Petroleros cargados y sin comprador: el ángulo ciego que pone en el mapa el cierre de Ormuz

El mundo energético es otro desde hace dos meses. El mercado del crudo ha pasado de un excedente sustancial, que obligaba al cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a mantener a raya sus propios bombeos para evitar que los precios cayesen, a una situación de lo más crítica: de la noche a la mañana, con el cierre del estrecho de Ormuz, ha desaparecido casi un quinto de la producción mundial. Prácticamente la mitad de esa cantidad se ha compensado, tanto por el aumento de los envíos a través de los pocos oleoductos que conectan los países del golfo Pérsico con el exterior como por los aún incipientes aumentos de producción en colosos fósiles ajenos a esa región. Pero el faltante sigue siendo enorme.

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 Los países del Golfo cargan crudo en barcos en altamar ante la saturación de sus depósitos terrestres mientras la escasez crece entre los importadores  

El mundo energético es otro desde hace dos meses. El mercado del crudo ha pasado de un excedente sustancial, que obligaba al cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a mantener a raya sus propios bombeos para evitar que los precios cayesen, a una situación de lo más crítica: de la noche a la mañana, con el cierre del estrecho de Ormuz, ha desaparecido casi un quinto de la producción mundial. Prácticamente la mitad de esa cantidad se ha compensado, tanto por el aumento de los envíos a través de los pocos oleoductos que conectan los países del golfo Pérsico con el exterior como por los aún incipientes aumentos de producción en colosos fósiles ajenos a esa región. Pero el faltante sigue siendo enorme.

Cada barril cuenta ante esta súbita escasez, que ha disparado el precio del crudo hasta cifras que no se veían desde la invasión rusa de Ucrania, en 2022. Pero no siempre fue así. El mercado petrolero tiene incluso un término para las cargas que no encontraban comprador: reservas flotantes. Son buques llenos y listos para las entregas pero sin destino claro, ya fuera porque no había cliente inmediato, porque el vendedor esperaba mejores precios o simplemente por cuellos de botella logísticos. Podían llegar a pasar hasta una semana seguida, a veces más, sin moverse. Con el ancla echada.

En condiciones normales, como antes de que el pasado 28 de febrero Estados Unidos e Israel declarasen la guerra a Irán, estos petroleros son una parte marginal del mercado: transportan apenas un centenar de millones de barriles, lo justo para cubrir un día de la demanda mundial. Ahora, sin embargo, con el mercado patas arriba y crecientes dificultades de los países importadores para abastecer sus refinerías, las reservas flotantes han pasado a desempeñar un doble papel fundamental.

Por un lado, los países del Golfo siguen cargando buques pese al cierre del estrecho de Ormuz, en gran medida para liberar lo que siguen bombeando, lo que engrosa estos inventarios a la espera de un acuerdo entre Washington y Teherán que no termina de llegar. Las reservas flotantes en la región, incluido el crudo iraní ―un país que, tras el doble cerco estadounidense del estrecho, se las ve y se las desea para almacenar lo que extrae y no vende: sus depósitos terrestres empiezan a estar casi completamente llenos―, casi se han triplicado en dos meses de bloqueo, hasta superar los 130 millones de barriles, según datos facilitados a EL PAÍS por la firma especializada Kpler.

Por otro lado, fuera del estrecho el petróleo que antes nadie quería encuentra compradores con mucha mayor facilidad: un carguero repleto de crudo tiene hoy un valor exponencialmente más alto que a principios de año. Con la guerra contra Irán entrando en su tercer mes, los inventarios se han reducido ya en un 15% en el resto del mundo, de acuerdo con las cifras de Kpler.

“En esta crisis, las reservas se han convertido en el principal mecanismo de ajuste del mercado”, escribe Natasha Kaneva, jefa de estrategia de materias primas del banco estadounidense de inversión JP Morgan, en un reciente análisis para clientes. “A diferencia de una perturbación típica, en la que la capacidad de producción sobrante puede movilizarse con rapidez, la localización del shock [Oriente Próximo] y la magnitud de las pérdidas actuales de suministro hacen que el ajuste tenga que proceder de los barriles ya almacenados. Dicho de forma sencilla, las existencias están actuando como el amortiguador del sistema petrolero mundial». Un colchón que, sin embargo, tiene límites.

