Odiar a Messi, odiar a Arguiñano

A veces se me olvida que hay gente que odia visceralmente a Messi, gente adulta, personas que crían a sus hijos en comunión con el Señor y cenan pizza los domingos, casi como una persona normal. Sin embargo, en cuanto ven a Lionel aparecer por la puerta de chiqueros se transforman en algo parecido a ese señor —de nombre Juan Ramón Constante, por cierto— que baja cada día a tomarse un vino con mi padre en el chiringuito del puerto y no puede evitar ponerse hecho un basilisco en cuanto ve aparecer a Karlos Arguiñano en la pantalla de televisión. Pues sí que eres constante, Juan Ramón, suele canturrear el dueño del local mientras el otro insulta a medio pueblo vasco.

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 A los aficionados nos cuesta superar algunas de las derrotas infringidas, aunque lo que más molesta del futbolista argentino podría ser esa costumbre suya de resolver los partidos caminando mientras el resto del mundo debemos enfrentarnos a la vida al galope  

A veces se me olvida que hay gente que odia visceralmente a Messi, gente adulta, personas que crían a sus hijos en comunión con el Señor y cenan pizza los domingos, casi como una persona normal. Sin embargo, en cuanto ven a Lionel aparecer por la puerta de chiqueros se transforman en algo parecido a ese señor —de nombre Juan Ramón Constante, por cierto— que baja cada día a tomarse un vino con mi padre en el chiringuito del puerto y no puede evitar ponerse hecho un basilisco en cuanto ve aparecer a Karlos Arguiñano en la pantalla de televisión. Pues sí que eres constante, Juan Ramón, suele canturrear el dueño del local mientras el otro insulta a medio pueblo vasco.

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