» a su búsqueda, pero el misterio se mantiene. Salvo por las declaraciones del régimen, no hay un solo indicio material comprobable de que continúe con vida.
«Es muy difícil comunicarse con él en este momento, pero, en cualquier caso, su presencia es una fuente de fuerza muy grande para nosotros que nos permite seguir adelante», afirmó Pezeshkian durante un discurso en televisión que ha puesto en alerta a la comunidad internacional y a un amplio sector de iraníes, que ya se preguntaban por qué su máxima autoridad no se ha pronunciado sobre la reciente política de palo y zanahoria de Donald Trump o el acuerdo que Teherán prevé cerrar de modo inminente con Omán para controlar el estrecho de Ormuz.
Jamenei divulga sus mensajes siempre mediante intermediarios y en papel. La Guardia Revolucionaria justifica que no grabe audios para prevenir cualquier rastreo del Mosad o de la CIA. En veinte semanas tampoco ha utilizado un móvil o un ordenador. La población se había acostumbrado a que un fantasma les dirigiese, pero el ominoso silencio de los últimos días parece dejar un poso de sorpresa. Mientras en el Gobierno de Teherán se habla del inminente pacto para controlar el canal navegable como un «enorme éxito» frente a Estados Unidos, el clérigo no ha dicho una palabra al respecto desde finales de abril. Y eso que entonces anunció que el dominio de Ormuz abriría un «nuevo capítulo» en la historia de Irán.
Jamenei sufrió lesiones muy graves durante el bombardeo del palacio presidencial en febrero que mató a su padre y parte de su familia. La versión oficial afirma que el Líder Supremo padeció heridas menos importantes de lo que aseguraban EE UU e Israel y que no aparecía en público por motivos de seguridad. Ni siquiera asistió el mes pasado al funeral de su padre. La Guardia Revolucionaria se lo prohibió aparentemente para no ser objeto de un ataque selectivo de sus adversarios.
Pero las palabras de Pezeshkian han dejado el ambiente cargado de incertidumbres. Algunos medios disidentes sugerían ayer que quizá Jamenei esté en pleno proceso de recuperación de una intervención quirúrgica, su salud haya empeorado o que finalmente sucumbiera a sus heridas. El presidente iraní trató de resolver el entuerto y señaló que ha mantenido varias reuniones con el Líder Supremo, aunque corren informes de que solo se han entrevistado en una ocasión y a oscuras, de modo que no pudo comprobar la identidad de su interlocutor.
Con o sin su intervención, lo cierto es que Teherán se apresura en su carrera por reabrir el estrecho bajo su control. Fuentes persas calculan que el acuerdo con Omán podría firmarse hoy. El entendimiento supone que Irán controlará el tráfico de entrada de los barcos a Ormuz, mientras el sultanato dirigirá el de salida. Al parecer, los persas prevén cobrar un tasa del 7% de la carga a los buques y los omaníes, un 3%. EE UU, sin embargo, ha dicho que no habrá gravamen alguno. De lo que se resuelva en el estrecho depende el establecimiento de una tregua de 60 días para negociar la paz.
Al galimatías se une la posición de las navieras, que ayer trasladaron a la ONU su rechazo a la pretensión de la república islámica de cobrar «un peaje». Algunas compañías especificaron además que la navegación no se trata solo de voluntades, sino de seguros, y que no cruzarán el estrecho mientras EE UU no se encargue de la protección de los barcos y exista una «seguridad garantizada».
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