Gráfico de área

El descenso más llamativo se registra en África Occidental, donde el crudo sin comprador ha caído a la mitad desde el cerrojazo sobre Ormuz. El petróleo ruso, ahora liberado de las sanciones estadounidenses para amortiguar el impacto sobre el precio ―lo único que le importa a Donald Trump, que teme que su electorado le dé la espalda en las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán el próximo 3 de noviembre―, recorta sus reservas flotantes en una cuarta parte, revirtiendo la tendencia alcista de los meses anteriores. Ese dato permite inferir algo con claridad: en tiempos de escasez, su petróleo, antes tóxico en Occidente, está encontrando fácilmente comprador.

Algo similar ocurre en América Latina, una de las regiones del mundo con mayores volúmenes de reservas flotantes. Tras varios meses al alza, una tendencia acentuada por el bloqueo estadounidense de Venezuela, a finales de 2025, el reciente cierre de Ormuz ha revertido por completo la tendencia: desde finales de febrero, el crudo cargado en barcos a la espera de cliente cae en un quinta parte.

Líneas múltiples

Crudo sin origen

Mientras el resto del mercado mengua, el crudo sin origen declarado se duplica hasta los 12 millones de barriles. Gran parte es petróleo legal que, por haberse mezclado o revendido varias veces, ha perdido su trazabilidad.

No obstante, una parte procede de lo que el mercado llama “la flota fantasma”. Son petroleros dedicados a evadir las sanciones internacionales al disfrazar petróleo de origen vetado, como el iraní, haciéndolo pasar por crudo de otra procedencia. En el caso del petróleo iraní, muchas veces se transborda a través de la frontera con Irak para hacerlo pasar por iraquí.

Uno de los pocos petroleros que había logrado cruzar Ormuz desde el inicio de la guerra fue el Kylo, un buque ya sancionado por EE UU y Reino Unido, entre otros países, tras haber transportado crudo iraní y ruso. Desde el inicio de la guerra, el Kylo no atravesó el estrecho solamente una vez sino dos. Entró al Golfo a finales de marzo, cargó en Irán y volvió a salir a la primera semana de abril. Este petrolero de una compañía con sede en las islas Marshall atracó en Singapur a finales de abril, con destino a China. Desde el pasado 28 de abril, no actualiza su posicionamiento.

15 millones de barriles de diésel en el mar

No toda la reserva flotante es de crudo. Los derivados ―productos ya refinados, listos para su consumo en automóviles, barcos, aviones o industria― ya suponen al menos el 15% de la carga en los petroleros listos para entrega. Kpler sigue la evolución de los inventarios de gasolina, diésel y combustible de aviación, tres carburantes clave para la economía mundial. Las reservas flotantes conjuntas han pasado de menos de 25 millones de barriles a unos 30 millones a cierre de abril, un impulso en el que tienen especial incidencia los buques retenidos en Oriente Próximo. Ninguna otra región muestra un incremento comparable.

El gasóleo es el derivado con mayor pesoen las reservas flotantes mundiales. Este producto supera los 15,5 millones de barriles almacenados en el mar, un 15% más que a principios de abril, aunque en la mayoría de las regiones ha caído. En Europa, el punto de partida era muy bajo, de apenas unos 200.000 barriles, lo que explica que se haya multiplicado por cuatro, hasta superar los 800.000. Todavía una gota en el océano en comparación con las docenas de millones de barriles en las grandes zonas de origen, como el mar Negro, Rusia y, sí, también el Golfo.

Columnas apiladas

Las reservas flotantes de gasolina, por su parte, rozaban los 14 millones de barriles a cierre de abril, un tercio más que al inicio de la guerra. Al contrario que el gasóleo, la gasolina partía de una base alta en Europa al inicio de la guerra.

La historia es distinta para el combustible de aviación, objeto de crecientes alertas por parte de la Agencia Internacional de Energía (AIE) ante las cancelaciones de vuelos ya anunciadas por todo el mundo y un riesgo de escasez cada vez mayor en Europa a partir del verano, cuando el consumo crece por la mayor actividad vacacional.

El queroseno nunca ha tenido mucho peso en las reservas flotantes: solía moverse apenas por encima del millón de barriles, mientras que el gasóleo y la gasolina solían superar los 10. Ahora, con el atasco en Ormuz, alcanza los 2,4 millones de barriles sobre el agua. En su mayoría, eso sí, dentro del Golfo y por tanto inaccesibles al mercado. Una joya guardada bajo doble candado. La gran duda ahora es si Trump y los ayatolás guardan o no copia de las llaves.

 Economía en EL PAÍS

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